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Por qué Ságan es uno de nuestros personajes del año

Un aplauso a nuestros magos electrocósmicos favoritos.
11.12.15

Este artículo hace parte de una serie de seis entregas sobre los personajes del año según Noisey Colombia.

En el espacio de un año, Ságan se consolidó como la más clara revelación que parió la escena bogotana. María Mónica Gutiérrez y Felipe Ortega se deglutieron al público y medios, embelezándolos con el carisma y la magia en sus canciones, presentes en su contundente disco debut, 'Cada célula', que alcanzó el tercer puesto en nuestro top de fin de año. 2015 fue el año en el que llegaron a aportarle un aire fresco a la agenda electrónica alternativa de la capital. Acá está el recuento de la actividad musical de uno de los personajes del año para Noisey. ***

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-“¿No les parecía sospechoso? ¿Sintieron que algo malo se venía?”, pregunto. -“Mi personalidad me lleva a tener siempre esa duda… No sé cómo explicarlo, pero básicamente todavía no me la creo… es como una sensación de… olvídalo, no puedo explicarlo”, responde Felipe Ortega.

El desconcierto es honesto. Tanto él como María Mónica Gutiérrez botan una sonrisa inocentona, de genuina sorpresa, cuando repasan lo que pasó con Ságan este año. La vocalista de Suricato poco o nada había indagado en el mundo de la electrónica, y aunque Felipe llevaba 10 años metido en su garaje explorando sonidos, nunca sacó nada pues no lo veía suficientemente bueno.

Pasó que Felipe venía molestando con un teclado nuevo y se le ocurrió meter la voz de María Mónica. La contactó y en el mes de mayo se pusieron a hacer música, por la música, sin intención de montar un formato en vivo. Pasó que nació “Oceánico”, luego armaron la página de Facebook y subieron la canción. La gente quedó fascinada. Johanna Pinzón, de Poliedro, y Chucky García, los apadrinaron y les propusieron un toque en “Canción-Canción” abriéndole a Esteman. Ságan aceptó presentarse. Eso es lo que pasó.

-“Estábamos cagados del susto”, recuerda Felipe.

Estaban cagados del susto. No era su público y no tenían nada… “Oceánico” era lo único que estaba listo. Tenían que migrar el proyecto a un formato en vivo. Tuvieron que apagar incendios cada día porque los aparatos no llegaban o llegaban mal. Tras una semana de ensayos, y la incertidumbre de cómo iba a responder la gente, se pararon en el escenario.

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Todo salió bien. Aplausos y más aplausos.

De ahí en adelante todo fue como ponerle neutro al bus y botarse en bajada. Todo fluía y andaba cada vez más rápido. Apareció Vice detrás y le dio el espaldarazo. Después los invitaron al Festival Yavería. T310 los llamó al festival Hermoso Ruido. Salieron en programación de Radiónica. Luego en el top de Radiónica. Luego en los primeros cinco puestos. Luego en el primer lugar.

-“Con cada pequeña cosa que pasaba yo decía esto es lo más grande que puede suceder”, dice María Mónica.

Pero las ruedas estaban girando. Nunca le mandaron la música a nadie, nunca buscaron ningún concierto. Todo se los ofrecían, todo les llegaba. Tanto los eventos como sus visuales, las fotos y el arte que los iba acompañar, simplemente llegaron. Aparecía gente que se subía al bus. Ellos los recibían y siempre salió bien. En un parpadeo llegó “Polvo”, llegó “Universal”, llegó “Bidimensional"… ¡PUM!… tenían su primer disco y la gente se lo rapaba. -“¿Qué está pasando?”, se preguntaba Felipe. Reflexionan e intentan llegar a alguna respuesta. Quizás es el sonido novedoso que propone Ságan, que si bien suena en otras partes del mundo, recién empieza a pavimentar su camino en Colombia. O quizás fueron los diez años que Felipe estuvo haciendo maquetas. O puede ser que sea la voz de María Mónica y el hecho que venga de una movida jazzera lo que le dio complemento muy particular, otra dimensión. De pronto fue porque acá a la gente le gusta la música electrónica y aceptaron los riesgos de Ságan, sus detalles, sus texturas y su juego cósmico. O de pronto es por haber hecho todo de manera tan inconsciente, natural y espontánea que el universo decidió fluir con ellos. Pero, una buena parte de la suerte con la que han corrido, tiene que ver con la magia de sus canciones. Ságan hace magia pop. Mantras taladrantes, melodías apropiables. Canciones. Y eso es algo que hace rato estaba pendiente en la escena electrónica colombiana.

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En cuatro meses invadieron todo. El aval de su naciente público era unánime. Y de repente, en un concierto exclusivo de ellos, cuando llenaron el Planetario de Bogotá, con la piel totalmente erizada, Felipe y María se dieron cuenta de lo que habían hecho:

-“Sentí que teníamos una voz en vivo… todo funcionó”, recuerda María. -“Todo tuvo sentido, la trayectoria se resumió en ese momento”, concluye Felipe.

El viaje ya había agarrado altura. Nos habían metido a todos. Estábamos todos en él.

-“¿No les da miedo empezar a planear, meterle la razón, y perder esa espontaneidad que los trajo hasta acá?”, les pregunto. -“Sólo le hemos metido mente a lo que la música ya nos ha abierto”, responde María. -“Todo tiene su punto de subida, caída y final. Seguiremos con el instinto”, medita Felipe. -“¿Qué decirle a la gente? ¿Cómo sigue el viaje?” - “Es un sentimiento de gratitud enorme, todo es culpa de ellos”. - “La gente nos dio una confianza, lo que sigue es agradecerles y prometerles que le estamos metiendo toda la ficha”.

Ya el 2016 los está esperando y de qué manera…