Cómo lidian las trabajadoras sexuales con los clientes que les caen mal

Era 20 de julio y yo acababa de llegar a mi hotel en Washington, D.C. Soy dominatrix profesional y mis expectativas financieras en este viaje eran muy altas.

Por seguridad, viajé con otra trabajadora sexual. Mientras que yo programaba citas, mi amiga se fue a dar una vuelta por la Convención Nacional Republicana. Como somos liberales, me tranquilizó saber que encontraríamos menos conservadores extremos en la capital durante la convención.

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Llamé a un hombre mayor de Virginia que había mostrado interés en programar una sesión con strap-on.

«Sam», dije, «¿A qué hora podríamos vernos mañana?».

«A la hora que quieras, cariño», dijo con voz ronca. «Siempre y cuando pueda ver el discurso de nuestra próxima presidenta. ¿Lo estás viendo? Esa vieja asquerosa acaba de interrumpir el evento para levantarse y ondear una bandera del arcoíris. Qué vergüenza. ¡Qué ganas tengo de volver a la gran América de antes! Ah, por cierto, ¿podrías ponerte un traje de látex?».

Para seguir, tuve que imaginarme dando de latigazos a Sam hasta hacerlo llorar mientras le decía cuatro cosas sobre derechos de salud reproductiva. La imaginación es mi mecanismo de defensa favorito para lidiar con clientes difíciles.

Las trabajadoras sexuales están acostumbradas a que les pregunten cómo consiguen no ponerse de los nervios con clientes que empiezan frases con «No soy racista, pero«; o los que no dejan de hablar sobre lo «horrible» que tenía la vulva la última prostituta con la que estuvo; o los que no dejan de repetir que no son gais mientras les estás dando por el culo. Hay que decir que estos encuentros representan entre el 10 y el 20 por ciento de mis clientes. La mayoría solo busca a alguien con quien poder hablar de todo, incluso de sus creencias políticas, religiosas y éticas. Pero, ¿qué pasa cuando estas conversaciones se vuelven incómodas para las trabajadoras sexuales?

La imaginación es mi mecanismo de defensa favorito para lidiar con clientes difíciles


«Es raro que un cliente y yo tengamos la misma forma de ver la vida, algo que a veces resulta problemático porque a los clientes les gusta tener la razón», dijo Jaden, un trabajador sexual de género fluido de veintitantos años que nos pidió que no reveláramos su nombre real. «Normalmente les doy la razón cuando se ponen a hablar de cómo los pobres se ‘aprovechan del gobierno’ o de que ellos, con sus millones de dólares y su piel blanca, se sienten ‘discriminados’. Me indigna mucho oír esas cosas porque yo crecí en una familia pobre y monoparental».

Claro, no todas las formas de trabajo sexual implican esta clase de vulnerabilidad. Sin embargo, para las prostitutas, la labor emocional puede llegar a ser muy intensa. Los clientes buscan afecto, aprobación y alivio emocional. Están comprando intimidad y solo un artista es capaz de mantener una conexión creíble, sobre todo cuando es una persona con la que jamás hablarías en una fiesta.

«Me educaron conforme al catolicismo en una ciudad pequeña», dijo Calliope Fire, una prostituta cisgénero de treinta y pocos años. «Mucha gente como yo termina rebelándose contra de su religión, pero yo nunca dudé de que podía ser trabajadora sexual y católica al mismo tiempo. Mis compañeras de trabajo no dan crédito. Y nunca he tenido problemas con mis clientes por mi religión. De hecho, muchos de mis clientes son muy creyentes».

«Como tengo aspecto de MILF, atraigo a muchos hombres jóvenes», continuó. «Y a veces su desdén hacia Dios y hacia la gente que cree en él resulta encantador. Creo que suponen que soy atea por mi trabajo. No me gusta hacer juegos de rol con temática religiosa. Odio que me lo pidan».

«Después de lidiar con un cliente particularmente problemático, trato de dejar mis sentimientos negativos en ‘la oficina’», dijo Jaden. «Normalmente me tomo un tiempo para escribir cuando llego a casa; después hablo sobre mi experiencia con otros trabajadores sexuales en persona o en foros en línea. Me educaron —contra mi voluntad— conforme al fundamentalismo, así que, si me toca un cliente especialmente religioso y necesito hablar sobre mis creencias religiosas después de trabajar con él, tengo un grupo de amigos queer que también formaban parte de religiones fundamentalistas con los que puedo hablar del tema. Eso ayuda mucho».

Después de lidiar con un cliente particularmente problemático, trato de dejar mis sentimientos negativos en ‘la oficina’


Algunas trabajadoras sexuales odian esos momentos «pedagógicos» con sus clientes. Otras aprovechan la oportunidad para entablar conversaciones respetuosas con ellos.

«De vez en cuando me llega un cliente que está dispuesto a aprender», dijo Ginger Snap, trabajadora sexual cisgénero y actriz porno. «Pero tengo que ir con pies de plomo. ¿Es conveniente para los dos continuar con esta conversación sobre un tema tan importante para mí? Esta persona me está pagando por vivir una experiencia concreta: ¿esta conversación sobrepasa los límites de lo pactado?

«Tengo que ser muy cuidadosa con todo, desde mi lenguaje hasta el tono», continuó. «No quiero sonar condescendiente ni como si estuviera dando un sermón. Prefiero que todo sea más distendido y divertido. Es su tiempo y es mi responsabilidad asegurarme de que no se vuelva una discusión acalorada. Como educadora, eso generalmente implica apagar mi ‘cerebro activista indignado’ y tomar un enfoque más empático e imparcial con mis clientes. Es mi forma de experimentar lo que significa ser no reactiva».

La clave es decidir cómo de vulnerable quieres ser y, al mismo tiempo, entender que la vulnerabilidad no siempre se puede controlar. Las trabajadoras sexuales deben ser conscientes de que es difícil ser vulnerable con clientes problemáticos y de que eso puede afectar a la calidad de nuestros servicios, algo que puede dejar una mala impresión sobre nuestro trabajo.

Reconocer y apreciar a los clientes que se ayudan de las trabajadoras sexuales para ampliar su propio punto de vista puede ser gratificante y sirve para recordarnos por qué escogimos este trabajo. Los clientes que entablan conversaciones respetuosas con las trabajadora sexuales, sobre todo si sus opiniones no coinciden, y que reconocen la importancia de su trabajo son sumamente valiosos. Como profesionales del sexo, intentemos entablar este tipo de diálogos siempre que sea posible.

Andre Shakti es trabajadora sexual, educadora y escritora. Síguela enTwitter.

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