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Música

Dixon: un rítmico Caronte

En el 2007, cuatro años después de fundar el sello Innervisions, Dixon entró en la lista de los 10 dj's más chinguetas del mundo. Ahora viene a México.

En el 2007, cuatro años después de fundar el sello Innervisions —junto a Kristian y Frank, de Âme—, Dixon entró en la lista de los 10 dj's más chinguetas del mundo, según la encuesta de Resident Advisor… Desde entonces, no ha bajado más allá del octavo lugar. El primer año ocupó el cuarto, y lo flanqueaban Richie Hawtin y Sebo K. A manera de presentación en aquellos resultados, se nos narraba cómo había salvado una noche del Fabric de Londres en que todo parecía perdido en las garras de house naquito. Entre los tracks con que regresó a todos del mal viaje y el aburrimiento estuvieron varios remixes de Âme y Martin Buttrich, además de algún vinilo de sellos como Curle. La noche se puso deep house y la calidad de la música subió de rojo parpadeante a las cinco rayitas en verde.

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Esa anécdota, que me imagino repetida ad nauseam con distinto nombre de club y otros tracks, sirve para comenzar a delinear la figura de un tipo que, cuando empezó a figurar en los radares de los clubbers y los productores votantes de la encuesta de RA y comenzó a hacer ruido y fans desde Innervisions, ya tenía más de una década de pulir el gusto de cada pista de baile que le tocara musicalizar. Esa aura de mago pinchadiscos capaz de convertir el circo más decrépito en sublimes y sonrientes espacios sin tiempo ni espacio y hacer salir del sombrero la fauna más improbable —mucha de ella, material inédito de Innervisions, pero montones de cosas más— lo ha convertido desde hace un lustro, más o menos, en objeto de deseo de esos clubes y productores que alardean de las fiestas con la mejor música y de las audiencias que presumen del mejor oído.

Si cada uno de sus mixes tiene, en dosis concentradas, los ingredientes por los que se le adora como dj —sorpresa, cadencia, impredecibilidad, hipnosis, groove, sexiness…—, el set que preparó para la octava entrega de la colección Live At Robert Johnson puede servir como muestra de las profundidades que llega a trazar en tan solo una horita con sus magníficas —y caprichosas— selecciones de discos. "Drama", le han llamado los chicos de Resident Advisor a la capacidad de Dixon para hilvanar sets con acentuadas transiciones que se experimentan como un relato que nos conduce por múltiples emociones, e incluso por varios estados mentales…

Justo cuando comenzaba a pensar en sus sets como momentos ideales para una especie de meditación en movimiento y mi pequeño censor me susurraba desde el hombro que no lo escribiera, recordé un dato que me hizo pensar que no estaba tan desorbitada la comparación: hace poco menos de una década, Dixon y una maestra de yoga —supongo que su maestra— compilaron un graaan disco de tracks dub y downtempo. Se llamaba Yoga Sessions, y con él, Dixon llevó la música electrónica al ámbito de un tipo de yoga que invita a encontrar frecuencias y ritmos corporales de manera intuitiva. Sí, es un disco apacible, narcótico, pero que también invita a moverse… ¿A fluir?

Si eso hizo en un disco que pretendía poner en sonidos la filosofía y la poética de una práctica orientada a la relajación y el equilibrio emocional, imaginen lo que hará cuando se trata de estimular los cuerpos y la imaginación de la audiencia, de transformarse en rítmico Caronte y conducirnos de un lado a otro de la noche. El año pasado, Dixon llegó al tercer lugar en la famosa lista de RA, un año después de haber asegurado que su mix CD para Live At Robert Johnson sería el último que publicaría. No me sorprendería que en la lista de este año ocupara el primer lugar. Y casi podría apostar que quienes lo escuchen en RA Horizons del próximo 16 de noviembre votarán para que así sea.

@peach_melba