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Sexo

De ruta por las últimas cabinas de masturbación de Holanda

Unas pocas sex shops siguen vendiendo porno en DVD y alquilando pequeñas habitaciones a los clientes.

por Ewout Lowie; fotografías de Christopher Pugmire; traducido por Laia Pedregosa
07 Mayo 2019, 3:45am

Este artículo se publicó originalmente en VICE Holanda

Hoy en día, tenemos acceso a todo el porno que queramos con tan solo unos clics, y por eso es difícil pensar que a día de hoy alguien pueda montarse en el coche, irse a un sex shop y pagar por sentarse en el sofá de una habitación pequeña para ver porno y masturbarse.

Esto es una verdad universal, y es el motivo que ha hecho que muchas de las cabinas de las tiendas eróticas de todo el mundo hayan ido cerrando, pero todavía quedan algunas.

Quise averiguar por qué estas cabinas siguen siendo lo suficientemente rentables como para seguir abiertas, así que decidí visitar las últimas que quedan en Holanda.

Erotisch Warenhuis Mme Mercedess, La Haya

sexshop Den Haag

Mme Mercedes es un negocio familiar que empezó con una mujer que pasó por “Madame Mercedes”, y luego siguió llevándolo su hermana. Este sex shop se encuentra en un edificio antiguo de La Haya, y las cabinas y las salas de proyección están en la primera planta, justo encima de la tienda. Simon, el propietario, nos cuenta que llegaron a tener ocho cabinas, aunque ahora solo quedan cuatro. Al principio proyectaban películas de Super 8, y tras la incorporación de las modernas pantallas planas en cada cabina, todavía se pueden observar los grandes huecos que sujetaban los proyectores.

Por el precio de 10 €, los clientes pueden elegir un DVD de la tienda y verlo en privado en una de las cabinas. Cuando hay mucha demanda, el tiempo límite para alquilar la cabina es de dos horas y media. Sin embargo, cuando la tienda está más vacía, Simon suele ampliar el tiempo. Según él, la mayoría de sus clientes son hombres heterosexuales que quieren ver porno fuera de su casa u hombres homosexuales que tienen una familia y viven una especie de “doble vida”. Algunos de ellos incluso se presentan con una gran bolsa llena de ropa femenina y se la ponen antes de ir a la cabina.

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Para algunos, la tienda cumple con una necesidad social muy importante, añade Simon. Ofrece a la gente la oportunidad de charlar un poco, algo que antes hacían en la carnicería o en la panadería y que ya no pueden hacer en un supermercado de autoservicio.

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Sexshop De Dom, Utrecht

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Según Dennis, el propietario, el Sexshop De Dom es el sex shop más antiguo del país. Encontró un artículo de periódico en su desván que mencionaba las rebajas en juguetes sexuales en esta tienda ya en 1950, lo cual es significativo porque existe una opinión generalizada de que la primera tienda erótica abrió sus puertas en 1962 en el pueblo alemán de Flensburgo.

Dennis ha trabajado en De Dom desde 1994. Su padre y su abuelo también llevaban sex shops en Róterdam y Ámsterdam, y su hermano pequeño lleva su propia tienda en Róterdam.

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De Dom tiene seis cabinas, incluyendo dos cabinas para dos personas, que se encuentran en la primera planta. Ahí arriba, puedes pasearte desnudo y hacer el tonto por ahí. En realidad, Dennis no sube durante el día. “Lo han limpiado esta mañana y la puerta está reluciente, pero yo no la lamería”, dice sonriendo mientras subimos.

En los 90, la tienda solía estar llena hasta la tarde-noche, pero eso ya solo ocurre un día a la semana, en todo caso. Mucha gente se presenta sola a la cabina: si solo hay dos o tres personas, no es lo suficientemente emocionante para los clientes.

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Erotheek Marilyn, Hilversum

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De todos los lugares que visitamos, Erotheek Marilyn parece ser la que se asemeja más a un centro social. Rory, el propietario, está tomando un café con tres clientes en una gran mesa está en medio de la tienda. Tras una cortina negra, hay un pasillo que lleva a una cabina con una puerta, varias cabinas que dan a una pantalla en la que se proyecta porno y un cuarto oscuro.

Los candelabros y las lámparas de mesa le dan al lugar un toque hogareño. Es el único lugar sitio donde el fotógrafo y yo nos mezclamos con los clientes: hombres mayores con toallas alrededor del cuello. “Es la hora del té”, dice un hombre sudado mientras se abre camino entre la clientela.

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Erotheek Marilyn tiene 23 años, y muchos de los clientes son habituales. Según Rory, hay gente que la visita hasta cuatro veces por semana, y si no pueden hacerlo llaman a la tienda para informarles. Marilyn tiene unos 50 clientes de media, aunque la cifra solía ser mucho más alta. Cada vez que la ciudad cierra un espacio famoso por ofrecer la posibilidad de practicar sexo fuera de casa, van más clientes. Marilyn acoge a personas de todo el país y de todas las clases sociales. A veces pasan el día allí, por 12 € puedes ir y pasearte tras las cortinas negras a tu antojo.

Rory me cuenta que a veces sus clientes comen juntos. “Solíamos ir juntos a tomar sopa las tardes del viernes. Una taza de sopa instantánea seguida de una paja: una buena manera de empezar el fin de semana”.

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Erotica Cinema, Hilversum

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“Joder, ¡eso son cabinas de masturbación de alta gama!”, dice nuestro fotógrafo Chris al entrar en el Erotica Cinema. Las cuatro cabinas individuales de este sex shop están al mismo nivel que el merchandise, que parece ser menos anónimo y pajillero que en otras tiendas. El lugar parece estrecho y limpio, y se mantiene al día. En el sótano también hay un cine.

Cuando, hace 19 años, Carla compró el edificio, que ya había albergado otro sex shop durante muchos años, sus primeros clientes solían ser tipos que no cuidaban demasiado su higiene personal ni mostraban una conducta ejemplar, digamos.

Como no era el estilo de Carla, decidió sanear el lugar: los hombres que mostraran una actitud agresiva o molesta recibían una advertencia o directamente eran expulsados.

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Según Carla, la gente que se presenta allí para ver un DVD por su cuenta, lo cual tiene el precio de 11 €, suelen ser personas interesadas en saber más sobre el porno gay o que tienen miedo de que el porno online infecte su ordenador. No le gusta el hecho de que las cabinas de porno se vean como algo sucio y bochornoso.

“A veces viene gente con alguna discapacidad acompañada de otra persona para ver una película”, dice Carla. “Esa es otra necesidad con la que debemos cumplir”.

seksshop in Hilversum
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Sexy Amsterdam, Amsterdam

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La cabina del sex shop Sexy Amsterdam es una de las pocas que quedan en el Barrio Rojo. Llegó a haber 12 tiendas, pero actualmente solo queda una. La diminuta y luminosa cabina roja se encuentra en la parte trasera de la tienda, al lado de los DVD. Según Cissy, una empleada, todavía venden bastante, especialmente a los turistas de Oriente Medio que visitan países donde hay una gran disponibilidad de porno. Algunos de ellos se dejan hasta 500 € en películas.

Cissy menciona que incluso ha llegado a tener clientes de Londres que van de visita unas cuantas veces al año. También hay un político famoso que suele pasarse por allí de manera habitual para ver porno, o eso dice ella. La tienda no tiene un fin social, al igual que otras tiendas pequeñas que hemos visitado—muchos clientes suben allí para ponerse cachondos antes de desaparecer tras uno de los escaparates de la calle. Otros van allí para practicar sexo, o simplemente para ver películas.

“En una ocasión tuve un cliente que se sentó en la cabina desde la mañana hasta la noche sin parar de alquilar películas”, dice Cissy. “Alguna vez se había llegado a gastar más de 100 €, y luego presentarse de nuevo el día siguiente”.

seksshop in Amsterdam
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