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Coachella: porque no nos tocaron ni Woodstock ni los raves.

Nos perdimos de los sesenta, de Woodstock, del punk y de los raves. La solución es una cadena de festivales con campañas de marketing masivas que desde 1999 sustituyen el sentimiento de colectividad y cambio por un boleto de entrada pagable con dinero.
21.4.14

Cualquier forever medio frito de generaciones pasadas nos diría que hubo dos momentos clave en la historia de los festivales: Woodstock de 1969 y Longwick de 1989 (aunque ese frito haya vivido, mágicamente, para contar ambas generaciones como las suyas. Pensemos que era como un dios, o algo así). Fue justo en estos dos momentos cuando la experiencia musical pasó de ser privada y pequeña, a multitudinaria y masiva.

El primero, fue el festival de festivales: tres días en el nombre de la paz y las flores, donde más de 400,000 personas se reunieron a escuchar música. Era el Verano del Amor, de las protestas en contra de la guerra de Vietnam y el armamento nuclear, de la liberación sexual y la igualdad de género. Mucha de la moda de festivales de hoy en día tiene sus orígenes en la nostalgia de ese evento.

Aquí un video de Santana tocando "Soul Sacrifice" en él, por ejemplo:

A Longwick 1989 le llaman el “Segundo Verano del amor” y fue justo antes de la caída del muro de Berlín, al comienzo de la era de los raves. Estaba en pleno furor el acid house, el MDMA, y las fiestas masivas ilegales. La cultura dance de esta época mezclaba beats con un toque psicodélico que ya desde entonces era nostálgico de los mensajes de amor y hedonismo de Woodstock. De aquí salen los smileys que denotan toda la buena onda de la cultura rave de la época.

Aquí hay un video que es mis favoritos y que sintetiza bien el sentir de toda esa etapa en la historia de la música: "Love Can't Turn Around" de Farley Jackmaster Funk.

Hoy en día tenemos a un contendiente para revelar la importancia cultural, masiva y comercial de aquellos dos otros festivales paradigmáticos. Coachella es una combinación nostálgica de los dos, simula tanto un festival hippie como un rave buena onda. En ambos momentos hay algo que resalta: la filosofía del peace and love, el new age, el universalismo. Los seres nómadas poco amigos del jabón y las cosas pagadas, pero fans de las drogas para expandir la consciencia. La vida libre, el cosmos y la buenavibrabrooother. O al menos eso parece para el ojo poco entrenado, para el prejuicio que es el pasar de los tiempos y la arqueología que puede regalarnos un libro de Historia futuro.

Porque no nos engañemos, nuestra generación ya no cree en nada de eso. Pero lo simulamos por momentos mientras bailamos y estamos a la moda, para perdernos en una masa que canta lo mismo que nosotros. En pocas palabras: Coachella es el símbolo perfecto de la nostalgia de una época que no produce nada nuevo

Lo retro está de moda

Vivimos en una era en la que estamos locos por lo retro. En Coachella lo vemos en la moda, y en cierta medida en los line ups. Lo retro es un fetiche por un periodo de tiempo que se manifiesta de varias maneras: una fascinación por el pasado y la búsqueda de imitarlo.

Simon Reynolds dice que lo retro en su sentido más estricto era una habilidad de identificar estéticamente acuñada a los conocedores y coleccionistas de cosas antiguas. Sin embargo, hoy en día usamos la palabra para describir todo lo que está relacionado con el pasado relativamente reciente de la cultura pop.

En teoría, el pop se preocupa casi siempre por el presente. Es el consumo del hoy: “vivir como si el mañana no existiera”. YOLO. Ustedes saben. Pero en la última década (a partir del 2000 más o menos) la mayoría de las bandas (o, decirlo así: la generalidad del consumo musical y su producción) parece inclinarse más a los sonidos del rocanrol más básico del garage de los sesentas, al Disco o al post-punk de las décadas pasadas. Y ahora sí hablo del line up completito de Coachella.

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Pensemos en el resurgimiento del garaje-punk con The White Stripes, The Hives, The Vines; el vintage soul de Amy Winehouse y Adele (jóvenes blancas británicas que pasan por cantantes negras de los setenta); o íconos inspiradas en el synth-pop de los ochenta como La Roux, Little Boots y Lady Gaga.

¿Qué opinan de estas dos canciones? ¿Se parece el estilo? ¿Y la voz?

Los hipsters: los más adictos al pasado

Hip es una palabra gringa para decir que algo/alguien es cool, está a la moda o pendiente de las últimas tendencias. Desde los beatnicks, se considera hipster a los “bohemios” que se mantienen marginados del “mainstream” pero que siempre están al corriente de los gritos de la moda. Es paradójico que justo el grupo de gente que por educación, intereses y un cierto nivel de cultura podrían producir cosas más innovadoras, son justo los que más nostalgia tienen del pasado y ahora son no más que archivistas: coleccionadores de vinilos, portadores de lentes redondos, shorts rotos y penachos de plumas.

Nuestra generación tiene la sensación de haber llegado tarde: nos perdimos de los sesenta, de Woodstock, del punk y de los raves. Nos perdimos del verano del 69 y de la caída del muro de Berlín. La solución es una cadena de festivales con campañas de marketing masivas que desde 1999 sustituyen el sentimiento de colectividad y cambio por un boleto de entrada pagable con dinero. No es el verano del ’69 sino el festival que se repite cada año…la eterna repetición de la simulación.

Ahora para todo se usa el “re”

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Los primeros diez años del siglo XXI fueron la década “re”: revivals, remixes, reediciones, reescenificaciones, reuniones(en el sentido del rejuntarse de las bandas que ya se habían separado). Coachella siempre ha sido buen escenario y pretexto para esto. Además de que les pagan muy bien. El Wall Street Journal dijo alguna vez que uno de los motivos por los que la industria musical recurre a las viejas leyendas es porque no hay suficientes artistas decentes desde el año 2000; en última instancia, esto puede ser cierto desde un punto de vista estrictamente económico.

En este tipo de presentaciones se hace un acuerdo mutuo entre las bandas y el público. Ellos ganan un chingo de varo, y el público, ya sabiendo lo que va a obtener, tiene una oportunidad de revivir su “juventud”:

Algunos ejemplos: Rage Against the Machine se presentó en Coachella 2007 después de no ser vistos en 7 años.

Lo mismo con unos ya-medio-viejitos Pixies, que se reunieron en Coachella 2004.

O Jane’s Adicction en el 2001 …

La comercialización de lo “hippie”

Bueno, con toda esta nostalgia “hippie”, lo que más extraño es la forma en la que se ha erxplotado comercialmente con el fetiche por lo viejo o lo aparentemente alternativo. Es decir, las formas en las que el comercio de la paz y la comunidad y la nostalgia por el pasado han creado una industria millonaria que tiene en la industria de la moda su mejor ejemplo: outfits de precios exorbitantes que las estrellas pop visten como “Coachella looks”. Lo hippie se ha vuelto caro, las prendas parecen viejas y desaliñadas cuando en realidad son nuevas y de precios altos.

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Antes el look era relajado, pero no imagino cómo desde que van artistas de cine al público, la línea siga igual. Desde Kristen Stewart, Robert Pattinson, Jared Leto, Diane Kruger, Alessandra Ambrosio, Jessica de Alba, Kate Bosworth… la lista es infinita.

Aquí Paris Hilton y Katie Perry con sus respectivos “Coachella look”:

¿Y qué pasará cuando se acabe el pasado?

Nunca en la historia había existido una época que estuviera tan obsesionada con su propio pasado inmediato. Por eso lo retro no es “coleccionismo”, es una fascinación por las modas, tendencias, sonidos y artistas del pasado reciente.

De tanto anhelar el pasado, el pop de nuestra época está atorado.

¿Puede ser que la nostalgia nos está impidiendo avanzar? ¿O más bien somos nostálgicos porque nuestra época ya no innova, y nos vemos obligados a ver hacia atrás?

Nuestros patrones de consumo han cambiado también en la música. YouTube y el MP3 nos han metido una obsesión por lo nuevo, desechable y coleccionable.

¿Qué va a pasar cuando se “termine” el pasado, y ya no tengamos de dónde sacar contenido remixeado?