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En Imágenes: dentro del 'ghetto del amianto' en Nápoles

El terremoto de 1980 en el sur de Italia mató a 3.000 personas y dejó a 280.000 sin casa. 35 años después, muchas de ellas siguen viviendo en viviendas temporales: cajas de metal forradas de un material mortífero.
1.2.16
Photo de Paolo Manzo/VICE News
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Mario vive en las afueras de Nápoles, Italia, en una caja de metal que parece un contenedor, el uso que ha tenido durante décadas. Pero no es un vagabundo. Legalmente, posee una casa: la que tiene ahora es la que le concedieron las autoridades después de que la suya fuera destruida en un terremoto de 1980 que azotó esta región sureña de Italia, matando a 3.000 personas y dejando a 280.000 sin vivienda.

Como muchos residentes Mario — que prefiere no dar a conocer su apellido vive en este — es uno de los llamados "invisibles" , gente que ha sido olvidada por parte de la administración después de haberles ofrecido estos contenedores hechos de amianto. Él se mudó temporalmente a un piso al lado de Barra, pero luego le dijeron que tenía que vivir en estos contenedores como todos los afectados por el terremoto. Estaban pensados como una solución temporal. De eso hace 18 años.

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"Me dijeron que vendrían en unos meses", relata. "Aún estoy esperando".

Ponticelli, donde Mario vive, está en la parte este de las afueras de la ciudad de Nápoles, un páramo social y económico dejado de la mano de Dios debido al ocaso de la industria local. Compañías italianas como el fabricante de coches Fiat o ña empresa de alimentación Cirio cerraron sus fábricas que durante años fueron una importante fuente de empleo en la zona y, Ponticelli, como el resto de la zona este de los suburbios de esta ciudad cayó en una crisis aguda.

Entre las calles repletas de basura, aún hay unas 300 personas víctimas del terremoto que viven en 18 contenedores, lo que la gente conoce como bibiann en el dialecto local— frío durante el invierno, sofocante durante y originalmente destinado a la construcción e vivienda social para reubicar a personas con falta de recursos.

Pero no todo el mundo de Barra tuvo esa suerte. A muchos los asignaron viviendas en nuevos proyectos de construcción mientras que a otros como Mario les ofrecieron los contenedores. Muchos de estos proyectos fueron derribados entre 2003 y 2011, salvo la sección llamada "Via Fuortes ghetto" que lleva el mismo nombre de la calle principal donde las viviendas aún están en pie. Hoy esta zona se ha convertido en un símbolo de la decadencia provocada por la ineptitud del gobierno el crimen organizado y la crisis económica.

El fotógrafo Paolo Manzo conoce este lugar mejor que nadie. Ha estado tomando fotos durante años. Se acercó a la zona interesado para fotografiar los contenedores pero luego se adentró en las estrechas callejuelas y sus desvencijados edificios..

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"Empecé a conocer gente, empecé a entender cómo era allí la vida", explica a VICE News. "Al principio, levantaba suspicacias pero luego, con el tiempo, la gente empezó a confiar en mí".

Le pedimos que nos acompañara a visitar el lugar.

Era sorprendente como la gente sobrevivía allí. Las condiciones sanitarias eran deplorables, con las cañerías rotas y las cloacas abiertas.

El fuerte hedor que se hacía más intenso a medida que llegábamos al centro del barrio. La ennegrecida caja de control eléctrica estaba claramente sobrecargada, con cientos de chispas cayendo encima de cada uno de los rincones del gueto, como una lluvia eléctrica que se entrecruzaba.

Sus residentes han tratado de mejorar sus casas para que sean más acogedoras con televisiones, muebles y objetos ornamentales. Pero las paredes están muy erosionadas.

Sin embargo, lo más invisible, el amianto de los contenedores, es lo más peligroso. Antes de que su uso fuera prohibido en 1990, el amianto fue un material ampliamente usado debido a la propensión que tiene a retener el calor. "Hasta ahora, el amianto no ha tenido efectos adversos, pero ya veremos lo que pasa", dice Mario. Tiene cinco hijos, uno de ellos tiene un retraso mental.

La gente dice que el cáncer es la causa más común de muerte entre la población del gueto. La última víctima fue una mujer que murió el año pasado. Pero no hay datos oficiales al respecto, un signo de la negligencia de las autoridades.

"Via Fuortes no es solo un problema social, también es un problema para el medio ambiente y la salud pública", dice Roberto Braibanti, un funcionario del partido de izquierdas SEL, que ha estado haciendo presión durante años para que se acabe con le gueto de los contenedores vivienda y se realoja a sus habitantes en pisos más seguros.

El amianto, explica, es el elemento más peligroso de este ciclo por la posibilidad de que estos contenedores de desmoronen. No es peligroso solo para los que viven allí sino también para los que viven cerca y menos cerca debido a los invisibles nubes de amianto que podrían propagar este polvo tan peligroso.

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Pero a algunos no les importa vivir en este agujero.

Según las pocas familias italianas que quedan en el ghetto, a los inmigrantes no les acarrea ningún problema vivir en Via Fuortes. De hecho, para algunos, es una gran idea.

"Muchos de ellos son ilegales, y un sitio como este les permite permanecer invisibles", sostiene Mario.

Además de la suya, sólo hay nueve familias italianas más — no son todas las víctimas del terremoto.

La policía francesa desaloja a 400 inmigrantes del suburbio más grande de París. Leer más aquí.

Hoy el vecindario es un mosaico de culturas y etnias: albaneses, kosovares, serbios, asiáticos y africanos viven en sus propias hileras de casas contenedores, dibujando un mapa en miniatura del mundo. Mientras que muchos de los adultos ignoran a las personas de otras nacionalidades, excepto cuando ocasionalmente se precisa ayuda en el vecindario, los niños están verdaderamente integrados, jugando juntos sin divisiones culturales.

Ha habido tensiones entre los grupos étnicos en el pasado, pero estaban concentradas, sobretodo, entre serbios y kosovares, en unas viviendas apiñadas y que ya fueron demolidas en 2003. "Había disparos y peleas constantes. La situación era insoportable", recuerda Andrea, un joven napolitano que viene regularmente al vecindario a visitar a su pareja, que es vecina de la zona.

Ella no es una residente legal, como la mayoría de los que viven en el suburbio. De hecho, a pesar de que las viviendas contenedor fueron levantadas para que los afectados del terremoto vivieran ahí, otras personas se han mudado en el vecindario. A medida que las familias que vivían ahí originariamente empezaran a marcharse, los contenedores debían ser demolidos.

No está claro quienes administran este pequeño negocio, pero Braibanti cree que la Camorra, la mafia napolitana, está implicada en ello. "Este tipo de actividad está normalmente vinculada al crimen organizado", asegura. "Aunque nadie puede probarlo".

Pero nadie gana toneladas de dinero con los residentes de Via Fuortes. El paro es la norma, y los alquileres son extremadamente baratos. Muchos se quedan ahí a vivir, con o sin amianto, por ello.

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"Algunas familias se han habituado a esto", opina Manzo. "Se aprovechan de ello y dejan de pelear".

Rosaria, de 47 años, ha vivido en Via Fuortes los últimos 17. Sobre ella pende una sentencia suspendida de un año de reclusión por no pagar la factura de la luz, y teme que la policía se presente algún día para llevársela a la cárcel. Pero también teme ser transferida a un proyecto de alojamiento: "No sé si podría sobrevivir ahí, con los impuestos y otros gastos. Estoy desempleada y no me queda nada".

Algunas personas vienen cómo vía temporal para ahorrar dinero: un hombre desvalija coches y vende sus partes, otros venden drogas. Los hay que dicen que se prostituyen con los hombres residentes, pues algunos tienen trabajo. Mario conduce vehículos comerciales, por ejemplo.

El único punto de encuentro es un café y, de acuerdo a Braibanti, este es, exactamente, el problema de Nápoles. "Las casas contenedor no son el único desastre social en el área. Muchos otros edificios levantados después del terremoto tienen problemas similares", asegura. "No hay ninguna oportunidad para reunirse en esos vecindarios. No hay ni servicios ni oportunidades".

Las autoridades sólo se dejan ver por ahí en período electoral. "Políticos, inspectores de sanidad y trabajadores sólo aparecen antes de elecciones, entonces desaparecen hasta la siguiente", explica el hombre que se hace llamar Andrea y que es uno de los pocos con empleo, en su caso, de cocinero de pizza.

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El año pasado, el primer ministro Matteo Renzi se dejó ver en Ponticelli. Visitó una fábrica de helicópteros, dio una vuelta en el hospital del Mare, que el reconocido arquitecto Renzo Piano ayudó a diseñar, y después volvió a Roma.

"El primer ministro no se atrevió a dar un vistazo a los problemas reales de la zona, como las casas contenedor", afirma Braibanti. "Sacar estos problemas a la luz obligará al Gobierno a dar respuestas".

Todas los imágenes por Paolo Manzo/VICE News 

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