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Música degenerada: de cómo Hitler usó la música para su idea de nación

El jazz lleva a los negros a la victoria. Y todos las piezas que tenían títulos medio "judíos" se "arianizaban". Tal cual.
18.9.14

Bastante conocida es una exposición que alguna vez tuvo lugar en la Alemania nazi. Si no te suena, su nombre fue Arte degenerado y reunió cuadros que los señores nazis consideraban pues degenerados, indignos y ridículos, entre muchos otros calificativos similares. Y bueno, si unas pinturas, esculturas y demás podían, según ellos, poner en peligro la estabilidad del tercer Reich, a esta altura podría resultarnos más que obvio que la música generara la misma sensación. Y más porque el Hitler tenía una suerte de obsesión con la música. Hubo entonces, una exhibición en 1938 que se llamó “Música Degenerada” y pues más o menos consistió en lo mismo que aquélla que albergó pinturas de Nolde, Klee, Kandinsky y Chagall, sólo por nombrar a algunos.

No cabe duda de que los nazis tuvieron una curiosa actitud hacia la música. La usaron en la forma que quisieron y en la que mejor les convino… Por ejemplo, en alguna ocasión escribí sobre cómo un tal Charly y su orquesta lograron convencer a Goebbels, director del ministerio de propaganda nazi, para utilizar el jazz como arma en contra de las tropas de los aliados. Fue una manera de seguir tocando jazz (porque fue prohibido) mientras escribían letras hilarantes que entretenían a Churchil.

Otro curioso caso fue el de lo que hicieron con el compositor Handel, a quien puedes reconocer por temas como el de Zadok the Priest –se basaron en él para componer el himno de la Champions– o el de Rinaldo, que parte de él suena en El Anticristo mientras William Defoe y Charlotte Gainsburg le están poniendo y el hijillo se les cae por la ventana y todo el desmadre comienza.

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Así pues, a pesar de que Handel había terminado nacionalizándose inglés porque mucha de su música fue escrita para la realeza inglesa de aquellos años (principios y mediados del siglo XVIII), los nazis buscaron apropiarse de sus obras, pero ¡oh sorpresa! muchas de ellas están basadas en cachos del Viejo Testamento y pues ¿cómo vas a poner a los nazis a glorificar al rey David? No. Eso hubiera sido una catástrofe. Entonces se dedicaron a cambiarle los nombres a sus obras o, como por ahí dicen, “arianizarlas”.

Así, por ejemplo, Judas Maccabeus, que suena bien judío, fue cambiado simplemente a El General, que suena más bien nazi. El héroe en la historia original, Judas Macabeo, fue transformado en un héroe militar… un dictador mejor dicho… en fin, en 1939 aquella figura judía que tal vez lideró alguna hipotética revuelta hace supuestamente quién sabe cuántos años, se acabó convirtiendo en una representación más bien heroica de Hitler. Otro caso que también fue arianizado fue el de Israel en Egipto que sería cambiado por Furia Mongola. Ahí se iba a cambiar el éxodo judío de Egipto por la invasión mongola a Rusia, pero al parecer a la mera hora ya no pudieron estrenarla y menos aún porque estaba pensada como tema celebratorio para la victoria nazi de la guerra, que como sabemos, nunca llegó. Algo similar sucedió con la figura de Mozart, pero en esta ocasión ya no podré ahondar en el tema, pero hay un buen libro por ahí que habla al respecto. De cualquier forma, no queda más que decir que estos tipos llevaron todas las cosas al extremo.

Volvamos al tema en cuestión: hablemos de la exposición. Bueno, vayamos orientándonos hacia ella… En realidad esta exposición fue parte de un festival que buscaba enaltecer a la cultura germana. En este sentido, las acciones de censura de los nazis fueron un tanto diferentes a la de los soviéticos con Stalin. Nos podemos dar cuenta con lo que sucedió con Handel: los nazis se preocuparon más por encontrar cosas que pudieran dignificar lo germano y lo güerito… por eso quizás buscaron apropiarse de todo lo que había sido creado en el territorio alemán y pues Handel fue parte de ello. En fin. En la ciudad de Dusseldorf tuvo lugar un festival de música germana, el Reichmusiktage. Duró unos cuantos días, y dentro de él tuvo lugar la mentada exposición de Música degenerada, que básicamente era música compuesta por judíos, por judíos conversos al luteranismo o de negros que pudieran revivir las escandalosas actitudes que se generaron durante la década de los 20 con todo su jazz y su swing, así como música bolchevique (rojilla), abstracta y/o “anti-teutónica” (cualquier cosa que eso signifique).

Un dramaturgo alemán, un tal Hans Ziegler, fue el curador de dicha exposición. Al parecer no tenía mucha idea sobre la música, así que su selección estuvo meramente basada en especulaciones, prejuicios e ignorancia… Pero bueno, era nazi, así que esto no debería sorprendernos. Entonces, básicamente, la exposición albergó música compuesta por judíos y no judíos: Arnold Schoenberg, Gustav Mahler, Felix Mendelssohn (que él fue el judío converso al luteranismo), Alban Berg, Hanns Eisler, Ernst Krenek, Igor Stravinsky y otros más que fueron y no fueron jazzistas y compositores.

En general, la exposición se trató más de representaciones visuales de los músicos y de los estilos musicales de los que se buscaba ridiculizar, pero también podías escuchar alguno que otro extracto musical. Y pues sí, todos los músicos y compositores que “formaron parte” de la exposición fueron prohibidos en todo el territorio alemán. De la prohibición se pasó a la persecución, por lo que muchos de ellos acabaron abandonando Alemania.

Ziegler inauguró la exposición con las siguientes palabras, que más o menos describían la idea básica de Entartete Musik (ése es su nombre en alemán): “Lo que está reunido en esta exposición no es sino una efigie de maldad, una efigie de la impudicia y arrogancia judía recargada de un completo vacío espiritual.” Por otro lado, el mismo organizador pensaba que el jazz y el swing estaban llevando a los negros a la victoria. ¿A cuál? No sé, pero el delirio durante esa época en Alemania estaba a flor de piel. Estas palabras acompañadas por la actitud antisemita y racista se irían de paseo por un par de ciudades alemanas e incluso llegarían a presentarse en ciudades que fueron invadidas por los nazis. El punto era hacer ver a la gente que todo salvo lo germano estaba mal. Pero un año más tarde empezó la guerra y el chistecito se les echó a perder. Entertate Musik fue abandonada y no sería revivida sino hasta 1988 cuando un musicólogo alemán se topó con ella en los archivos. Durante varios años estuvo dándole vueltas al mundo, pero al parecer se ha vuelto a dormir por ahora.

Los nazis buscaban darle un carácter a su nación. O algo así. Y lo buscaron hacer erradicando al otro, al diferente. Y suele ser la mejor opción en muchas ocasiones el pensar que uno está bien y es el otro el que está mal. No es raro, por lo tanto, que Wagner y su mitología germana presente en sus obras se hayan convertido en el bastión de la cultura musical alemana durante el nazismo y que eventos como el Entertate Musik y el Entertate Kunst hayan tenido lugar en aquellos años.