La vez que fui al Factor Xs

"Ese día me juré a mí mismo que nunca iba a volver a ir a un reality show en mi vida".
13.6.16
Foto Captura de YouTube

Me imagino que aún recuerdan cómo a mediados de la década pasada el formato del Factor X, ese reality inventado por el inmamable Simon Cowell, llegó a Colombia para convertirse en un fenómeno mediático. Todo el mundo se la pasaba pegado al televisor cada noche. El seguimiento de la audiencia fue minucioso y se encargó de alimentar el rating desde las audiciones que se hacían en varias ciudades del país y a donde iban un montón de locos por sus quince minuticos de fama, hasta las “galas”, las eliminaciones, los “campos de entrenamiento” y esas peleas mega libreteadas entre los jurados. Todo funcionaba, la máquina de hacer plata estaba rodando, mientras la gente se enamoraba perdidamente de alguno de los concursantes, o se sensibilizaba con ese discurso hiper explotado en el que una persona en desgracia busca la manera cumplir sus sueños por medio de nuestros votos -obviamente pagados por mensaje de texto-.

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Una de las cosas que más me llamaba la atención del programa eran los jurados. Una trilogía compuesta por la cantante y reina popular Marbelle; por Juan Carlos Coronel, conocido por "Patacón pisao", un clásico de la salsa ochentera; y por José Gaviria, productor de baladas románticas que jugaba el papel del cabrón al estilo Simon Cowell. Realmente eran tres personajes con unas carreras en declive que, para los ojos de los colombianos y gracias al show, se transformaron en las autoridades musicales máximas de nuestro país. ¡Qué equivocados estábamos!

El éxito fue rotundo. Con la primera edición del Factor X en el 2005, el programa se convirtió en el séptimo programa más visto en la historia de la televisión criolla. Quizás por eso, un año después, los de RCN se pensaron el Factor Xs que era básicamente la misma vaina, pero con concursantes niños, o como ellos los llamaban: “las proximas estrellas musicales de Colombia”. Fue otro gol y la primera edición la ganó Andrés Hurtado, un pastuso que cantaba rancheras y se vestía como mariachi para sus presentaciones. Y aunque RCN le grabó un disco, como sucede normalmente en estos realities, nunca pasó nada con su carrera musical. Lo último que se supo es que se volvió fisicoculturista y se entregó a “los caminos del Señor”.

Andrés Hurtado en el Factor Xs.

Cuando empezó la segunda temporada, por allá en el 2007, no había nada más popular entre los niños de mi edad. Yo estaba en séptimo de bachillerato y me acuerdo que incluso una de mis compañeritas llenó el formulario de inscripción. Se presentó para el casting en Bogotá y no pasó porqué le dijeron que el concurso era para darle una oportunidad a gente de escasos recursos. O algo así. Como sea, todos vivíamos pegados al Factor Xs y cuando se acabó la parte de las audiciones y empezaron las “galas” -que era cuando los concursantes se presentaban en vivo para la televisión- me llegó la oportunidad de presenciar semejante hito en vivo. Era una invitación que no podía rechazar.

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El papá de una prima era uno de los camarógrafos del programa y nos dijo a mi prima, a mi hermana y a mí que fuéramos a ver el concurso en vivo. Ellas, como casi todas las niñas, se morían por Camilo Echeverry, que era algo así como el Justin Bieber criollo de la época. A mi me gustaba Greeicy Rendón, una caleña que estaba en el programa, que hoy en día está hecha una diosa y es novia de alguno de esos reggaetoneros que andan de moda.

Cuando el día por fin llegó sentía una emoción tan grande que podría ser equivalente a que hoy en día me dijeran que me van a llevar a un concierto de Radiohead. Recuerdo que antes de salir para los estudios de RCN, mi hermana y mi prima hicieron una pancarta gigante en apoyo a Camilo y otra que no me acuerdo que decía. A mí me daba mucha curiosidad ver cómo era ese estudio repleto de utilería en forma de X y luces de colores que veía todas las noches en televisión.

Cuando llegamos a allá la fila era impresionante. Gente de todas las edades, parada una detrás de la otra, llegaba a ocupar unas tres o cuatro cuadras. El sistema para ingresar al estudio era básicamente por orden de llegada y cuando se llenaba, ya no dejaban ingresar a más personas, excepto, claro, si uno estaba metido en la rosca, como nosotros. El papá de mi prima nos llevó hasta la entrada y pude ver cómo la gente nos miraba con rabia, ¿quién sabe cuantas horas llevaban ahí parados anhelando ver a sus ídolos del momento con todas sus pancartas, camisetas, gorros y parches?

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Fuimos de los primeros en ingresar a la sede del canal y, pegado a la puerta del estudio, había una cabina de fotos para que la gente se llevara su fotico de recuerdo de cuando fue al Factor X. Seguimos derecho y, una vez adentro, nos sentaron en los puestos que están justo detrás de los jurados. Me decepcionó un poco que el set fuera mucho más pequeño en la vida real que en televisión. Luego nos presentaron a Laura Acuña, nos tomamos fotos con ella y hasta le pedimos su autógrafo. Era toda la experiencia VIP en el Factor Xs. Se sentía como tocar el cielo con las manos.

El estudio se fue llenando, en su mayoría por familias que iban desde la abuelita hasta los niños pequeños. No pasó mucho hasta que los jurados aparecieran como todas unas divas y los asistentes empezaran a gritar histéricos, como si hubieran visto algún tipo de ente divino. Y así, minutos antes de que empezara el programa, nos explicaron que encima de nosotros había un panel que se encendía cada vez que nos tocaba aplaudir, pararnos o sentarnos. Y que no nos podíamos mover de nuestras sillas mientras las cámaras estuvieran rodando. Todos obedecíamos juiciosos lo que nos pedía aquel tipo con un carisma y un porte parecido al de Jorge Barón que también cumplía el rol de animador cuando el programa se iba a comerciales.

Ahora no recuerdo muy bien de quiénes concursaron esa noche, pero desde que salió Andrea Serna -la presentadora-, esa pequeña tarima en forma de X encendida con colores pastel fue testigo de cómo pasó niño por niño a cantar. Los covers de Reik, Ricardo Montaner, Franco de Vita, Alejandro Sanz y Diego Torres, volvieron loca a la gente. Y también, entre canción y canción, se proyectaban en las pantallas que quedaban detrás del escenario alguna entrevista con los papás o los amigos del participante en el que decían que era lo mejor, que era un bendecido y todas esas cosas con que logran tocarle la fibra sensibile a la gente, motivándonos de paso a pagar los $1500 pesos que costaba el voto.

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La parte más impresionante fue cuando le tocó el turno a Camilo y se empezaron a levantar todas las pancartas -incluída la de mi hermana y mi prima- y los gritos de: “¡Papasitooooo, te amo!”. Era la típica histeria tipo boy band. Y ahí estaba yo, levantando esa cartulina dedicada a un niño del que no tenía ni puta idea, pero que todo el mundo adoraba parado detrás de Marbelle, José Gaviria y Juan Carlos Coronel.

Camilo Echeverry en el Factor Xs.

¿Qué putas estaba pasando por mi cabeza?

Supongo que en el momento se sentía bien y estaba totalmente contagiado por lo que veía a mi alrededor. Obviamente Camilo terminaría ganando el Factor Xs unas semanas después y, aunque desde entonces ha intentado tener una carrera en el mundo de las baladas pop, no le ha ido tan bien como seguramente se imaginaba en ese entonces. Aunque si se le abrieron las puertas como presentador.

Finalmente, cuando el programa se acabó, salimos felices. Fui VIP en el programa más visto del momento. Quisimos tomarnos una foto en la cabina de la entrada, para atesorar el momento, pero ya había una fila eterna y al otro día había que ir a estudiar. Nada que hacer. Cuando llegué al colegio emocionado a contar toda mi historia, mis amigos del colegio me contaron que había aparecido un montón de veces en el capítulo, parado con una una pancarta de apoyo a Camilo detrás de los jurados. Quizás ahí caí en cuenta de lo que había hecho y ese día me juré a mí mismo que nunca iba a volver a ir a un reality show en mi vida.