​Identidades mutantes: me llamo Kina y estoy transitando de humano a planta
Fotografía por Mam Ita
Identidad

​Identidades mutantes: me llamo Kina y estoy transitando de humano a planta

Kina lleva tatuajes de clorofila y un chip implantado en su mano derecha que almacena su proceso de conversión hacia algo que es cada vez menos humano.
24.4.17

A caballo entre la filosofía, la política, el arte y la biología salvaje, Transplant es un proyecto que nos acerca al Cthulhuceno vislumbrado por Donna Haraway, un futuro donde nociones como la de raza, nación, sexo, género e incluso especie no existirán. Seremos una hibridación de todo con todos. Un bello monstruo siempre en tránsito de ser otra cosa. Y para ello hace falta, dice el colectivo de artistas transfeministas Quimera Rosa, cuestionar los "dualismos antagónicos" en los que se fundamenta el pensamiento occidental y su manía de encajonarlo todo. "La idea es generar cambios de subjetividad a partir de tecnologías que tienen que ver con lo vegetal para cuestionar la construcción de identidades y romper la unidad del cuerpo, porque somos más bacterias que otra cosa y estamos conectados a cuanto nos rodea. La piel no es el límite, es pensar el cuerpo más allá de los límites de la piel", explica Ce, quien forma parte del colectivo Quimera Rosa..

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Transplant es un proceso artístico, una reflexión sobre el cuerpo sano y enfermo, pero también un tránsito colectivo, ya que la mutación de Kina está cambiando el modo en que se acerca al reino vegetal como algo cada vez más propio, pero transforma también a quienes entran en contacto con ella. Como, por ejemplo, a los científicos del Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona con los que han colaborado en un mutuo contagio artístico-científico. "Tan solo el cambio de nombre supone una transformación, porque ahora ya no es Yan, tiene un nombre femenino y, a veces, barba", asegura Ce. "En el laboratorio le pidieron el DNI y eso fue bastante confuso".

Fotografía de Candela Cuervo

Una de las líneas de investigación de este proyecto en el que llevan casi dos años trabajando se centra en replicar la terapia fotodinámica, un tratamiento médico pionero utilizado en cánceres localizados que se basa en inyecciones de una sustancia fotosensibilizadora derivada de la clorofila. "Se está aplicando en medicina sin efectos secundarios, pero todavía el acceso es muy limitado", advierten Kina.

Horas antes de esta entrevista, Ce realizaba su primera biopsia sobre el condiloma acuminado (verrugas genitales no malignas de un tipo de VPH) de la propia Kina con el fin de exponer a la luz las células, cubiertas con el gel fotosensibilizador y ver si se producen cambios. Ocurría durante una sesión de laboratorio donde portadores del virus del papiloma humano, curiosos y activistas participaban en el proceso para aprender a replicar los experimentos y para entender también el funcionamiento de su propio cuerpo, y el de un virus del que poco o muy poco sabemos.

Al menos el ochenta por ciento de la población ha contraído o contraerá VPH en el transcurso de su vida. Se cree que existen unos cien virus del papiloma, una treintena se trasmiten por la vía sexual, y sólo unas pocas cepas están relacionados con el cáncer. Algunas cepas no cancerosas causan verrugas genitales leves como las de Kina. "Hay un tabú enorme en torno al VPH, nadie quiere hablar porque se avergüenza y tiene miedo de contagiarlo por su carga sexual, aunque sea un virus con una historia muy larga y pase a menudo por tu vida sin que lo sepas", cuenta Ce.

El género no está exento de la enfermedad, al menos de su asociación más clásica con el cáncer de útero; sin embargo también se puede contraer cáncer de pene, de ano o de garganta. "Hay una jerarquía de órganos en el cuerpo humano y el útero parece ser un órgano de estado. Se le ha dado la función de reproductor de la especie humana y por tanto hay que ocuparse de él y controlarlo"

Muchas personas siguen estando excluidas del sistema sanitario o se sienten juzgadas por los médicos por sus prácticas sexuales

El pitido de una incubadora DIY interrumpe la conversación. Quimera muestra un láser casero que imita al utilizado en terapia fotodinámica. Admiten que aún no tienen equipo ni un laboratorio en condiciones para realizar experimentos más complejos; su meta es que algún día este tipo de experiencias puedan implantarse en centros comunitarios y ambulatorios para abaratar el coste de los tratamientos médicos.

Pero, ¿puede sustituir el biohacking a los cuidados médicos? "Queremos abrir la caja negra como dicen los hackers o la píldora como decían los activistas afectados por el VIH y eso no significa que vayamos en contra de la medicina hospitalaria. Se trata de entablar un diálogo crítico, porque aunque se hable de sanidad pública muchas personas seguimos estando excluidas de este sistema, como los inmigrantes sin papeles. O bien se sienten maltratadas o juzgadas por sus prácticas sexuales, por su identidad de género, por su diversidad funcional o por cualquier tipo de corporalidad no normativa y les incomoda visitar al ginecólogo".

Antes de que la medicina naciera como especialidad científica, las brujas tenían los más altos conocimientos médicos del momento

Conocer los procesos físicos, empoderarse ante la autoridad de estetoscopio y, por qué no, cuestionar también la noción de cuerpo enfermo convirtiendo la propia enfermedad en una creación artística son algunos de los objetivos de este ambicioso proyecto. Y los condilomas de Kina, analizados bajo la lupa de un microscopio, son la mejor prueba de ello. "La enfermedad siempre es percibida como un paréntesis en la vida de quien la padece, que es algo que hemos conversado con Caro Novella del proyecto OncoGrrrls", dice Ce, para quien incluso el cáncer puede ser entendido en cierta medida como un proceso 'trans'. "No eres la misma antes y después de haberlo pasado. Nos dan el mensaje de que debemos luchar contra la enfermedad como si fuera un ejército que nos invade desde fuera, cuando está ocurriendo en nuestro cuerpo. ¿Tiene sentido luchar contra él?".

El primer tatuaje de clorofila hecho por el colectivo Transplant. Fotografía de María F. Dolores

Numerosas creadoras y activistas como Annie Sprinkle, Caitlin Berrigan, Shu Lea Cheang, o la española Miriam Vega también han hecho de su enfermedad parte de su obra, y en el caso de Shu Lea, incluso un homenaje al virus del sida. La ciencia, dice Quimera, también es arte, y a la vez una forma de empoderamiento. A fin de cuentas, ¿no son científicos y artistas las dos mitades de una de las figuras más antiguas y perseguidas, la bruja?

Transplant es brujería; tratamientos de brujas, cuerpos de brujas, arte de brujas. "Antes de que la medicina naciera como especialidad científica, las brujas tenían los más altos conocimientos médicos del momento y a la vez se preocupaban de los cuidados y de cuestiones culturales. La ciencia moderna se basó en la extracción de esos conocimientos y creó especialidades (medicina, enfermería, farmacología, botánica, biología, etc). Y con el surgimiento de la medicina como ciencia se excluyó de esa práctica a toda persona que no se correspondiera con la figura del hombre blanco heterosexual". Para Quimera Rosa las brujas no son únicamente mujeres sino "todas las que vivimos en los márgenes de la normalidad". Una bruja también es una hacker.


Entrevista realizada en Hangar.org en el marco de una residencia Prototyp_Ome