En memoria de las fiestas semáforo

¿Rojo, amarillo o verde?
26.5.16

En esa época confusa a finales de la década pasada, cuando los adolescentes éramos bombardeados diariamente por la estética de un montón de “tribus urbanas” y la música de gente como Wisin & Yandel, Daddy Yankee y Kevin Roldán era lo único que sonaba en las reuniones sociales, un estilo de fiestas comenzó a volverse cada vez más popular entre los colegios de todo el país.

Uno se enteraba que las iban a hacer gracias a los posters gigantes que pegaban en lugares como la cafetería o alguna ventana muy grande en el colegio, y era algo así como una promesa de que algo interesante podía pasar en ese carcelero y rutinario ambiente escolar al que estábamos sometidos siete horas diarias. Era un llamado a vivir la adolescencia.

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Y cuando el día llegaba se sentía en el ambiente.

En teoría las fiestas semáforo eran unos eventos que normalmente se hacían en algún bar por La Calera y en donde los menores como yo, podíamos ir tomar aguardiente libremente mientras que, dependiendo de un código de vestimenta previamente establecido, podíamos ofrecernos como carne fresca en ese caldo de adolescentes hormonados y ebrios.

Funcionaba así:

Ropa roja: Casado o con novio.

Ropa amarilla: Saliendo con alguien

Ropa verde: Soltero

Antes de salir, nos citabamos en la casa de alguien en la noche y el típico vago que se había echado como dos años escolares y era el único del parche con cédula, compraba el aguardiente. Luego todos nos poníamos nuestras prendas verdes y listo, ya estábamos preparados para el fiestón que se venía. No pasaba mucho hasta que la primera persona se vomitara pero cuando por fin llegábamos al punto de encuentro -que generalmente era un Unicentro- donde unos buses nos iban a llevar a la fiesta, la cosa era bien distinta a lo que pensábamos.

¿Dónde carajos estaban todas las chicas de verde?, ¿por qué los únicos vestidos de ese color éramos un montón de tipos alcoholizados? La idea que nos habían vendido en ese poster entre semana era una mentira. La fiesta tampoco era esa orgía masiva que nos imaginábamos y, obviamente, el cuentico de los colores solo lo cumplíamos los más inocentes.

Viéndolo desde hoy, es apenas obvio que el grupo que se iba de verde estuviera compuesto 99% por hombres que en verdad creían que iban a pasar la noche más loca de sus vidas por llevar ropa de un color. En cambio las mujeres preferían no irse de ningun color para no tener que aguantarse a un montón de tipos raros encima.

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Igual la peda era increíble y todo terminaba en una pelea entre niños de colegio para ver quien era el más malito. Lo que importaba era tener una historia buena para contar el lunes y, si se podía, darse besos con alguna chica en un lugar donde iban a cantar los reggaetoneros de moda y los menores de edad podíamos pegarnos un desmadre a kilometros de nuestros papás.

Allá sonaba más que todo reggaetón, preferiblemente de los artistas locales que emisoras como La Mega y Los 40 Principales nos metían hasta por los ojos llevándolos a los colegios y poniéndolos en su programación 24/7. Así fue que muchos de nosotros terminamos aprendiéndonos las canciones de gente tan floja como Kevin Roldan o Cali y el Dandee. Literalmente era lo que había y los organizadores de las fiestas los llevaban a cuanto evento hacían porque claro, temas como este iban a ser un hit asegurado:

Pero igual en pleno auge de los floggers no podían faltar este tipo de joyitas y el par de idiotas que hacían “peleas de baile”, para ver quien se veía más pendejo al ritmo de ese bastardo de la electrónica conocido como “Tecktonick”.

¿Pero qué pasó?, ¿por qué se acabaron? Tal vez eran demasiado voltaje para una época en la que todavía no se podía llegar más tarde de las 2 de la mañana a la casa. También pudo que algún aguafiestas se pillara que le vendían trago a niños de colegio. O tal vez simplemente pasaron de moda, y la gente se dio cuenta que esa idea de levantar por tener una camiseta de un color era una mentira total ¿Quién sabe?

Al menos podemos decir que la situación no llegó a un punto tan grave como en Perú, donde literalmente todo se fue al carajo y la policía se terminó metiendo porque en las fiestas se hacían "ruletas sexuales", se metían un monton de dealers y normalmente todo terminaba en desmanes como se ve en esta noticia para televisión:

Al menos ellos tenían piscinas.

Lastimosamente, todo el registro fotográfico de estas verbenas inundadas de Aguardiente Néctar Verde se perdieron en los rincones más oscuros de MySpace (que reformaron completamente recientemente) pero bueno, tal vez es mejor que esas cosas queden bien enterradas en el pasado.