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NOFX, o la importancia de ser punk

¿Qué es lo que hace que a la gente le siga encantando NOFX después de 32 años de carrera?
5.12.15

Foto por Alan Snodgrass

Han pasado 32 años desde que esa entidad que conocemos como NOFX, se introdujo en la historia universal. Desde entonces, han tenido una de las trayectorias más envidiables por cualquier banda. Han tocado en todo el mundo para públicos fervorosos que cantan sus canciones a todo pulmón y que se rompen la jeta en los pogos cada que los ven. Llevan 32 años sin cambiar mucho y aún así siguen siendo una banda vigente, con un gran culto detrás de ellos.

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NOFX nació en la época en la que el punk se había vuelto su misma causa. En el nombre de los tres acordes, muchas bandas establecieron un circuito en el que podían sacar sus propios discos y organizar sus propias giras, sin ayuda de la industria discográfica ni el mainstream. A la vez, se le atribuyen valores para diferenciarse de lo que era el rock. Se hablaba de unión, de hacer alianzas y colectivos y de romper las barreras entre el público y los artistas. NOFX, por otro lado, se dedicó a construir barreras cada vez más grandes. Y esto, en vez de alejar a su público, los hizo volverse fanáticos devotos.

Apostaría mucho dinero a que los cuatro miembros de la banda, que para muchos son quienes mejor definen el punk californiano, te odian. Después de todo, es sabido que se burlan de absolutamente todo lo que hay a su alrededor, demuestran su odio por cualquier sitio al que los quieran llevar a tocar y en vez de celebrar la unión con sus fans, proclaman “Fuck The Kids” en una canción. Si te metes en el pogo, lo más probable es que el vocalista/bajista Fat Mike se acerque a cogerte a patadas en vez de ayudarte a parar. En una ocasión memorable, en la que hizo un set acústico como su alter ego Cokie The Clown, le dio tequila con orines suyos a una de sus fans antes de mostrar el video de cómo lo hizo. Normalmente, se jactan de cuántas drogas consumen y de qué tan borrachos se ponen, cosas que usualmente sólo los rockstars de medio pelo hacen, pero a ellos no les importa.

Por supuesto, podemos analizar esto como un total menosprecio a ellos mismos (no dejan pasar una oportunidad para burlarse de sí mismos, como lo ejemplifica su disco en vivo I Heard They Suck Live!). Aún tomando en cuenta esto, se nota que tienen poco amor para repartir. Pero ahí están los fans, quienes los han llevado a vender millones de discos y a llenar todos los lugares donde se presentan, aún ahora que festejamos 20 años o más de sus álbumes clásicos Punk In Drublic, Ribbed, So Long And Thanks For All The Shoes o Heavy Petting Zoo. Ser fan de NOFX es algo un tanto masoquista.

A la fecha, la banda inspira muchísima pasión que pocos se cuestionan. No fueron los primeros punks que les valiera un culo todo y que hablaran de forma políticamente incorrecta de lo que se les ocurriera, o que incitaran a que la gente se volviera mierda en sus conciertos.

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No es muy punk (según los fans de NOFX) ponerse a reflexionar sobre esto, pero lo haré.

NOFX en el 2012. Foto por Katie Hovland

Una de las razones por las que NOFX defienden su título como uno de los clásicos del género es porque no son dificiles de escuchar. La banda saltó a la fama internacional al mismo tiempo que Green Day, Offspring y Rancid. Pero por más ofensivos que se porten, siempre han tenido un gancho en sus letras que vuelven sus canciones memorables, ya sea algo muy estúpido y tremendamente chistoso como “Linoleum” o algo tan serio como “The Decline.” Es música que cantas sin complicaciones, y hasta podrías hacer una parodia de ellos sin mucho problema. Dan una sensación de diversión sin parar.

No se equivoquen, es una diversión dañina casi todo el tiempo. Escuchar a NOFX recuerda esas épocas en la vida cuando cosas muy tontas nos hacían reír. Son como nuestra primera patineta o nuestra primera lata de pintura en spray, y representan la risa que nos da cuando un anciano se cae. Algunos de nosotros tal vez no seguimos siendo la clase de personas que disfrutamos cuando cosas pesadas nos hacían el día, pero por unos minutos, NOFX nos recuerda cuando el lado oscuro era puras risas y diversión.

Aún así, Fat Mike y compañía no pueden ser pintados en colores tan monocromáticos. Sí, hay muchas canciones y momentos de las canciones de NOFX que se pueden resumir en unos cuantos sketches de Jackass o algunas caricaturas grotescas de los noventa (que se dieron paralelamente, cabe mencionar). Pero la banda siempre ha tenido una consciencia. Desde el principio han tenido canciones de inconformidad, sobre la depresión y la apatía. Sobre los momentos en los que se imaginan qué pensará la gente sin futuro que prendió cohetes en su cuarto y se echaron a reír por todo lo que rompieron. Una vez elegido George W. Bush como presidente de los Estados Unidos y sucedidos los hechos de 9/11, comenzaron a tener una voz politizada más marcada (sin perder lo coloquial y desfachatado, como diría gente más veterana) con su disco The War On Errorism.

Fat Mike tomando cerveza (¿o orines?) como todo un caballero. Foto por Sean Mikula.

Cuando el punk vivió su época comercial dorada durante los noventa y principios de los 00, orgullosamente se mantuvieron independientes y se burlaron de las sumas millonarias que les ofrecían para firmar contratos transnacionales. Prohibieron a la radio y MTV poner sus videos porque no les importaba ser parte de eso, y no era punk. Fat Mike ha mantenido por 25 años su casa discográfica Fat Wreck Chords como hogar de bandas increíbles como Lagwagon, No Use For a Name, Against Me!, Propagandhi, Rise Against, MxPx, Dillinger Four, Masked Intruder y otros que tal vez no tendrían la exposición de no ser porque “la disquera del de NOFX” los sacó. Aún siguen sin comprometer sus ideales.

Tal vez, el chiste de NOFX, no sea que ofenden a la gente o que tengan buenas letras para cantar mientras estás en el pogo. Tal vez el mejor truco que Fat Mike, Eric Melvin, El Hefe y Erik Sandin nos han jugado es que en verdad les importamos, les importa el punk y les importa la buena música. Tal vez es un chiste que se cuenta solo y no necesita explicación; simplemente necesitamos tenerlo presente, por lo menos de vez en cuando.