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Música

Spotifai

Cuando el radio salió a la luz, todos los concertistas del mundo pusieron el grito en el cielo. ¿No es exactamente lo mismo con Spotify, Pandora y demás servicios de streaming?

La puta historia se repite, o bueno, más o menos.

Hace ¿qué? 70 u 80 años había también personas que chillaban por la nueva manera de difundir la música: la radio. Ahora escuchamos y leemos a los grandes de la música atacar por todas las aristas lo que está sucediendo con la industria y las nuevas tecnologías de difusión musical. En los tiempos en los que la radio se convirtió en una forma nunca antes imaginada de transmisión, los alegatos se enfocaban esencialmente a que aquel aparato destruiría las formas musicales: estandarizaría la música y todo acabaría siendo igual.

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Y así ha sido; fueron profetas. Gracias al nacimiento de la industria musical en aquellos años, se estandarizó la duración de las canciones que a su vez acabaron por estructurarse en patrones semejantes, tal vez con alguna que otra discordancia, pero que harían que a final de cuentas todo sonara igual. Y todo, en estos días, suena igual. Profetas.

Ellos se quejaron de que esto convertiría a la audiencia en consumidores, en personas más interesadas en asistir al concierto que en disfrutar de la música. ¿Qué no vemos eso en todos los conciertitos que hay? “Quiero que me tomen la foto, quiero que me vean aquí”. Dijeron que dejaría de importar la calidad y que sería la cantidad y en todo caso la figura de la “estrella”, del rockstar pues, lo que más importaría en la música. Dejaríamos de tener buen gusto y altas expectativas, para recibir cualquier cosa que nos arrojasen. En fin. Muy atinados fueron sus escritos con respecto a lo que pasaría con la música.

Thom Yorke, Nigel Godrich y David Byrne, entre seguramente muchos otros, han publicado su desprecio ante los nuevos medios de transmisión musical. En general advierten que Spotify, Pandora y los demás medios de streaming acabarán por alejar a la gente de la música, pues no les dará para sacar para el pan de cada día. Pero si lo pensamos, ¿no habrán sido Spotify y Pandora resultados de análisis de mercado? ¿No habrán surgido de la propia necesidad de los usuarios o de los escuchas? ¿No se habrían dado cuenta de que algo así estaba por surgir mucho antes de que estos sitios y formas fueran formalmente presentados? Es decir, ¿por qué quejarse hasta ahora que ya están funcionando y no antes, cuando la misma industria orilló a la gente a utilizar Napster, LimeWire, Torrents, etcétera?

Lamentablemente Spotify y demás sitios funcionan únicamente para aquellos que ya la hicieron, y sin embargo son algunos de ellos quienes buscan no estar en la biblioteca del streaming. Lady Gaga y Justin Bieber creo que pueden dormir tranquilos, pues son precisamente los retoños de aquello que los de los años 40 hablaban. Ellos siguen haciendo lo mismo para la misma gente. Pero en fin. Parece ser que Spotify y compañía han llegado para quedarse, tal como la radio hizo en su momento. Sí. Por una parte fue catastrófico para una gran parte del desarrollo musical que tuvo lugar en el siglo XX y del cual somos sus bastardos, pero también fue imprescindible para que las bandas que actualmente conocemos y disfrutamos llegaran a nuestros oídos. El internet, junto con todos sus sistemas de streaming, cumplirán con el mismo papel. Por un lado irán destruyendo una gran parte de la música, pero por otro lograrán extenderla, mejorarla. ¿Qué haríamos todos sin nuestras joyitas que encontramos en SoundCloud, o previamente en MySpace, o precisamente en Spotify?

Desde hace tiempo entramos en una nueva etapa de quién sabe qué chingados, pero por bueno o por malo que sea Spotify y, sí, el Internet, hará cambiar todo –porque además ya lo está haciendo y ya lo ha hecho– lo que rodea a la industria musical, a excepción, claro, de la simplicidad de ella. Sin embargo, lo bueno, a diferencia del radio, es que nos presenta con diferentes y literalmente alternativos proyectos musicales que de ninguna otra manera podríamos conocer.