Imágenes de la última edición de la marcha de la gorra. Córdoba. 2019. La marcha fue creada para visibilizar los abusos policiales en los barrios de Córdoba y lleva casi una década de existencia. Foto: Ignacio Conese.
Mientras que las clases medias y altas pagan los costos de este control poblacional con rutas llenas de camineras con sus controles constantes sobre los automovilistas, los cordobeses de las clases populares lo pagan con sangre. Y la sangre que más corre es la de pibes jóvenes.
Mural en el barrio Los Cortaderos. El mural fue originalmente pintado por Guere entre otros pibes. Los pescaditos con gorras son ellos, el tiburón es la policía. Foto Igancio Conese.
Guere, asesinado por la policía de un tiro en la espalda
El barrio le debe su nombre a la ocupación de la mayor parte de los hombres que viven ahí. En la zona se cortan y cocinan ladrillos y Guere cortaba ladrillos desde los catorce años.Ana cuenta que no viene más que dos o tres veces al año, porque todavía le hace mal, pero qué pasa seguido y a veces levanta la cabeza y mira de reojo y ve que hay alguna vela prendida o alguien rezando. - “Una vez había un señor grande, que es vecino, y le pregunté por qué le rezaba a mi hijo: me dijo que le habían hecho falta medicamentos, que le pidió al Guere, y el se los consiguió”.
Ana dice que cuando Guere arrancó a trabajar, la familia le hizo un cuarto en el fondo y ella le regaló la cama. Con ahorros su hijo se compró la tele y después le avisó a su mamá que ahora que tenía cama y tele iba a ir por la moto. Una Tornado. Fue el primero de su grupo de amigos en tener una moto de esa calidad, para la cual había juntado casi cinco mil pesos (unos mil dólares en su momento) que guardaba escondidos en el caño de la cama y alcanzaban para el depósito inicial y pagar el resto en cuotas.¿Por qué nos hacen esto, porque somos pobres?… ¿Por qué nos matan, porque somos negros?
Una anécdota que lo pinta de cuerpo entero fue cuando, una noche, unos veinte chicos del barrio estaban regresando del baile caminando; Guere, quien estaba con su moto, cargó a dos y se fue. Maximiliano Peralta, su primo, amigo íntimo, compañero de trabajo y único testigo de su asesinato, estaba entre los que siguieron caminando. Maxi cuenta que al rato lo vieron llegar de nuevo solo. Había regresado para cargar dos más. Así fue y volvió diez veces hasta que todos regresaron al barrio.
De izq. a derecha: Maximiliano Peralta (27). Detalle de uno de los murales en memoria de Guere. Santuario de Guere. Foto: Igancio Conese.
Esa noche la dupla vio el primer tiempo del partido de Talleres vs Newells por la Copa Argentina en la casa de Maxi y luego enfilado para el campo, donde el abuelo les prestaba un galpón para que se pasaran los fines de semana de joda tranquilos y seguros con sus amigos y donde vieron el segundo tiempo de la goleada. Después del partido salieron en la moto de Guere a comprar más Coca Cola para el fernet. Era una noche helada y no había nadie en la calle, así que cuando se cruzaron en el camino con la camioneta de la policía supieron de inmediato que les iba a tocar el control.Los oficiales Leiva y Chávez iban en la camioneta que Maxi y Guere habían visto. Pero esta vez los policías no detuvieron a Maxi y Guere, en cambio los siguieron con las luces apagadas hasta el acceso al campo del abuelo de los primos, donde ambos policías comenzaron a disparar. A Maxi le dieron primero en la pierna y se cayó de la moto. - “Guere siguió y me gritó: ¡Maxi corre! y me levanté y corrí, sin darme cuenta todavía de que me habían disparado. Cuando estábamos llegando a la casa se sintió una ráfaga de como diez disparos más. Guere se bajó de la moto, le colocó el pie, se acercó caminando y llegó a decir “me dispararon, me estoy muriendo” y cayó al suelo. Después de eso perdí la conciencia. Cuando me desperté, ya estaba en el urgencias” recuerda y relata Maxi.
Dibujo por el día del padre de Rocío, la hija de Facundo Rivera Alegre. Foto por: Ignacio Conese.
¿Dónde está El Rubio del pasaje?
Retratos de Viviana Alegre (52) en el muro más grande que recuerda a su hijo en el barrio de Juniors, Córdoba. Foto por: Ignacio Conese.
Monolito en recordatorio de la desaparición de Facundo Rivera Alegre en la plaza Aguilera del barrio de Juniors, Córdoba. El monolito se realizó con la autorización y apoyo de la secretaría de derechos humanos de la ciudad. Foto: Ignacio Conese.
Izq: Viviana Alegre posa su mano sobre una vieja marca de El Rubio todavía es visible en la pared de entrada de su casa del pasaje. Derecha: Ana Bustos señala a su hijo, el primero de derecha a izquierda en una foto que se encuentra en el santuario. Foto por : Ignacio Conese.
Los espacios que recuerdan a los pibes como Guere y El Rubio y tantos otros más se convierten en lugares de recuerdo y peregrinación, para familiares, para vecinos, para desconocidos. Demandas de justicia, recuerdos y misticismo entrelazados por partes iguales.
Los casos de Guere y El Rubio son paradigmáticos porque representan, en similitud y diferencias, los extremos de una realidad que se escribe en general con impunidad y sangre. En el caso del Guere, la familia y el barrio se movilizaron desde un principio para asegurar que la maquinaria, que desde un primer momento operó para señalar la muerte del joven como un enfrentamiento, fracasara. Eso no evitó que ríos de tinta, y horas de televisión y radio lo intentaran de todos modos.“Cuando salen los hermanos, miro la foto de mi hijo y le pido que los cuide…hace poco mi sobrina salió ilesa de un accidente de moto y mi hermana piensa que fue obra del Guere que no le pasara nada"
Al final se llegó a un juicio oral y público por jurado popular donde se probó el relato de Maxi y a los policías acusados se los condenó a cadena perpetua, siendo el primer caso en la provincia donde se obtiene esa condena por crímenes provenientes de las fuerzas de seguridad.
Izq: Mural de Facundo Rivera Alegre en el centro de Córdoba. Derecha: Grafiti en el barrio de Juniors