Trans: Así me convertí en Diego
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Trans: Así me convertí en Diego

Este DJ, activista e influencer nos contó cómo renació a partir de haber obtenido sus nuevos documentos de identidad.

Diego se mira al espejo y reconoce con orgullo a esa persona que siempre anheló ser. Es DJ, tiene un sex appeal que lo ha hecho famoso en redes sociales y se ha convertido en una voz importante dentro de la comunidad trans, a pesar de su juventud. Cuenta que las chicas lo asedian porque dicen que tiene algo que lo hace ver como un jovencito chaca, de barrio, que tira flow por donde va y que camina con una seguridad que magnetiza miradas. Sin embargo, Diego no siempre se llamó así. Lo registraron de pequeño con un nombre de mujer que jamás le gustó, pero en cuanto pudo alzar la voz, pidió que lo llamaran con su apellido: Loyola.

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Gracias a que La Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó en el 2014 el cambio de identidad de género a las personas trans, Diego al fin pudo dejar ese nombre. El proceso actualmente es relativamente sencillo: basta ser mayor de edad, de nacionalidad mexicana, tener acta de nacimiento previa, una identificación oficial y un comprobante de domicilio que avale la residencia en la Ciudad de México. Se hace una cita en el Registro Civil y listo: lo demás ya es un mero trámite que no lleva mayores contratiempos. Gracias a esta disposición, única en su tipo en el país, personas como Diego pueden normalizar sus vidas. Beneficiado por esta legislación, Diego hace poco obtuvo su nueva acta de nacimiento y también su credencial del INE. Un paso cotidiano para cualquiera, pero una verdadera conquista para las personas trans.

“Pasé 20 años viviendo bajo un nombre que jamás me perteneció y que aún hoy prefiero omitir, porque no es quien soy. Incluso desde la secundaria prefería que me llamaran por mi apellido: Loyola. Entiendo que la adolescencia no es fácil, ¿y para quién lo es?, pero para mí lo fue lo doble o lo triple”. Sobre su nombre anterior, prefiere ni siquiera pronunciarlo. Era tan incómodo que se refirieran a él con un nombre femenino, que hoy se siente feliz de no tener que usarlo nunca más.

Fue a los 18 años cuando comenzó su transición, un proceso clave que lo llevó a cambiar no sólo su cuerpo, sino también la forma en que los demás lo percibían. “Tuve que dejar de estudiar. ¡Qué incómodo era que los profesores dijeran frente a todos aquel nombre que tanto me molestaba! El tener que acercarme uno a uno, explicándoles mi situación y ver sus reacciones, que no siempre eran favorables; me ponían en situaciones tan difíciles que poco a poco me empujaron a dejar la escuela”.

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Para Diego no es sólo una bonita metáfora el afirmar que estos nuevos documentos de identidad son una especie de renacer. Así como las personas dicen ver episodios de su vida antes de morir, hoy en la memoria de Diego se proyectan momentos clave de su pasado. “Se me vino a la mente una oleada de recuerdos: cuando compré mi primera camisa, o cuando siendo niño me vestí de traje y mi hermana estaba escogiendo vestidos. Recordé también cuando era Navidad y le pedía a Santa pistolas y carritos y él siempre me los cambiaba por cosas 'para niñas', como Barbies o maquillaje. Recuerdo también que por temor a que mi propia familia me discriminara, tenía que fingir que esas cosas me hacían feliz”.

Él sabe que para todos la vida significa una sucesión de pequeñas luchas, pero en su caso, estas tuvieron siempre el ingrediente de la afirmación de su identidad frente a los demás. “Cuando crecí fui ganando pequeñas batallas y tuve que sujetarme a ellas para que mi vida fuera llevadera. Recuerdo muy bien cuando mi familia me compró mi batería y mi guitarra eléctrica: ¡eso para mí fue como si me compraran esos carritos o las toallas de superhéroes que siempre pedí y que nunca tuve de niño!”.

“Recuerdo también que me dejaron jugar futbol más a fuerza que de ganas, porque cuando me metieron a ballet la misma maestra les aconsejó que me dejaran jugar fucho, “porque el ballet de plano no era lo mío”. Dentro del futbol gané varias copas porque era muy bueno. Eso ya era un gran logro para mí, aunque mi playera todavía tuviera aquel nombre o la inicial que hoy prefiero no recordar”.

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Acerca de si existió un momento clave que le hizo dar ese gran salto para asumir frente a todos esa identidad que había tenido que mantener escondida, Diego reconoce que fue su abuela quien lo motivó, aun sin saberlo, a vivir su metamorfosis. “Una de las cosas más tristes es que mi abuelo y mi abuela paternos se murieron llevándose en la mente que tenían una nieta. Justo cuando mi abuela estaba en sus últimos momentos me dijo: 'sólo cuídate y lucha por ser feliz' y entonces las cosas cambiaron en mi cabeza, como si esas palabras me estuvieran descubriendo otra realidad”.

Gracias a ese último consejo de su abuela tuvo la fuerza para hacer cambios radicales, como dejar de usar falda y todas aquellas pequeñas cosas cotidianas que únicamente hacía por obedecer a sus padres o por no meterse en problemas en la escuela. “En ese instante dije: “¡sorry, ustedes ya tienen su vida hecha, ustedes ya vivieron!” Y entonces entendí que si no luchas por ser feliz y si vives sólo como un robot, la existencia está de la chingada. Fue gracias a esa nueva percepción de la realidad que inicié los cambios que hoy me trajeron hasta este momento. ¡Legalmente estoy viviendo a nacer y eso significa mucho!”

Sobre el resto de su entorno familiar, reconoce que a pesar de que no se encuentra en el mejor de los panoramas, sí se considera afortunado. “Tengo una madre que me tolera, más no me acepta. Y sin embargo me apoya, así 'la cague' o esté haciendo lo correcto”. Pero no pierde la esperanza de que un día esa tolerancia se vuelva aceptación plena. Mientras ese momento llega, no deja de poner los ojos en el futuro.

“Al fin podré regresar a estudiar, retomaré muchas cosas que tuve que dejar en pausa porque vivir bajo ese nombre y en esas circunstancias era algo insostenible. Tristemente muchas de mis amistades de aquel entonces se quedaron en el pasado, porque no entendieron quién realmente soy. Es muy fácil criticar, señalar, discriminar, pero nadie de ellos sabe lo que uno sufre, nadie se pone en nuestros zapatos ni camina por nuestra ruta.”

Sobre qué lo motivó a compartir su experiencia, es claro y tajante: “sé que hay otros chicos y chicas trans como yo, que sólo requieren que alguien les diga: ¡por más duras que sean las caídas y por mucho que te golpeen, tú tienes la fuerza para levantarte! ¡Nunca es tarde para luchar por lo que quieres y para convertirte en esa persona que siempre has soñado!”.

Si bien sabe que un acta de nacimiento y una credencial para votar con fotografía acreditan su nueva identidad de forma legal, él desde pequeño tenía conciencia de quién era. En ese sentido, su esencia se ha mantenido inmutable. “Ya sea usando las faldas que odiaba o los pantalones que tanto me gustan, la persona siempre fue la misma: yo, Diego. Para mí hoy inicia un mundo nuevo, un mundo que deseo que otros al igual que yo tengan la oportunidad de experimentar”.

@PaveloRockstar