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Las promesas sirven para dos cosas: para mantener a las personas interesadas y para hacerse fama de incumplido. El Superbowl 51 no paró de prometer puntos a carretadas: Ryan tiró 38 pases de anotación en el año; Brady, con cuatro partidos menos, tiró 28. Los Falcons y los Patriots fueron el segundo y el cuarto equipo en ofensiva total en el año; tercero y cuarto en yardas por aire. Una pelea aérea como no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial. Y, sin embargo: terminamos el primer cuarto 0-0.
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Pero, como sucede con las promesas no cumplidas, uno halla consuelo en las alternativas: no hay carretadas de anotaciones, pero hubo un acarreo de Freeman que calentó el ánimo.
Una captura a Ryan,
dos a Brady,
y un fumble de LeGarrette Blount.
Fue justamente esa pérdida de balón lo que permitió que Ryan orquestara el primer drive sensato: pases precisos, coberturas superadas y tres acarreos definitivos y punzantes de Devonta Freeman. Culminó, Freeman, su protagónica primera mitad con este recorte para anotar:
Mucho mérito para la defensiva de Atlanta: los Patriots no apenas han cruzado la mitad del campo y quizá su candidato a MVP sea Ryan Allen, pateador de despeje. De tres intentos, 42 yardas de promedio y 51 la más larga.
Del otro lado, Ryan ya encendió las hélices:
Nunca han estado tan abajo en un Super Bowl, los Patriots. Sin embargo, no hay que descartar a estos especialistas: Brady tiene ya más de cien yardas por aire. La promesa de los Patriots siempre parece ser esa: estar a una conexión afortunada, una recepción acrobática o una distracción de los profundos para volver al partido.
Lástima cuando esa conexión, recepción acrobática y distracción sucede con Robert Alford, 23 en la playera, del color equivocado:
La promesa de Nueva Inglaterra se volvió siete puntos más difícil de cumplir.
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