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La cacería de covers no es perjudicial para la salud

Dudo que la obsesión por encontrar versiones lo lleve a la locura – o tal vez— pero eso sí, encontrará cosas que ni sabía que existían.
13.6.16

*Nota: Antes de empezar, asegúrese de tener unos audífonos a la mano para que disfrute mejor la experiencia.

La magia del cover aparece como esa búsqueda de salirse de lo que está dicho, de lo que suena bien, de las restricciones y de esa posibilidad de liberarse de todo. Como músico, como artista, como oyente, el cover sirve para contar la misma historia con el encanto de lo impredecible, que ocurre solamente cuando se escucha por primera vez algo. Entonces sucede tal renovación de un tema que, sin darse cuenta, lo deja a uno alucinando frente al encuentro casi misterioso del esqueleto de una canción ‘vieja’ que tanto ama con la cubierta de una nueva piel.

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El uso del término cover musical se oficializó hacia finales de los años cincuenta y principios de los sesenta. Algunos les gusta más utilizar la palabra ‘versión’ —o su acción— ‘versionar’, pero lo que es claro es que no hay vuelta atrás y es innegable que el arte de componer o crear covers tiene su ciencia.

Parte del encanto de un cover está en el recicle, que es como convertirse en una especie de Einstein musical. Es encerrarse a buscar todas las combinaciones posibles para armar y crear un nuevo sonido a partir de una idea ya existente (la canción original). Y aunque no se llegue a una teoría de la relatividad, no queda duda de que lo que surge de este experimento puede ser tan llamativo y fascinante como la canción base. Por ejemplo, este caso de “Rocket Man” de Elton John:

El proceso de reciclar será más fácil para unos y más difícil para otros, porque siendo sinceros hacer un cover exige conocer el tema de pies a cabeza. Haberlo escuchado unas 2.000 veces por gusto propio, haber tarareado la línea de las trompetas en el baño, hacer las mismas caras como si uno la escuchara por primera vez, regresar al minuto 2:00 para escuchar el mismo solo de guitarra que ha repetido centenares de veces, fijarse en esos detalles que a nadie le importan, enamorarse de la forma como el cantante dice una palabra en el primer coro y, por supuesto, lo que lo delata finalmente: que otros estén aburridos de esa canción por su culpa.

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Entonces tal vez pase algo como esto.

Entre la lista de covers imperdibles, no puede faltarle la versión de los Cardigans de “Iron Man”, original de Black Sabbath,¿por qué? Fácil: Esta banda de Estocolmo de verdad pulveriza todo el tema hasta dejarlo con otra cara. Algunos ‘científicos’ le llaman a este fenómeno rendition cover, pero también se puede utilizar otra técnica aprobada, mimic cover, que es casi como volverse la fotografía de la versión original. Una muestra de estos hallazgos de la ciencia, es la versión de esta bandota que alguien se encontró por ahí en una parte del mundo, tocando “Owner of a Lonely Heart” de Yes.

La variedad es otro de los encantos de este arte, incluso la voz de América Latina, Mercedes Sosa, entra en el extenso universo de los covers con una canción tremenda y una versión, también, tremenda.

Ya podrá notar usted que uno puede quedarse enlistando montones de versiones y entonces sube el nivel de cazador de covers. Dudo que esta obsesión lo lleve a la locura – o tal vez— pero eso sí, no tendrá forma de aburrirse y se encontrará con cosas que ni sabía que existían, como la versión de Travis de “Baby One More Time”.

y poderosos covers de Daft Punk como este:

Un día de pronto decida lanzarse a hacer un cover para delirar. Mientras tanto, no queda más que abrir los oídos, limpiarse de prejuicios y dejarse cautivar.

Como regalo final.

"Take Me To The River" de Al Green por Talking heads.

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