Comida

Los robots están en la cocina pero no para robar empleos

Si bien la automatización en la comida rápida no es nada nuevo —es inherente a su modelo de trabajo— cada vez hay más tecnología para el servicio que para la cocina, modernizando la experiencia del cliente. La tecnología touch y la inteligencia artificial sensible están renovando el servicio rápido en los restaurantes de la misma forma que el servicio para autos lo hizo en las décadas de los 40 y 50.

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Hasta ahora, los beneficios para los clientes son evidentes: respuesta rápida, personalización más sencilla y el atractivo inherente de lo digital, al menos para los millennials quienes se inclinan bastante por las órdenes a través de dispositivos electrónicos, como ya fue comprobado por la directiva de Wendy’s y Panera.

Los beneficios para las compañías de comida rápida también son predecibles, aunque problemáticas por sus implicaciones laborales. La «precisión mejorada» de las órdenes es un gran punto a favor, según Blaine Hurst, Jefe de Transformación y Crecimiento para Panera.

Resulta que también es muy fácil trabajar con las máquinas. Andrew Puzder, CEO de Carl’s Jr. y Hardee’s y excandidato a secretario de trabajo para Trump, lo dijo bien claro en marzo del año pasado: «Siempre son amables, venden más, nunca toman vacaciones, no hay accidentes por su torpeza y nunca hay casos de discriminación por sexo, edad o taza».

Sin embargo, el incentivo más importante para alentar la automatización es que varios estados propusieron un aumento de salarios. Si bien un aumento de sueldo no ha sido demandado a nivel nacional —y no es probable que lo haya, dadas las opiniones de Trump y los republicanos que controlan al Senado y la Casa Blanca—; California, por ejemplo, pretende aumentar el salario mínimo a $15 dólares la hora para enero de 2022.

Como Puzder dijo a Business Insider en 2016, «Si encareces el trabajo y abaratas la automatización, no es difícil resolver la ecuación». Añadió, «Si el gobierno incrementa el costo del trabajo, reduce el número de empleos».

Cómo Flippy robot ve la comida. Foto cortesía de Caliburger.

Entonces, ¿eso significa que habrá escasez de trabajo en la industria de comida rápida? El dr. Chris Tilly, director del Instituto de Investigación de Trabajo y Empleo de la UCLA, dice que probablemente no. Al menos a largo plazo.

«Históricamente, en la economía estadounidense, siempre hay nuevas fuentes de empleo», explica. «Ahora bien, las cosas siempre pueden cambiar. En los últimos 200 años, desde que la industrialización llegó al país, la tendencia es que la automatización elimina trabajos, pero también abre nuevas oportunidades».

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Por ejemplo los acomodadores en estacionamientos que pronto se acabaron y fueron reemplazados por los trabajadores de ventanillas en el autoservicio. Si bien la inteligencia artificial fue propuesta como un cambio exponencial en nuestra cultura —y puede ser que sí lo sea— la economía no se desplomará por los Uber sin choferes o las cafeterías sin baristas.

El dr. Tilly también señala que en la comida rápida «los kioskos automáticos crearán algunos trabajos: gente encargada de los kioskos, personas que arreglen las máquinas o controles computarizados, gente que proporcione seguridad», por ejemplo.

De manera que, si bien las preocupaciones acerca de la cantidad decreciente de empleos quizá sean infundadas, la calidad de los futuros empleos es otro tema; y el futuro no se ve tan brillante. Los trabajadores de comida rápida —generalmente demografías sin educación o con desventajas socioeconómicas y sin preparación en tecnología— tienen poco que ofrecer a cambio de trabajos que paguen bien y no los traten mal.

Una pantalla táctil con opciones de alimentos en un Mac Donald’s de Los Ángeles en 2015. Foto de Ben Parker Karris.

«No son muchos los empleos donde los requisitos de habilidades sean modestos, pero puedes ganar un salario decente», dice el dr. Tilly. «Pero tienden a estar dentro de industrias donde los sindicatos son relativamente fuertes». Se refiere a los trabajadores de almacenes en UPS, así como algunos trabajos de venta a minoristas. Por ejemplo, Costco que «ofrece salarios más altos y mejores beneficios, y a cambio aplica una reducida rotación de trabajadores y mayor productividad». Añade que algunos trabajadores de servicio dentro de instituciones más grandes cuentan con esta estabilidad. Por ejemplo, los conserjes y trabajadores de cafeterías en las escuelas.

Pero pronto señala que, «por cada ejemplo de salario alto, hay una alternativa con salario bajo que ha estado ganando terreno: los trabajadores de cafeterías y limpieza externos de FedEx y Amazon, Wal-Mart».

También hay una industria creciente de cuidado personal y de la salud que está abierta a recibir exceso de trabajadores de otras industrias. Las niñeras y cuidadores por lo regular hacen un trabajo intensivo y necesario, pero no son bien recompensadas. Muchos de estos empleos no requieren certificados (comparado con las enfermeras, por decir algo) y usualmente se les ofrecen beneficios limitados, incrementando las rotaciones.

Entonces, ¿cuál es la solución para ofrecer trabajos mejores, con más paga y más estables para los trabajadores?

En resumen, una regulación del gobierno (sí, un salario mínimo más alto) y sindicatos más fuertes, justo lo que gigantes de la industria como Andrew Puzder no quieren.

En su investigación, Tilly y su equipo analizaron la tarifa en otros países. Como era predecible, Europa occidental fue por mucho la mejor.

A customer retrieves an order from a cubby at Eatsa, which boasts a human-free ordering and pickup system. Photo courtesy of Eatsa.

Dinamarca, por ejemplo, disfruta de un mercado laboral robusto porque existen negociaciones colectivas virtualmente universales. Básicamente, todos forman parte de un sindicato. Esto empodera a los empleados para exigir salarios más altos sin el temor de ser despedidos. El mercado comercial danés tiene muchas similitudes con la comida rápida: es una industria altamente cambiante debido a la fuerza de trabajo sin educación (quizá sin grado universitario e incluso sin preparatoria) y posiblemente sin contar con habilidades técnicas. Sin embargo, Dinamarca ha sido capaz de hacer que la industria apoye más o menos al trabajador.

Los trabajadores en Francia perciben ganancias similares (trabajos más estables y mejor pagados), porque su gobierno se ha encargado de regular los salarios. Esto significa que los trabajadores franceses disfrutan de salarios mínimos más altos.

Sí, así es: la gente puede ganar salarios decentes sin colapsar la economía nacional. Incluso en EE.UU., a pesar de las amenazas que conservadores como Puzder han lanzado.

«Investigaciones desde 1990», explica Tilly, «por lo general señalan que no ha habido pérdida de empleo asociada con el incremento de salarios mínimos», dice. Básicamente, si la economía se mantiene relativamente alta (sin otra recesión), un incremento del salario a $15 dólares por hora podría retrasar la creación, pero no causaría la pérdida de empleos .

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Pero no te emociones mucho, porque $15 dólares por hora en 2023 (como California pretende) será un salario mediocre en casi todas partes. «Seguiría por debajo del salario mínimo histórico como en los 60 y 70 después de tomar en cuenta la inflación», opina Tilly. «El salario mínimo se ha reducido tanto gracias a los ajustes hechos por la inflación, que no hay manera de que incremente y no afecte de manera negativa el empleo. Ahora, incrementar qué tanto es el verdadero meollo del debate».

Aún si los trabajadores ganaran la Lucha por $15 a nivel nacional, la mayoría de las compañías quizá recuperen ese costo extra aumentando los precios. «Históricamente, cuando McDonald’s, Wendy’s o Taco Bell se enfrenta con un aumento del salario mínimo, mucho se recupera con los precios para el cliente», dice Tilly. En general, los clientes de establecimientos de comida rápida pertenecen a una clase media más sólida que los empleados detrás del mostrador; así que la distribución natural de la riqueza, incluso si no fluye desde las ganancias de ese Uno Por ciento, es algo con lo que podemos estar en paz.

Entonces, está claro que en lo referente con la automatización, el debate de salarios y la comida rápida las cosas se complican. Al final del día, no son los robots o las interfaces digitales las que arrebatan los empleos. Siempre habrá trabajo, incluso si la naturaleza de éste cambia. La mala paga no. Finalmente, depende de las entidades de gobierno regular las empresas para mejorar los empleos existentes y volverlos más estables.

Por supuesto, dada la actual presidencia, habrá que contar con mucha suerte.

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