Relaciones

La discusión más absurda que has tenido con tu pareja

La legitimidad del Estado de Israel, Rosalía y la apropiación cultural, el régimen de los funcionarios del Estado... cualquier excusa es buena.
15.11.18
dos perros peleando
Imagen vía Pxhere

La semana pasada, después cenar y de que el Supremo anunciara que eran los clientes quienes debían pagar el impuesto de las hipotecas, mi novio y yo empezamos a hablar del tema. Al principio todo bien. Que si vaya putada, que si ojito con el Supremo, que si la desconfianza en la democracia, que si la separación de poderes… hasta que se me ocurrió, en algún punto de aquella apacible conversación, mencionar dos palabras que desataron la tormenta: BANCA PÚBLICA.

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Entonces mi novio —tibio socialdemócrata— y yo nos enzarzamos, como tantas otras veces, en una batalla ideológica que acabó conmigo reprochándole que no entendía nada porque había nacido en una familia de clase media que le había pagado un colegio privado y un Erasmus y él echándome en cara que si tanto odiaba el sistema por qué no hacía absolutamente nada para cambiarlo y por qué tenía un iPhone. Y por que me digan que no hago nada para cambiar el sistema paso porque lo único que hago es quejarme, pero la por la del "si tin mimimi iris pir quí tinis in iPhone" no.


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Me metí automáticamente en la cama y él hizo lo propio, cada uno mirando para un lado, espalda con espalda pero sin rozarnos. Pero esta es solo nuestra historia. Una de nuestras historias. Hay decenas, cientos, miles de historias así cada semana.

Historias de parejas que canalizan su ira y su indignación en disputas de mierda que acaban convirtiéndose en cuestiones de Estado —que bueno, en mi caso lo era—. Aquí algunos ejemplos, de amigos y conocidos de VICE. Sin más pretensión ni más deseo que el de recrearnos en el absurdo del mundo y, especialmente, del mundo conyugal.

LA LEGITIMIDAD DEL ESTADO DE ISRAEL

Suena de lo más absurdo, pero durante la última discusión sobre la legitimidad del estado de Israel que tuve con mi novio le amenacé a voz en grito con dejarle en ese mismo momento. Él, autodenominándose de izquierdas, socialista e incluso a veces comunista, dice que Israel se fundó en un socialismo modélico, que después se cargaron eso sí, y que esto no es más que un conflicto fruto de la historia. Yo, con un Máster en Estudios Árabes e Islámicos Contemporáneos y férrea defensora del pueblo palestino, acabé gritándole que era un sinvergüenza, un fascista y un mierdas, para ser claros, mientras nuestros amigos se reían hasta llorar. Pero no es algo que haya ocurrido una vez: cada mes o mes y medio sale la conversación y yo me vuelvo a casa habiendo insultado a mi amado novio con toda clase de improperios porque este, un tema de vital importancia, sí que es un muro entre los dos.

Cynthia, 26 años.

ROSALÍA Y LA APROPIACIÓN CULTURAL

Mi novio es bielorruso pero se crió en Andalucía y es de esa clase de persona que cuando salió Rosalía no le molaba pero ahora le flipa. El caso es que él decía que le chirriaba que hablara "tan bien" en las entrevistas pero luego dijera lo de "illo" o "undivé" en Malamente. Yo le respondía que Rosalía hacía un producto de gran calidad y que era igual que cualquier grupo español que cantara en inglés. Total, que al día siguiente me dio la razón, pero la discusión subió de tono cuando le dije que a ver si él no se había apropiado culturalmente del acento andaluz cuando estaba aprendiendo a hablar español.

Eva, 27 años.

EL RÉGIMEN DE CONCIERTO DE LOS FUNCIONARIOS DEL ESTADO

La discusión más loca que he tenido con mi novio fue por los funcionarios del Estado. Él pensaba que eran de un solo tipo, no entendía que los Ayuntamientos van en régimen de concierto. Acabé marchándome llorando de su casa y después vino a por mí en coche.

Ana, 24 años.

LA PERSONALIDAD DE BUKOWSKI

Cuando tenía 19 años, una noche de fiesta en casa de unos colegas mi novio se emperró en reprocharme que yo pensaba que él era como Bukoswki. Discutimos delante de todo el mundo durante una hora, él diciéndome que proyectaba todo lo malo del escritor en su persona (que me trataba como una mierda, que me mentía) y yo en plan "wtf, colega, solo te digo que no me des plantón si hemos quedado". Creo que en el fondo aquello ocurrió porque él odiaba a Bukowski y en aquella época tenía un libro suyo al lado de la cama, pero nunca llegué a entender lo que ocurrió esa noche.

Eva, 22 años.

DIOS, ASÍ EN GENERAL

Mi última discusión con una exnovia que tuve hace 10 años concluyó en ella dejándome por Dios. Era evangelista, su padre era pastor y el tema de que yo fuera ateo no le molaba demasiado. Eso traía tensiones, claro. De repente un día se empezó a rallar de más y me dijo que si no creía en Dios iba a tener que dejarme. Y así fue. Tras una disputa y después de tratar de convertirme llevándome a un concierto de gospel me dejó por un personaje de ficción.

Juanvi, 30 años.

LAS CÁSCARAS DE LOS CACAHUETES

La discusión más absurda que he tenido con una pareja no ha sido con una pareja mía sino con una pareja. Con un chico y una chica que mantenían una relación, vaya. Ella era —y es— mi mejor amiga, y empezamos a hablar con su novio sobre por qué los cacahuetes tienen cáscara. Yo no entendía muy bien por qué se cuestionaban esas cosas, pero acabé metiéndome en la conversación. Al final de la discusión —de casi una hora y acalorada— alguien concluyó en que el motivo era que los cacahuetes tienen frío. Algo que no tiene ningún sentido pero que sirvió para relajar tensiones.

Paula, 18 años.

EL SENTIDO Y LA VIGENCIA DE TWITTER

Que en Twitter se discuta y la sangre llegue al río OK, pero la discusión más bizarra que he tenido con mi novia, que además fue hace poco, fue sobre si Twitter estaba volviendo o no a estar de moda y sobre si era mejor o peor que otras redes sociales como Instagram o Facebook. Silicon Valley habría estado encantado con nuestra trifulca. Yo defendía que en Twitter primaba el contenido, y ella me decía que qué contenido si la gente lo único que hacía era tirarse los trastos a la cabeza. Total, que al final todo acabó derivando en que ella pensó que yo pensaba que era una superficial porque le mola más Instagram y yo pensaba que ella pensaba que yo era un intenso y un farrullero porque me gustaba más Twitter. Como colofón nos pasamos unas horas sin hablarnos, mirando ella Instagram, yo Twitter. Muy metafórico todo.

Fernando, 26 años.

EL EMOJI DEL CORAZÓN

Mi novia y yo desarrollamos con el tiempo un "buenas noches" estándar por WhatsApp, sin quererlo, a base de costumbre: el emoticono rojo del corazón. Era como una norma no escrita pero que siempre cumplíamos, simbolizaba el punto y final de nuestra conversación cada noche. Un día se me olvidó ponerlo y ella empezó a estar rara. Le pregunté que qué le pasaba y al rato caí yo misma en la cuenta de que la noche anterior no le había puesto el maldito corazón rojo al final de mi frase. Entonces ella empezó a soltarme una retahíla de comentarios de telenovela como "¿ya no me quieres?", "algún motivo tendrás"… El debate, que en seguida se convirtió en discusión duró algo más de cuarenta y cinco minutos, hasta que ella se durmió y al día siguiente me volvió a querer de nuevo, aunque a mí me costó un poco más.

Ainhoa, 19 años.

Sigue a la autora en @anairissimon.

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