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Las primeras grabaciones de la voz humana no las hizo Thomas Alba Edison

Sólo es una más de ésas veces en las que pensamos que lo sabemos todo y que lo tenemos todo y pues resulta que no.
11.2.15

George Gouraud y reportero con fonógrafo. 5 de Octrubre, 1888.

Sí, sí, ya desde hace mucho salió el artículo que lo dice, pero apenas hasta hoy me entero. En realidad ni tenía absoluta idea al respecto. Y coincide con el día en que por ahí salió también un artículo que habla sobre una teoría que dice que en realidad el Big Bang no sucedió. Pero quién sabe. En este caso el que sale perjudicado es Thomas Alba Edison. O bueno, no perjudicado, sino señalado. Bueno, tampoco. Sólo es una más de ésas veces en las que pensamos que lo sabemos todo y que lo tenemos todo y pues resulta que no. Yo no tenía idea de nada, como ya dije, pero vamos…

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Cuatro mil personas fueron grabadas en lo que se reconocía hasta hace unos años como el primer registro sonoro de una voz humana. Bueno, cuatro mil (supuestamente). Sucedió en Crystal Palace, en Londres, y fue grabado por un agente de ventas que distribuía los productos Edison en Europa. Si te interesa su nombre, George Gouraud lo era. Entonces, podrás escuchar aquí, al parecer, cuatro mil voces cantando en un festival que conmemoraba algún número de años desde la muerte del compositor alemán que luego acabó siendo medio británico. Fue el 29 de junio de 1888.

Pues sí, hasta hace poco tiempo se pensaba que ésa era la primera grabación sonora de la que la humanidad tenía noticia. Pero no. Un tipógrafo francés desconocido y muy ocioso acabó construyendo un objeto muy peculiar que permitía grabar las ondas sonoras en papel. El único problema con este artefacto es (porque aún existen algunos por ahí) que no permite escuchar las grabaciones. Parece raro, pero no, sino que una de las intenciones de, ahí les va el nombre, Édouard-Léon Scott de Martinville, era ver –literalmente ver– ondas sonoras. También quiso ver qué rollo con la voz y tal vez dejarle a alguien más la chamba de descifrar lo que alguna vez grabó, lo cual pasó hace unos 7 años… pero no me adelanto.

Eduardo León inventó un aparato al que llamó fonoautógrafo (Alexander Graham Bell, “el del teléfono”, haría una réplica un tanto mórbida años más tarde). Lo patentó en 1857 y más o menos es una copia del oído humano. Ahí va una rápida descripción: el sonido entraba por una especie de barril. Las vibraciones, porque el sonido es pura vibración, golpeaban un diafragma (como el de los micrófonos) que estaba en el otro fin del barril. Éste, a su vez, movía una madrecilla, pongámosle una pluma, que raspaba hollín sobre una hoja de papel. La voz quedaba registrada en una línea. Entonces así quedaron plasmadas algunas grabaciones. Las, hasta ahora, primeras grabaciones de voz humana que se tienen.

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Pues bien, gracias a las computadoras y un buen software y demás, unos investigadores y científicos gringos fueron capaces de descifrar esas ondas grabadas en papel, quitándole así la medalla a Edison junto con su tonta cera.

En un inicio, los investigadores no supieron muy bien cómo descifrar las líneas en las hojas. Como si se tratase de un vinil en un tocadiscos, estas impresiones deben ser tocadas a cierta velocidad. Las primeras interpretaciones sugirieron a una mujer cantando “A Claire de la Lune”, pero en realidad este Eduardo León estaba muy adelantado para su época e incluso para la nuestra, porque hasta los investigadores la cagaron… Lo que hizo de Martinville fue tocar un diapasón antes de cada una de las grabaciones. Este diapasón estaba afinado a 440hz, que es un poquito más que los 432 Hz, frecuencia que generalmente se utiliza para afinar instrumentos (también conocido como La). Recordemos que Éduard Léon nunca tuvo la intención de reproducir sus grabaciones, pero esto podría significar que el señor tenía la idea de que algún día alguien podría decodificar o interpretar aquellas líneas. En fin. Los investigadores no se dieron cuenta de ello, y así, las primeras interpretaciones que se escucharon de las líneas sugerían la voz de una adolescente o de una mujer cantando porque estaban tocando la canción muy rápido.

Fue hasta un año después del descubrimiento de estos papeles que notaron el diapasón sonando al principio, por lo que pudieron calibrar las cosas en su software maravilloso y se dieron cuenta de que en realidad era una voz masculina. Se dice que es la del propio Scott de Martinville, y es muy probable que lo sea. Scott se encargó de repetir el ejercicio en varias ocasiones y con diferentes tonaditas y cancioncitas, todas ellas en 1860. Existe una de 1857, “Jeune Jouvencelle”, pero no cuenta con el diapasón al principio, por lo que no se ha logrado escuchar en su velocidad original.

Y quién sabe. En una de ésas pasado mañana se encuentran otras grabaciones más viejas, pero por mientras, éstas, ahora sí, son las primeras de las que tenemos noticias. Disfruten.

Santiago es un genio y puedes leer el resto de sus textos aquí para comprobarlo. O lo puedes seguir en Twitter: @santsolo