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Redescubriendo a Carla Morrison

Después de cuatro ajetreados años, Carla Morrison decidió tomar un largo descanso para redescubrirse a sí misma. Lo que salió de él es su álbum más obscuro y distinto a la fecha.
5.11.15

La historia de Carla Morrison es completamente diferente a cualquier otra que haya habido en la historia del “rock” o el “indie” en México. En un par de años, Carla pasó de ser una artista desconocida de Tecate, Baja California, a alguien que causaba conmoción en cualquier lugar que se presentaba, agotando fechas de inmediato, repitiendo presentaciones en el Vive Latino en años consecutivos, y teniendo uno de los discos más vendidos en el país. Pero esos cuatro años de locura que la convirtieron una artista independiente súper exitosa pasaron factura sobre de ella, y en el 2013 decidió detenerse por completo y tomarse unas merecidas vacaciones.

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Fue entonces cuando Morrison empezó a intentar redescubrise a sí misma. Después de toda esa intensidad que había vivido, ¿cuáles eran sus intereses reales? ¿Qué es lo que quería de su vida? ¿Quién era realmente ella? Carla se olvidó por completo de la rutina en la que había quedado atorada y empezó a vivir una vida ordinaria, sin muchas preocupaciones: aprendiendo a cocinar y a hacer mil cosas a través de tutoriales de YouTube, tomando un curso para emprendedores para manejar mejor su negocio (ella misma), y, más importante que todo, mudándose temporalmente a Playas de Tijuana, Baja California, en donde grabó Amor supremo, su flamante tercer álbum de estudio.

Amor supremo es un cambio total en el sonido de Morrison: atrás quedó el folk empalagoso que caracterizaron sus primeros dos LPs y EPs, y en vez de las guitarras y piano ahora hay sintetizadores y cajas de ritmo. No que este nuevo álbum esté enfocado en la pista de baile; las canciones siguen siendo baladas melosas, sólo que con un sonido etéreo, envolvente, y mucho más obscuro, creando así un viaje completamente distinto a lo que uno estaba acostumbrado a escuchar de su parte. El disco, que fue publicado hoy, ya ha empezado a recibir reseñas extremadamente positivas de medios completamente inesperados, como el New York Times y Pitchfork (quien le dio un 8.0 de calificación, una cifra extremadamente alta considerando sus estándares).

Platicamos con Carla sobre la génesis de este disco, la dificultad de ser una artista independiente, y qué podemos esperar de sus próximos shows en vivo, y esto es lo que nos dijo.

NOISEY: ¿Qué hiciste en estos tres años en los que no publicaste nada nuevo?
Carla Morrison: Pues en realidad lo que pasó fue que este último año y medio me lo tomé de descanso, porque estaba muy enfadada, muy harta. Me quise salir de la ciudad, y nos fuimos a Playas de Tijuana; renté una casa ahí, a grabar el disco. La idea eran tres meses, y se convirtieron en ocho. Lo hicieron Alejandro y Demian Jiménez, son hermanos, y todo lo hicimos a través de sintetizadores, con una formación completamente diferente.

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Yo tenía ganas de algo diferente; estuvo muy intenso, nunca me había tomado tanto tiempo grabando un disco, lo más dos meses, pero ocho meses fue muy intenso, y aparte de eso me dediqué a descansar, a emborracharme, a pasarla bien, aprendí a cocinar, descubrí el mundo de los tutoriales… O sea, como que volví a ser yo. Volví a reconocerme, a saber quién era yo, mi mensaje, mis intereses.

¿Llegó un momento en el que sentías que sólo estabas haciendo las cosas por inercia?
Ajá. Sí, porque era trabajar, trabajar, trabajar. Y siempre salía una oportunidad a la que no podía decir que no. “Carla, quieren que vayas a Rusia.” Así como, pus vamos. Y estaba agradecida, pero estaba muy cansada. Muuuy cansada. Y tenía como tres, cuatro años sin parar. No tenía vida.

¿Y cuando paraste no sentiste pánico en algún momento?
No. Nooo. Sentí alivio, felicidad. Sí sentía raro, porque no estaba en el work mode, pero sentí mucho alivio.

Y entonces se mudaron a Tijuana ocho meses.
Sí, a Playas de Tijuana. Las rolas ya estaban hechas, tenía como treinta rolas…

¿Cuándo las hiciste?
Durante la gira. Aparte yo no compongo tanto, yo compongo como una rola cada dos meses, entonces tenía como 30 y ya de ahí empezamos a hacer todo. Nos fuimos a comprar equipo —porque como soy independiente yo soy la que tiene que conseguir todo eso— y ya de ahí se empezó a armar. Alejandro más como en el Prophet, en cosas más así de teclados y máquinas, y Demian en el Live, haciendo las secuencias.

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¿Y tú fuiste la que tuvo la idea de cambiarte a sintetizadores? Me imagino que tus canciones las compusiste normal, con una guitarra, y no tenías idea de a dónde iban a ir. ¿Cuándo fue que tomaste la decisión?
Mmm, creo que la tomé porque me estaban gustando mucho diferentes tipos de música…

¿Qué estabas escuchando?
Uff, pues un montón de cosas… En ese momento no me acuerdo, pero por ejemplo, ahora me gusta mucho Ghost Loft, Milk and Bones, Patrick Watson… No sé, como diferentes.

La verdad no fue como planeado, sólo le dije a Ale y a Demián “Quiero algo distinto. Quiero que sea más movido, y quiero que demuestre quién soy yo ahora, porque siento que no estoy terminando de dar ese mensaje, porque no me tomo el tiempo de construirlo.” Todo era como “¡Ya! ¡Sacamos disco! ¡Hay que hacer promo! Ahhhhhh”. Entonces no había tiempo de aterrizarlo.

La portada de ‘Amor Supremo’

¿Cómo te representa este disco a comparación de los pasados?
Siento que representa una madurez emocional y mental, y espiritual también, porque ya no siento ni miro el amor de la misma manera, ya no pienso en mi música de la misma manera, espiritualmente tengo una diferente ideología de lo que yo creo, o vivo, o de cuál es mi filosofía de vida, o mi verdad, o como le quieras llamar. Y siento que es mucho más profundo. No sé, como que empecé a hacer muchos cuestionamientos existenciales y de ahí me fui agarrando.

A mí me suena muy atmosférico, muy espacial, y como que no sólo estoy apuntando, sino también estoy aceptando que yo también la cagué. Entonces eso me gusta, porque siento que es un poco más poético; creo que estoy hablando de la parte de la relación en la que empiezas a andar con alguien, y todo es como “Ay sí, te amo, yo también”, y luego duras con esa persoa años y empieza a haber cosas que no te gustan, no sabes si lo quieres o no, y luego te peleas y te caes bien gordo, y siento que mi disco habla de eso, como de esa parte de trabajo constante y conforntamiento.

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Ahora que estabas hablando del aspecto espiritual, ¿en qué es lo que crees ahora, o cuál es tu cosmovisión?
Yo vengo de una familia que digamos que es un ambiente como cristiano, pero no, porque nunca íbamos a la iglesia, pero creemos como en un Jesús, pero yo sentía que eso no era para mí, no era la total verdad. No podía creer que todo se basara en un libro. Y tanpoco me parecía correcto que, cuando tienes la necesidad sexual, sea un pecado. Entonces empecé a decir “esto no tiene sentido”. Aunque mi mamá y mi papá nunca me lo impusieron, ellos siempre me han dejado tener mi propia verdad. Entonces empecé a hacer como mucha investigación en ciencias y en libros y empecé a irme por el budismo…

Empecé a practicar la meditación, y ahí todo cambió. Ahora tengo una verdad más única, más mía, mucho más empática y mucho más consciente. Es como “estoy respirando. Desperté. Hay árboles.” ¿Sabes? Es otro tipo de trip, y me parece mucho más profundo y hermoso que señalar y decir, “no, tú estás mal porque mentiste” y seguir mandamientos, ¿sabes? Es raro. Entonces ahora sigo buscando mi verdad, pero al menos por el momento el budismo es lo más cercano a eso —y todavía lo estoy estudiando. Y por eso lo quise llamar Amor Supremo también: porque los libros que leo hablan mucho del Amor Supremo. Y para este disco yo estoy cantándole a un Amor que no habla de lo físico, ni de esta necesidad de “correspóndeme por favor”, sino “Aquí está mi amor, quiéreme, me encantaría que me quieras, y si no también está ahí.” Es mucho más grande que algo casual.

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¿Qué otras cosas cambiaron en tu vida en estos dos/tres años?
Definitivamente me volví más tranquila, porque era muy intensa [ríe]. Aprendí a valorarme, a saber quién era yo, porque creo que no había tenido un momento de pausa para aprender a valorarme. Aprendí a conocerme, a saber quién soy ahora: qué me gusta, qué es lo que sí quiero. Aprendí a controlar mi ansiedad —tenía muchos ataques de ansiedad porque todo lo que me pasó fue muy rápido. Entonces siento que ha habido tiempo de reconocerme ahora.

Se me hace muy fuerte eso de que tienes mucha gente que te admira, que cree saber todo de ti, y que te valora por todo lo que representan tus canciones, pero tú en lo personal en realidad no tienes definidas las cosas.
[Ríe] Sí, es muy fuerte, porque incluso tomé un coaching como de entrepeneur, como para empresas, pero para mi proyecto. Y ahí me di cuenta que yo no sabía ni quién era. ¡Y claro, porque no había tiempo! Porque de repente a todo el mundo le encantó mi proyecto, y yo soy una chica de un pueblo MUY chiquito, y no sabía que me iba a hacer famosa, y mucho menos cantando lo que canto. Y como era tan crudo y tan real, como que a la gente le gustó eso, pero yo seguía encontrándome. Entonces sí era muy fuerte que la gente me detuviera para un foto cuando yo pensaba “¡Cálmate! O sea, ¿yo qué?” Y en ese momento fue como una buena confrontación, de que “¿Por qué no te puedes reconocer? ¿Por qué no sabes cuánto vales?” Y yo no sabía, pensé “Ay, qué feo se siente eso, porque no sé quién soy.”

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Entonces en ese tiempo logré saber quién era, y logré pedir un espacio, y decir “Stop! Everybody stop! ¡Déjenme sola!” Me iba todos los días a caminar a la playa y me ayudaba mucho. Fue súper sanador; como que empecé a entender que no todo el mundo giraba alrededor de mí, y que todo iba a estar bien —que simplemente yo no estaba preparada. Y que ahora era tiempo de prepararme.

¿Y ahora ya te sientes lista de empezar otra vez?
Sí, me siento contenta, me siento emocionada, el sabor es completamente distinto. Ya no es de miedo.

¿Antes de que sacaras “Un beso” te daba miedo o nervio lo que fueran a decir?
Sí, sí. No [lo que fueran a] decir, sino simplemente sacarlo y volver [ríe]. Si estaba tan a gusto, ¿pa qué? [ríe]. Pero al final se me quitó. Lo que fueran a decir también me intrigaba, pero yo sí estoy muy orgullosa y enamorada del disco. Pero sí me daba miedo, porque al final del día es como parir. Algo que trabajaste tanto tiempo deja de ser tuyo, y no podía ni dormir.

Algo que me saltó mucho de “Un beso” es cómo la letra podría pertenecer a cualquier disco anterior, pero la música es completamente distinta. ¿Hay alguna canción que líricamente crees que no podrías haber compuesto hace tres años?
No, fíjate. Creo que todas son muy yo. A la mejor no las pude haber compuesto antes porque no tenía esa conciencia de decir “Ok, yo también la cagué”, porque sí siento que hay una madurez en las letras, y a la mejor no pude haber escrito eso antes. Antes era más como “¡Me hicieron daño!” y ahora es como “sí, ya pasó” [ríe].

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Cuéntame sobre el video. ¿De quién fue la idea?
Era una idea entre Julio y mía. Lo que pasó fue que él quería hacer un video con diferente tipo de gente, como obsesionándose por un objeto o alguna cosa, alguna persona, y yo le decía que me latía más la idea de que fuera yo y un chico, porque nunca había hecho algo así; tenía ganas de incorporar como danza, expresión corporal, y tenía ganas de que fuera diferente, como mi nueva carta de presentación. Entonces me metí a clases de danza, él hizo la narrativa, y se hizo una colaboración entre Julio, yo, y la maestra de danza. Y fue muy padre.

¿Las clases sólo fueron para el video?
No, estoy tomando clases de técnicas posmodernas porque tengo muchas ganas de… La verdad es que siempre he sido muy bailarina, pero el momento en el que conocí la guitarra como que me olvidé. Pero eso tengo ganas como de incorporarlo en el nuevo disco.

¿En las presentaciones en vivo?
Sí, sí me gustaría mucho. Todavía no lo tengo claro, pero me gustaría mucho.

¿Ahora qué viene para ti? ¿Dónde y cómo vas a sacar Amor supremo?
La verdad es que todo está un poco ambiguo; sólo sé que en noviembre sale, y que yo tenía ganas de que saliera este año y no se girara hasta el otro, porque quiero que la gente lo comprenda. No quería sacar un disco y al mes estar de gira y que la gente me pidiera las rolas anteriores porque no conocen las nuevas. Dije, ¿por qué los artistas internacionales sí nos hacen eso a nosotros y por qué nosotros no podemos hacer eso? Ellos sacan un disco y vienen un año después, y los vemos y queremos que vengan. Entonces dije, creo que sería bueno que la gente lo pueda escuchar, interiorizar, entender, hacerlo suyo.

¿Tu banda va a cambiar?
No la banda, pero sí la instrumentación [ríe], porque nada de lo que tenía antes me sirve. Nada, nada. Entonces en eso estamos, recreándolo. Los productores lo están haciendo en vivo ahora.

¿Y tus canciones pasadas las vas a seguir tocando igual, o no?
Yo no quisiera. No tengo nada de ganas.

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¿No tocarlas, o no tocarlas como eran?
No tocarlas como eran, pero si por mí fuera no las tocaba. Es que siento que ya no soy yo. O sea, en algún punto lo fui y me acepto, pero ahorita estoy tan entrada en esta etapa que quisiera no, pero pus claro que vamos a reversionar una que otra [ríe], y vamos a tocarlas para la gente que las quiere escuchar, ¿no? Al final del día uno se enfada, pero a la gente les gusta.

Igual en el momento ni lo sientes, ¿no?
No, en el momento te acuerdas por qué, ¿sabes? Pero antes mentalmente sí dices “Mmm, nooo”.

Yo sé que tú insistes mucho en hacer las cosas por tu cuenta y en ser independiente. ¿Qué tan difícil lo has sentido?
Ay, es muy difícil, es súper difícil. Pero yo siento que es mucho más enriquecedor que dices “todo esto lo trabajamos” y como artista te obliga a fijarte en cosas que normalmente tú no propondrías. Ahora en la organización de este nuevo disco, pon tú, promo, etc, yo ya estoy pensando en cosas que en otros discos no hice, y que me hubiera gustado hacer. Entonces ya estoy pensando diez pasos adelante, pero es muy difícil: no nada más te dedicas a hacer música; te dedicas a hacer un plan de tu vida y de tu empresa, de tu imagen y de todo.

Es difícil, pero al final del día me gusta saber que yo tengo el timón de mi proyecto, y yo puedo decidir con qué diseñador gráfico trabajo, con qué persona que hace tipografía, o qué mensaje quiero enviar… Me hace más inteligente y eso me gusta, porque es como estudiar, lo estoy estudiando todo el tiempo. Incluso mientras descansaba, aparte de tomar ese curso de empresaria, leí muchos libros como de Music Business y me han hecho entender tantas cosas que en otro momento decía yo, ¿qué? No entendía nada. Y ahora siento que ya llegó lo independiente. Antes creo que lo hacía por inercia, “Yo quiero tener el timón porque mando”, pero yo iba como sacándomelas de la manga. Ahora siento que ya sé qué tengo que hacer.

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¿Alguna vez has tenido la tentación de firmar con una disquera grande?
En algún punto sí he sentido desesperación. Sí he pensado como “no mames, cómo quisiera tener todo hecho”, y ya namás yo ir y cantar. Pero luego escucho unas historias de terror y digo “¡qué bueno que estoy aquí” [ríe].

Escuché unas historias que digo, “no, ¡está peor!” Porque está más difícil, tienes que pasar por un montón de filtros, gente que no tiene tu visión, que te ven como un producto… Ay, no, no, no, qué bueno que estoy aquí. De hecho es más fácil, ¿sabes?

Ahorita queremos tener una distribución más grande, pero distribución. No quiero firmar todavía.

¿Qué consejo le darías a una banda que apenas esté medio empezando? ¿Qué crees que a ti te hubiera gustado saber en ese momento?
Que no va a hacer fácil. Para nada va a ser fácil. Que toma mucha constancia, dedicación y respeto a tu trabajo para que salgas adelante. Si no tomas en serio lo que haces nadie te va a tomar en serio. Al menos eso fue lo que yo aprendí cuando estuve en la escena gringa, con muchos proyectos independientes gringos: el tener constancia, el ensayar, el respetar tu trabajo y darle un lugar en tu vida importante; que te lo tomes en serio, eso es súper importante, porque eso hace tu proyecto de verdad. Pero si no lo tomas en serio te va a afectar, y nadie lo va a tomar en serio. Y que sepan que no es fácil. NO. ES. FÁCIL. Se mira muy fácil, pero no lo es. Es estar ahí, al pie del cañón, porque tu proyecto es tu bebé. Y tienes que estar ahí, en cada detalle, y aceptar que la vas a cagar, y que muchas veces vas a tomar una mala decisión y que vas a decir “Uta, ¿por qué hice eso?”, pero siempre hay otro día.

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Con este nuevo disco vino un cambio de sonido, pero también un cambio de imagen: tu pelo es negro otra vez, el video es en blanco y negro… ¿Qué opinas de toda la gente que dice que te volviste dark?
[Ríe] Me parece algo muy chistoso, porque sí he estado leyendo muchos comentarios que dicen “Me gustaba más la Carla de antes…”

Yo siento que la gente nunca va a estar contenta. Yo tenía ganas de salir de mi zona de confort, tenía ganas de hacer algo distinto, tenía ganas de experimentar, y yo no le veo nada de malo. Y la gente que dice que me volví darks… Que digan lo que quieran. Todos tenemos un lado obscuro, pero lo obscuro no significa negatividad.

Simplemente yo tenía ganas de experimentar otra cosa que no había experimentado, porque es lo que vivo ahora.

¿Sientes que este disco sea tu lado obscuro?
No creo que sea mi lado obscuro, pero definitivamente siento que es mi lado más real ahora. Es como la representación de todo lo que he vivido y lo que he evolucionado como persona, como mujer y artista. No siento que esté tratando de ser algo que no soy, porque no lo haría. Soy una persona muy clara conmigo misma y sé qué sí haría y qué no. Lo que no quiero no lo hago. Por eso he tenido un millón de peleas con managers: porque quieren que haga algo que no soy yo. Entonces que piensen lo que quieran. Nunca se puede tener contenta a la gente.

¿Tienes alguna meta personal para este disco? Onda, “quiero llenar el Auditorio diez veces.”
No, yo creo que simplemente una meta que tengo es tener un show con más calidad en vivo, desde visuales, la banda, mi expresión corporal, mi voz. Definitivamente estoy tomando clases de danza porque quiero mejorar y quiero conocer mi disco a través de mi cuerpo… Estoy tomando clases de canto —nunca he tomado clases de canto más que hace muchos años. Quiero tomar clases de Live, quiero tomar clases, quiero enriquecerme, y esa es como mi menta antes de decir “Quiero tocar aquí o allá”.

O sea, quieres ser una mejor artista para el público.
Sí, definitivamente quiero dar más. Y yo quiero sentirme más fuerte emocionalmente, espiritualmente y artísticamente quiero sentirme más segura, y que lo que tengo me lo he ganado, porque trabajo todos los días para ser una mejor artista. Y no porque antes no quisiera, pero antes creo que no tenía el tiempo para ser consciente. No había tiempo. Y ahora que lo hay, o por lo menos que lo tuve, voy a hacer el esfuerzo para que siempre haya eso.

Carla Morrison se estará presentando el 7 de noviembre en el Teatro Metropólitan, en la Ciudad de México. Las entradas están agotadas pero… ¿quieren ir? Fácil.

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Tienen hasta las 3 pm para mandar su video y la respuesta. Los que mejor bailen ganan. Así de fácil.