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COLOMBIA

Las razones por las que el 32 por ciento de los colombianos rechaza la paz

Muchos ciudadanos son escépticos e incluso contrarios al proceso de pacificación entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC. VICE News indagó los motivos y te los cuenta.
23.3.16
Imagen por EPA
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A Edwin Escobar le delata su dulce acento. Vive en Bogotá, pero es de Planeta Rica, en Córdoba, al norte de Colombia, una zona 'caliente' en todos los sentidos: temperaturas muy altas y sempiterna presencia de actores armados. A sus 17 años este joven estudiante universitario, delgado y con voz de locutor de radio, tiene las cosas claras.

Hace varios años torturaron y asesinaron a un tío suyo, y hace tan solo tres semanas le mataron a un primo, aunque la familia no sabe quién o quiénes fueron, y tampoco quieren indagar mucho. El miedo a las represalias en una constante en la región. "Hemos llegado a tomar esto como algo normal. Nos llenamos de tristeza y de rencor, pero no tomamos represalias ni acciones legales porque sabemos que no podemos luchar contra estos grupos", nos cuenta refiriéndose tanto a las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), como a los paramilitares y bandas criminales (bacrim) que operan por la zona.

'Puedo perdonar que uno quiera salirse de la vida guerrillera y ser otra persona, pero no voy a perdonar que le hayan quitado la vida a una persona que yo quise tanto'.

Es un escéptico del proceso de paz que desde septiembre de 2012 mantiene el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos con las FARC. Se debate entre la visión que cree que tiene que tener y lo que realmente siente. "En el fondo no estoy de acuerdo con que se le den tantos beneficios a las personas que me han quitado a mis familiares". Sabe que el perdón es necesario en todo proceso de negociación, pero es consciente de que el rencor y el dolor de muchas víctimas es muy fuerte. "Puedo perdonar que uno quiera salirse de la vida guerrillera y comenzar una camino nuevo y ser otra persona, pero no voy a perdonarles jamás que le hayan quitado la vida a una persona que yo quise tanto", afirma Edwin con contundencia.

"No es lógico perdonar a alguien que ni siquiera está pidiendo perdón, porque si no lo hacen, no tengo por qué perdonarlos" sentencia Carol González, que a sus 18 años sueña con volver a su pueblo, Machetá (en el centro del país) cuando acabe sus estudios, para construir otra realidad en la región. Ella es de Cundinamarca, un departamento que históricamente ha estado dominado por los guerrilleros de las FARC, y dice que justicia es poder subir las montañas más altas de su municipio sin tener miedo a que le pase algo.

'Yo sé que aunque a ellos se les meta en la cárcel, no nos van a devolver a nuestros seres queridos, pero es una forma de estar más tranquilos'.

Muchos de sus familiares han sido, y siguen siendo, extorsionados por las FARC, y pide al gobierno un proceso más justo, donde el perdón sea una parte indispensable, algo que les sirva a las víctimas para aliviar su dolor. "Yo sé que, aunque a ellos se les meta en la cárcel, no nos van a devolver a nuestros seres queridos, pero es una forma de estar más tranquilos, porque uno sabe que se hizo justicia".

¿Por qué Colombia corre el peligro de firmar una paz a medias? Nos lo cuenta un exguerrilleros. Leer más aquí.

Para Carol los rolos (que es como se conoce aquí a los bogotanos) nunca han estado tan cerca del conflicto, y piensa que para ellos es más fácil decir que este proceso es positivo, "porque no han tenido delante a un muerto, no saben lo que es el dolor, y así es más fácil perdonar".

A Jhon Ávila hacer el servicio militar en la Guardia Presidencial hace unos años le cambió su concepción del conflicto. "Una cosa es verlo como ciudadano y otra es hacerlo desde el punto de vista militar". Recuerda los cientos de atentados que se han cometido contra la fuerza pública colombiana y afirma que "la pasividad" de Santos ha reforzado a las FARC. "Me hubiese gustado que se siguiera con la exterminación de la subversión como cuando estaba (Álvaro) Uribe", dice este mensajero de 26 años, aunque sabe que esa vía también hubiese tenido unos costos humanos muy altos, porque afectaría a gente que no tiene nada que ver con esta guerra.

'Los bogotanos no han tenido delante a un muerto, no saben lo que es el dolor y así es más fácil perdonar'.

Humberto Barros es periodista y productor de televisión y nos cuenta su experiencia cubriendo orden público. "Yo vi cómo las FARC crearon pobreza, cómo secuestraron, cómo extorsionaron, cómo sumieron a muchas partes del país en el atraso. Las FARC no es un grupo que ha contribuido a hacer de Colombia un país mejor" nos explica.

Humberto habla desde su óptica de comunicador y dice que, aunque él está en contra de este proceso, "se puede llegar a una paz con las FARC, pero no puedes decirme que estás hablando de un grupo insurgente que no cometió crímenes y que ya todo va a quedar en el olvido". Critica que el gobierno de Santos no esté siendo claro con el tema de justicia transicional, ni con las condenas que van a tener que cumplir los miembros de esa guerrilla.

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Para él la paz no es imposible, pero este no es el proceso. Achaca a Santos que haya descuidado muchos otros aspectos del país, y cree que vamos a ver un gobierno que "va a terminar negociando casi todo lo que la guerrilla quiere". ¿La solución? "No hay que hacer tantas concesiones a un grupo que creó tanto dolor, tanta violencia y tanto atraso en Colombia, se trata de hacer las cosas un poco más justas. El gobierno no puede actuar en función de que le den un premio Nobel".

'Necesitamos este proceso de paz… que se unan a la vida civil, que es lo mejor que hay'.

Gilberto Barbas, campesino y agricultor de Norosí, Bolívar, en el Caribe colombiano, no está de acuerdo con ninguno de nuestros protagonistas anteriores. Fue desplazado dos veces, por las FARC y por los paramilitares. Es un hombre mayor que ha vivido siempre en la guerra, en medio de la guerra. La palabra que más enfatiza es tranquilidad, un concepto que no conoce. "No queremos que se repita lo que nos sucedió a nosotros. Ahora somos adultos mayores y ya no podemos correr. Necesitamos vivir un poquito más tranquilos". Como Gilberto muchas víctimas han mostrado públicamente su apoyo a esta negociación. "Necesitamos este proceso de paz" afirma este campesino, que también tiene un mensaje para la guerrilla: "que se unan a la vida civil, que es lo mejor que hay".

Las encuestas, la academia y este proceso de paz

En los últimos meses la aceptación del proceso de paz en Colombia ha descendido considerablemente. Según la última encuesta Gallup sobre este tema, de diciembre de 2015, los colombianos que le dirían "no" al supuesto plebiscito para ratificar las negociaciones a las que llegue el gobierno y las FARC. Este rechazo ha crecido del 18 por ciento al 32 por ciento. Pero el número de los que siguen dándole su confianza a Santos es mayor, un 52 por ciento, aunque ha llegado a ser de un 72 por ciento. Las críticas más contundentes proceden del expresidente Álvaro Uribe y su partido Centro Democrático. Pero no son los únicos.

'Tenemos informes de que el ELN, otra de las guerrillas colombianas, está empezando a reclutar a aquellos que no están de acuerdo con el proceso'.

¿Por qué decirle que no a esta paz? En la academia hay posturas irreconciliables. "Hay desconfianza en que el hecho de llegar a un acuerdo con las FARC sea la paz. La paz tiene que ser otra cosa" dice Santiago Castro, vicedecano de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda. Las razones que esgrime Castro para mostrar su desacuerdo con este proceso de paz son claras y van desde la escasa participación de la sociedad civil en este camino, a la posición que ha vuelto a tener esta guerrilla, convirtiéndose, según él, en un actor de la política nacional. "Hoy en día es legítimo validar la lucha armada de las guerrillas con lo que está pasando con las FARC, pero eso es un error de tacto por parte del gobierno. Las FARC han vuelto a ser un actor no solo del conflicto, sino de la política nacional y ahora todo se tiene que discutir en La Habana".

Santos reconoce que Colombia quizá no pueda firmar la paz en la fecha acordada. Leer más aquí.

Advierte de una situación que puede ser muy complicada. "Tenemos informes de que el Ejército de Liberación Nacional (ELN), otra de las guerrillas colombianas, está empezando a reclutar a aquellos que no están de acuerdo con el proceso. El ELN sigue muy activo. Por firmar la paz con las FARC vamos a tener otro actor que está diciendo: ustedes pueden firmar allá pero con nosotros no. Entonces va a ser una paz a medias".

El gobierno anunció que el postconflicto, en los próximos 10 años, iba a costar entre 90 y 100 billones de pesos colombianos (unos 38.000.000 dólares americanos), una cifra muy alta para el país. "No hay cómo pagar eso. El discurso de todo es por la paz se está llevando al traste la economía".

En el tema de la economía coincide plenamente Román Ortiz, analista de seguridad, quien afirma que este "es un proceso de paz con unos costos políticos, económicos y en justicia importantes, y que muchos colombianos ven que les va a proporcionar pocas ventajas reales".

Para Ortiz otro elemento preocupante es el crecimiento de cultivos ilícitos, desde que el gobierno decidió parar las fumigaciones. "Entre 2013 y 2014 el ouput calculado de cocaína en Colombia ha pasado de 290 toneladas a 440 toneladas, según cifras de la ONU. Está creciendo de tal manera que representa un incentivo para la guerra".

Un elemento en el que están de acuerdo casi todos los escépticos de este proceso de paz es que el debate público entre la guerra y la paz es falso. "El debate debería de ser sobre cómo hacemos para que un país, que en los últimos 15 años ha transitado a niveles más bajos de violencia, continúe descendiendo esos niveles" concluye Ortiz.

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