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Las dura guerra contra los consumidores de drogas en Indonesia está propagando el VIH

La agresiva criminalización del consumo de drogas en el país — poseer agujas limpias puede ser razón suficiente para ser encarcelado — está obstaculizando los esfuerzos para prevenir la propagación del Sida entre los usuarios de drogas intravenosas.
Imagen por Jonathan Vit/VICE News
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Mira Febriyanti lleva sobre los hombros una mochila llena de jeringuillas mientras pisa el suelo lleno de basura. A lo lejos, el humo blanco provocado por la quema de basura se entremezcla con la lluvia de la tarde.

La capital indonesia de Yakarta está llena de tugurios aislados de las mansiones amuralladas, los apartamentos de estilo Occidental, y los centros comerciales construidos para la clase más adinerada de la ciudad. En algunas de estas comunidades marginales, las industrias están tan presentes que el barrio entero respira el aire de una ciudad industrial. En Muara Angke, los mejillones cosechados en las aguas contaminadas de la Bahía de Yakarta. En Mayestik, las resmas de tela de colores se venden en el mercado local.

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Aquí en Kampung Boncos, es la heroína.

"He conocido a gente de todas partes", dice Febriyanti sobre aquellos que acuden a la barriada por el tráfico de drogas. "Los distribuidores no solamente venden drogas durante el día; esto dura hasta la noche, incluso hasta el amanecer. Siempre hay alguien aquí que está listo para servirte".

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Febriyanti comenzó a trabajar aquí hace más de una década entregando agujas limpias para una organización de prevención del VIH/SIDA llamada Kios Atma Jaya. Pero la primera vez que estuvo en Kampung Boncos fue por la misma razón por la que la mayoría de los extranjeros visitan el hacinado y pobre barrio del oeste de Yakarta: para comprar heroína. Eso fue a finales de los 90, cuando las agujas usadas se vendían por menos de 10 centavos de dólar y los cuerpos de los adictos eran abandonados en el vertedero, describe Febriyanti.

"La situación en Boncos no era como es hoy en día", dice.

Un pequeño grupo de consumidores de heroína que esperan bajo una flácida lona azul para cubrirse de la lluvia se acerca. Un hombre joven sostiene un gatito enérgico y sucio en su regazo, mientras que una mujer llamada Anastasya escucha a Febriyanti hablar.

"Fue muy malo", continúa Anastasya con la descripción que Febriyanti inició sobre el pasado reciente del barrio. "Las jeringuillas utilizadas estaban disponibles para el alquiler".

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Febriyanti abre su mochila y empieza a repartir paquetes de agujas estériles y alcohol médico. Anastasya toma asiento junto a una mujer mayor que lucha por encontrar una vena utilizable en el cuello con la ayuda de un espejo de bolsillo circular decorado con brillantes corazones azules.

Anastasya se inclina y toma la aguja.

"¿Aquí?" — pregunta, golpeando suavemente el cuello de la mujer antes de clavarle la aguja. La mujer se estremece mientras Anastasya mueve la jeringa, pero finalmente retira la aguja sin haber presionado el émbolo, incapaz de encontrar una vena.

Barrios como Kampung Boncos forman la primera línea en la lucha de Indonesia para frenar la propagación del VIH en un país donde las nuevas infecciones siguen creciendo a un ritmo alarmante. Se estima que el 54,4 por ciento de los consumidores de drogas intravenosas de Yakarta son VIH positivos, de acuerdo con cifras dadas a conocer por la Comisión Nacional de SIDA del país.

A nivel nacional, la cifra se reduce a un 36,4 por ciento, y durante años se mantuvo estable — uno de los pocos éxitos de Indonesia en su batalla para frenar la propagación del VIH. Pero los resultados de una encuesta publicada en 2013 revelaron un aparente aumento de nuevas infecciones entre los consumidores de drogas en tres de las ciudades de la provincia del interior Tangerang, Pontianak, y Yogyakarta. Constatando de esta forma el aumento de la preocupación de que los programas de prevención del VIH de Indonesia están empezando a resquebrajarse bajo la presión ciudadana de que las leyes de drogas son cada vez más duras.

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Mira Febriyanti. (Imagen por Jonathan Vit/VICE News)

"Esta es una tendencia preocupante", comenta Kah Sin Cho, directora de ONUSIDA en el país. "Durante mucho tiempo hemos pensado que la prevalencia del VIH entre usuarios de drogas había comenzado a disminuir, por lo que esto llega un poco de sorpresa".

Los expertos citan una serie de factores para explicar el aumento, incluyendo la decisión del gobierno central en 2007 de comenzar a centralizar la distribución de agujas limpias en los centros de salud pública conocidos como puskesmas. Fue un intento de reducir la dependencia del país de la financiación externa para los programas de reducción de daños, pero los usuarios de drogas quieren tener poca relación con los centros de salud.

"Tienen muy buenas intenciones", dice Cho. "Pero parte del problema con la distribución de agujas en los puskesmas es que los usuarios de drogas tienen que ir a los puskesmas … y el personal de salud no es percibido como muy amable y simpático con los usuarios de drogas".

Organizaciones como Kios están tratando de llenar el vacío mediante la recopilación de jeringuillas limpias de los centros y su posterior distribución. Sin embargo, en algunas ciudades, pueden acabar en la cárcel.

"Aquí tenemos una herramienta muy eficaz para reducir la transmisión del VIH entre usuarios de drogas", afirma Cho, "pero al mismo tiempo, la gente duda de llevar las agujas a todas partes, porque saben que van a estar sujetos a arrestos si son descubiertos con en posesión de ellas".

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Indonesia sufrió un incremento del 427 por ciento en las muertes relacionadas con el sida reportadas entre 2005 y 2013, según ONUSIDA. En comparación, durante ese mismo período, las muertes relacionadas por el sida se redujeron un 56 por ciento en Tailandia.

En 2014, ONUSIDA (la agencia de Naciones Unidas para combatir el VIH) advirtió al gobierno de Indonesia que el país estaba "quedándose atrás" en la lucha para contener el virus después de que investigadores descubrieron un aumento del 48 por ciento de nuevas infecciones. El entonces ministro de Salud de Indonesia Nafsiah Mboi respondió diciendo que ONUSIDA carecía de una correcta comprensión del país.

Actualmente, el Ministerio de Salud está ampliando los programas de pruebas de VIH, una tarea hercúlea en un país de 250 millones de personas que viven en 13.000 islas distribuidas en una superficie más o menos tan amplia como la de Estados Unidos. Mientras as instalaciones para pruebas del VIH abren sus puertas, los funcionarios de salud descubren rutinariamente nuevas poblaciones acosadas por el virus. En la remota región de Papúa, por ejemplo, el gobierno ha tenido problemas para contener una epidemia aislada donde las tasas de infección han subido 200 veces sobre la media nacional, que afecta a un estimado de 86.000, según ONUSIDA.

El ministro de Salud actual del país, Nila Moeloek, está promoviendo la abstinencia y el uso del condón como barreras efectivas a la transmisión del VIH — pero todavía tiene que abordar de forma directa el aumento de nuevas infecciones entre los consumidores de drogas.

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El presidente Joko Widodo ha endurecido aun más las ya de por sí duras leyes de drogas del país desde que asumió el cargo el año pasado, declarando que la nación se enfrenta a una "emergencia de drogas" antes de reanudar las ejecuciones a narcotraficantes condenados. En su primer año en el cargo, Widodo ordenó la ejecución de 14 personas, la mayoría de ellos extranjeros, por delitos de tráfico de drogas. Las ejecuciones por drogas en el país han quedado en suspenso actualmente ya que el gobierno se ha centrado en impulsar el lento crecimiento económico de Indonesia.

Widodo dice que cerca de 50 personas mueren por el consumo de drogas en Indonesia cada día y ha advertido que hasta 18.000 personas podrían morir antes de fin de año. Estas cifras se han dado por ciertas en repetidas ocaciones en los medios de comunicación nacionales, a pesar que las pruebas presentadas por académicos demuestran que los números de Widodo son exagerados.

El presidente también ordenó a la Agencia Nacional de Estupefacientes (BNN) aumentar drásticamente el número de participantes en los programas de rehabilitación del país. La agencia quiere tener 400.000 personas en rehabilitación por drogas en 2017, y en última instancia, la BNN quiere obligar a todos los consumidores de drogas en Indonesia, desde fumadores de marihuana recreativa hasta adictos a la heroína de larga data, a someterse al tratamiento.

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"En Indonesia hay 4 millones de adictos a las drogas", dijo el portavoz del BNN a principios de este año. "Así que si rehabilitamos 400.000 adictos al año, en 10 años concluiremos nuestro trabajo".

La BNN ha estado llevando a cabo redadas en mercados de drogas callejeros, hogares privados, habitaciones de hotel, e incluso edificios enteros, obligando a los residentes a presentar muestras de orina en un intento por cumplir con la cuota presidencial de 100.000 nuevos pacientes para los centros de tratamiento de drogas para el final de 2015.

Mientras tanto, el nuevo jefe de la BNN sigue reflotando ideas controvertidas, como un plan para construir una prisión en una isla para los narcotraficantes que esté rodeada de cocodrilos, tigres y pirañas.

Organizaciones de reducción de daños advierten que el tipo de política persecutoria agresiva que ha instaurado Widodo puede socavar aún más la lucha del país contra el VIH — algo que ya está sucediendo en la ciudad de Tangerang.

El área metropolitana de Yakarta es una agrupación geográfica de cinco ciudades y sus barrios asociados que hace de hogar de unas 30 millones de personas. Los indonesios llaman a este área metropolitana "Jabodetabek", un acrónimo de los nombres de las ciudades más grandes que se expanden en los suburbios de la capital. Tangerang, una de esas ciudades, es el centro de fabricación de Java, localización de más de 1.000 fábricas que hacen de todo, desde hilo hasta Toyotas.

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Alrededor de 2 millones de personas viven en Tangerang, donde las tasas de VIH entre los consumidores de drogas intravenosas están en aumento. La ciudad no tiene mercados de drogas al aire libre como Yakarta, ya que, según afirman los lugareños, los residentes conservadores de la ciudad y la estricta policía no lo permiten. Así que los consumidores de heroína ciajan en taxi hasta otros barrios, como Kampung Boncos, ubicado a unos 30 minutos.

Kios dirige una oficina en Tangerang, en una tranquila zona residencial junto una de las carreteras principales. Un cartel blanco cuelga sobre la puerta principal informando a los visitantes en letras rosadas que el modesto lugar es un "Centro de Información y Servicio de VIH-SIDA". Un hombre llamado Afriano recibe a los visitantes en pantalones vaqueros y una camiseta gris oscuro.

"¿Si es seguro para los consumidores de drogas que buscan tener jeringuillas limpias.? Por supuesto que no — aun tienen que lidiar con la policía", afirma Afriano. "Incluso en varias clínicas que ofrecen metadona a los consumidores de drogas estos son detenidos por la policía para ser interrogados".

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La policía en Tangerang es aun menos tolerante que la de la capital, dice, por lo que el temor de ser descubierto con drogas o una aguja es bastante alto. Aún así, el gobierno de Tangerang permite a Kios operar. A pocos kilómetros de distancia, en la ciudad de South Tangerang, el programa de intercambio de agujas está prohibido por completo.

"Estas políticas son una de las razones por las cuales el VIH aumentó aquí", expresa Afriano. "Si hay dificultades para encontrar agujas, [los consumidores de heroína] comparten las agujas que tienen. No les importa qué tipo de enfermedades puedan contagiarse. Lo único en lo que piensan es, 'quiero colocarme. Tengo mi bolsita. Quiero inyectarme'".

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