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Cultura

'Era más fácil ser periodista en Afganistán que en el despacho de director'​: hablamos con David Jiménez

El exdirector de 'El Mundo' publica 'El director', un libro en el que habla de las relaciones entre el poder económico, el político y la prensa.

por Ana Iris Simón
07 Mayo 2019, 4:00am

Imagen vía Libros del KO.

Que las cloacas del Estado no eran solamente parte de la leyenda negra sino una constante en los gobiernos de nuestro país es algo que muchos venían sospechando, pero fue necesario el Caso Villarejo para confirmarlo. Que las grandes empresas periodísticas compadreaban —y compadrean— con las élites políticas y financieras, que condicionan y compran no solo las páginas de publicidad también era vox populi, pero hizo falta que David Jiménez publicara El director (Libros del KO) para que nos lleváramos las manos a la cabeza.

En 2015, tras más de quince años de corresponsalías en Asia y una beca Harvard, Jiménez aterrizó en la dirección de El Mundo con el fin de reformar una redacción herida por varios ERES. Duró 367 días y 366 portadas: una de ellas no llegó a salir por otro expediente de regulación de empleo. Lo que narra en El Director fue lo que vio y vivió durante ese año, desde su encuentro con el Rey hasta las preguntas del gobierno en aquel momento —"¿Podemos contar con vosotros?", le dijo Fernández Díaz—, pasando por las presiones de los empresarios del IBEX por blanquear sus prácticas a base de inversiones publicitarias infladas (los denominados "Acuerdos").


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VICE: Lo has hecho con el público generalista con El director, pero, ¿cómo le explicaría a un niño la manera en que funcionan a día de hoy los grandes medios tradicionales en nuestro país?
David Jiménez: Le diría que es como si a él, a ese niño, su profesor le encarga un trabajo sobre el IBEX, pero le dice: "No menciones a ninguna de las grandes empresas, habla bien de sus directivos y no olvides que la reforma del campo de fútbol la han pagado ellos y les debemos un favor". La prensa tradicional de este país ha vivido desde hace mucho tiempo de favores. Por una parte del IBEX, que les da más dinero del que les corresponde por audiencia a cambio de un tratamiento amable. Y por otro de los poderes públicos, que entregan licencias de radio y TV, publicidad institucional y otras prebendas a cambio de lo mismo, protección frente a un periodismo incómodo. Hay excepciones, pero es un sistema en el que la mayoría de los medios del país están atrapados.

Una de las claves para entender el libro y la relación de la prensa con los poderes políticos y económicos son "Los acuerdos". ¿Qué son? ¿Se puede renunciar a ellos y seguir siendo solvente como empresa periodística?
Son los pactos por los que el IBEX entrega a la prensa más dinero del que le corresponde según su audiencia, a cambio de coberturas amables y protección para sus directivos. Sin esos acuerdos, los diarios habrían cerrado durante la crisis. La prensa está enganchada a Los Acuerdos como los adictos a su droga. La única manera de renunciar a ellos sería tener suficientes suscriptores para que paguen tu periodismo y las nóminas de tus reporteros. Y eso, a día de hoy, no sucede.

"No es lo mismo fabricar lavadoras que periódicos. Si no quieres encrucijadas morales, dedícate a lo primero"

¿La falta de independencia de los medios es consecuencia directa de que la propiedad de los mismos esté en manos de empresas privadas? Es decir, el fin último de una empresa es, por definición, el beneficio económico. Y la rentabilidad se consigue, a día de hoy, gracias al dinero de otras empresas, o bien mediante publicidad o estrategias extrapublicitarias como "Los acuerdos".
Es legítimo querer tener un medio rentable. Y creo que medios públicos y privados deben combinarse en una sociedad democrática. El problema es cuando los medios están en manos de empresarios que no entienden que, aparte de ganar dinero, tienen una responsabilidad. No es lo mismo fabricar lavadoras que periódicos. Si no quieres encrucijadas morales, dedícate a lo primero. Si decides hacer periodismo, privado o público, estás sujeto a obligaciones, porque lo que produces tiene consecuencias para la sociedad.

Pero, ¿en el momento en el que un medio acepta publicidad, ya sea institucional o de capital privado, su independencia se ve necesariamente afectada?
Es muy difícil ser independiente si dependes de la publicidad o de los favores de un Gobierno. Solo los medios que viven de sus lectores pueden ignorar al poder. La publicidad siempre será importante, pero si dependes del IBEX para pagar las nóminas de tus periodistas, lo normal es que mires a otro lado en vez de investigar sus actividades.

¿Fue entonces un error empezar a ofrecer contenido gratuito?
Entregar nuestro contenido gratis fue un desastre. Ahora queremos revertir la situación, pero es difícil porque la gente ha asumido que la información es gratis. Pagan por ver una serie de Netflix, pero no por información de calidad. La calidad de nuestra prensa sería mucho mayor si cada lector que pone a parir a la prensa en redes pagara un euro al mes por una suscripción. La pregunta es si nos importa tener ese periodismo de calidad y la respuesta hasta ahora es que no lo suficiente.

"El poder económico protegía al poder político. El poder político protegía al poder económico. La prensa protegía al poder económico", dices. ¿Acaso no son todos uno? ¿En qué medida es culpable de esta unión el capital, necesario para el sustento de todos ellos e hilo conductor de sus relaciones a veces en forma de chantajes, prebendas o intercambios?
Tendemos a verlos como poderes independientes, pero funcionan como uno solo. Sus intereses son los mismos. El destino del país está en manos de un centenar de personas que dominan ese triunvirato de poder político, económico y mediático. Parece un estereotipo sobre el poder, pero es así. Yo cuento cómo funciona desde dentro, porque cuando eres director de un gran diario formas parte de ese establishment.

¿En qué momentos nos convertimos los periodistas en parte del sistema que debíamos vigilar? ¿Hubo un tiempo en el que no fue así?
Cuando llega la crisis, con miles de despidos y medios que no llegan a fin de mes, el poder huele su debilidad y aprieta aún más. Las presiones son más difíciles de resistir, porque si una gran empresa te quita la publicidad, o el Gobierno no te da una licencia de radio, no cumples el presupuesto. Si a eso le sumas que los grandes directivos y jefes ansiaban pertenecer al establishment, enriquecerse y tener también sus privilegios, el resultado es un sistema en con un doble enemigo hacia la libertad de prensa: el externo, con los poderes político y económico, y el interno con directivos que se alían con ellos.

"Me parecía más fácil cuando ejercía el oficio en Afganistán que en el despacho de director: sobre el terreno no te enfrentas a esos dilemas morales"

En el libro describes un episodio que tiene como protagonista a César Alierta: las presiones recibidas para no publicar que su familia era propietaria del hotel de Rodrigo Rato en Berlín. Todo ello con la sombra de un ERE flotando sobre el periódico, por lo que la inversión de Telefónica en El Mundo era casi necesaria para la redacción. ¿Cómo te sentiste entonces?
Las presiones más fáciles de soportar durante mi año como director fueron las de los políticos. Había tratado con dirigentes mucho más cabrones en países como China, Corea del Norte o Birmania. El poder económico, sin embargo, es más efectivo en sus presiones porque sabe que los diarios están en apuros y aprovecha tu fragilidad para tratar de doblegarte. La escena que mencionas es muy significativa porque lo que vienen a decirme es: si vas adelante con la historia, tus compañeros podrían ser despedidos y tú serás el responsable. Es un chantaje emocional, porque lo último que un director quiere es ver a compañeros despedidos. Lo digo en el libro, me parecía más fácil cuando ejercía el oficio en Afganistán que en el despacho de director: sobre el terreno no te enfrentas a esos dilemas morales.

El BBVA es uno de los bancos que destina dinero a ganarse a periodistas y a financiar a medios afines. También pagaban a Villarejo, que colaboraba con ellos. A ti te ofrecieron un "rescate" económico para El Mundo. ¿Era una manera de comprar tu silencio?
Volvemos a esa relación incestuosa entre medios, poder económico y cloacas. Villarejo tenía entre sus clientes a las grandes corporaciones del país. Cuando tenían un problema, lo llamaban para que lo solucionara. No es casualidad que la implicación del entonces presidente del BBVA, Francisco González, con Villarejo solo se haya conocido tras la jubilación del primero. ¿Por qué la prensa no informó de ello antes? Porque el banco mantenía el silencio sobre sus actividades a cambio de inversiones publicitarias y patrocinios que hacen que algunos capos del IBEX sean intocables. Nunca me ofrecieron directamente comprar mi silencio, porque Los Acuerdos no los negocian los directores, sino los directivos de las empresas. Pero fui testigo de cómo se cierran esos tratos.

"No son tiempos para la neutralidad" es una frase que te dijeron varios miembros del exgobierno de Rajoy, entre ellos Fernández Díaz. Viviste de cerca cómo funcionaban las cloacas, el boicot a Podemos... ¿por qué les temían tanto? "Van a por nosotros", decía Iglesias en su mitin de vuelta. ¿Es así?
Nadie duda de que hubo una operación desde el Gobierno de Mariano Rajoy para destruir a los adversarios del Partido Popular. Me ofrecieron en varias ocasiones informes falsos sobre Podemos. Es evidente que ni el periódico ni yo estábamos de acuerdo con muchas de las propuestas de ese partido, pero nuestra obligación era informar con rigor. Rechacé publicar las filtraciones, pero se publicaron en otros medios. Las cloacas del Estado no habrían podido operar sin la ayuda de periodistas. Y luego hay quién dice que no hay nada que denunciar en nuestro oficio. Hemos dejado que las cosas se pudran durante demasiado tiempo.

¿Hay salida? Le dedicas el libro a los futuros periodistas, pero, ¿qué pueden hacer ellos para arreglar este entuerto?
Doy un poco por perdida a mi generación y a la de mis mayores. Creo que tendrán que ser los que vienen por detrás los que cambien las cosas. Por eso dediqué el libro a los estudiantes de periodismo. Me gustaría que recibieran un golpe de realidad sobre el oficio y se dijeran: "Esto no puede ser, tenemos que hacer algo". Soy optimista, la gente viene con ganas a pesar de las dificultades y no creo que vayan a aceptar el estado de las cosas.

¿Qué te habría gustado saber a ti sobre el sistema de medios cuando estudiabas periodismo
Todo lo que trato en el libro. Salí con una visión romántica del oficio que quizá me sirvió bien durante mis años de corresponsal, pero que era demasiado inocente para el mundo que iba a encontrarme una vez ocupé la dirección de El Mundo. Quizá el libro ayude a que otros lleguen a esa posición con las lecciones mejor aprendidas.

Sigue a Ana Iris Simón en @anairissimon.

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