Recuerdo haber sentido bastante emoción hace ya años cuando, tras bajarme mi primer emulador de Game Boy, encontré La lellenda de la Cerda, un romhack de Zelda que sustituía el texto original del juego por otro, en castellano, modificado con multitud de referencias a drogas y sexo. Yo era un chaval y eso me impresionó bastante, y desde entonces he tenido la oportunidad de ver cientos de ejemplos de romhacking: desde el de Tales of the Abyss (una traducción de 340.000 palabras, 40.000 más que Los Hermanos Karamázov y 40.000 menos que El Quijote), por el grupo Tales Translations, hasta otros que sustituían a Mario por un miembro del Ku Klux Klan y a los enemigos por negros en el Super Mario Bros de NES, unos más válidos que otros, claro, pero todos en cierto modo fascinantes. ¿Por qué un usuario, digamos, normal de un videojuego se planta un día en frente del ordenador y decide modificar un juego?
Yo, que acepto todo como me viene y ni se me ocurre por un segundo la posibilidad de cambiar nada (por eso juegos como LittleBigPlanet se me hacen cuesta arriba, por estar tan basados en la creación de contenidos para el juego), siempre me he hecho esta pregunta. Una de las respuestas puede ser por pura diversión; de ahí surgirían el Mario Bros del KKK o La lellenda de la Cerda, que no buscan un beneficio a posteriori para el usuario sino simplemente poner a los personajes en situaciones extrañas con el único fin de hacer la coña. Escuchar a personajes del Zelda de Game Boy hablando de porros siempre es gracioso: «Se cambia un trozo de texto de un juego y … ¡Anda, ahora Link es un yonki! Y ya está la gracia hecha. Una vez tienes eso, el juego va saliendo poco a poco y se transforma al juego de Campeones en uno de subir el Atleti a Primera», dicen en Charnego Translations , artífices del mencionado La lellenda de la Cerda.
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Otra respuesta podría llegar del descontento de los usuarios al ver llegar los juegos a sus países en un idioma que no es el suyo. Hace no mucho (apenas unos días cuando escribo estas líneas) se publicó en Romhacking.net la traducción al inglés de Yuushi no Monshou, un juego japonés para Famicom Disk System (un plugin para NES que permitía un tipo especial de disquetes) de finales de los ochenta que no llegó a salir nunca de Japón. Desde su fecha de lanzamiento han pasado más de veinte años y hoy, gracias al romhacking y a la emulación, alguien se ha tomado la molestia de traducir un juego tan minoritario del japonés al inglés y publicarlo en Internet. Según se aventuraba a decir Heather Chandler, autora de The Game Localization Handbook, en una entrevista, «algunos juegos consiguen el 50 % de sus beneficios de ventas internacionales», y «dudo que este número fuera tan alto si no hubiera versiones localizadas en países clave como Francia, Alemania y España». Aunque Chandler no conocía cifras exactas, basta echar un vistazo al panorama del romhack de traducciones para darse cuenta de que los usuarios no están satisfechos cuando los juegos les llegan en un idioma que no es el suyo. «Un ejemplo fue Chrono Trigger, que está considerado uno de los mejores RPGs de la historia y que sólo fue posible jugarlo en castellano porque hubo alguien que lo tradujo», tal y como reconocen en Charnego Translations; «nos permitió apreciar juegos que las compañías no supieron o no se atrevieron a traer a nuestro país».
Esta especie de insatisfacción se junta con cierta inocencia cuando miramos a casos como el de Rising Star Games, que pidió al grupo de traducción amateur de DSWii.es la traducción de los textos de su juego Fragile Dreams para distribuirlos luego en un PDF que, en teoría, debería satisfacer a los usuarios que quisieran jugar al juego en español. Pablo Muñoz , una eminencia en el mundo del romhacking centrado en las traducciones y que ha trabajado para Nintendo, asegura que «es una pregunta difícil de responder para mí, pues yo mismo he traducido grandes juegos por amor al arte simplemente porque me hacía mucha ilusión», pero que, en su opinión, «en realidad se estaban aprovechando», porque «seguro que tenían dinero para localizarlo y simplemente vieron una oportunidad para enmendar su error sin que les costara nada». «Ocarina of Time de N64 también salió con una guía de textos en castellano y pagaron a un traductor por ello. Esas 35.000 palabras las puede hacer un traductor profesional por unos 3000 € si no hay intermediarios. Sí, suena a mucho dinero, pero eso no es nada para una desarrolladora de juegos y así se asegura la calidad.»
Podría decirse, pues, que el romhacking nace en cierto modo como reacción de un público insatisfecho ante la falta de algo, en este caso versiones localizadas de juegos. Aunque ahora mismo estamos en el mejor momento de la historia del videojuego en ese sentido: «por ejemplo, no hay ningún juego distribuido por Nintendo que no esté en español, pues es casi política de la empresa localizar todo independientemente del éxito que vaya a tener», asegura Pablo. «Sigue habiendo juegos sin traducir», continúa, «pero yo creo que es más por falta de visión de mercado que de recursos, porque los gastos de una localización son una ínfima parte de lo que cuesta hacer el juego» comparado con los beneficios en que pueden repercutir.
¿Puede ser la traducción por romhacking una pasarela para dedicarte a ello profesionalmente en un futuro? «Está claro que la formación ha sido muy importante para encontrar trabajo», me dice Pablo, «pero sin el trabajo adicional que había hecho antes y durante la carrera (Traducción e Interpretación de inglés), probablemente no habría encontrado mi primer trabajo como traductor tan fácilmente. Y claro, es una cadena, porque al aspirar a un trabajo mejor, ya contaba con experiencia profesional gracias al trabajo anterior… Mi primer trabajo fue como traductor y gestor de proyectos en el Servicio de Traducción Universitario de la Universidad de Granada cuando estaba en mi cuarto y último año de carrera, y está claro que todos habíamos estudiando lo mismo de cara a la entrevista de trabajo. Sin embargo, yo me diferenciaba por mostrar los trabajos de los que más orgulloso me sentía de la carrera y, sobre todo, de mi etapa como romhacker». Me recuerda a escribir en un blog mientras estudias Periodismo: consigue un par de nominaciones a los premios 20minutos y es posible que consigas meter las narices en algún diario online a poco que lo intentes. «La mayoría de nosotros somos programadores», dicen por su parte ‘los charnegos’, «o tenemos una profesión relacionada con el desarrollo de software, pero el romhack fue algo aparte».
Pero no todo son negocios y descontentos en el mundo del romhack. También hay lugar para la alegría: fijémonos en Lesbian Tennis , una modificación del clásico Tennis de NES en el que se sustituye a los tenistas originales por mujeres desnudas. Y hay más cambios: por ejemplo, el canal que retransmite los encuentros es LesbianTV 69, y el árbitro pone un poco de picante en el asunto gritando cosas como «IN bitch», «OUT u bitch» o «DOUBLE fucking bitch». O He-Man, un romhack del clásico Kung-Fu en el que los sprites han sido modificados para parecerse, remotamente, a los personajes de la clásica serie de animación. O el ya mencionado Super KKK Bros, con su secuela Super KKK Bros 2, o la trilogía Super Bald Bros.
«El Romhacking es algo muy concreto, más allá de modificar juegos antiguos no tiene muchas aplicaciones», dicen en Charnego Translations. Existen muchos ejemplos de romhack, pero todos redundan en la misma idea: el esfuerzo sin beneficio, el hacer algo para los demás sin esperar nada a cambio. Es esta actitud de no tener aplicación y saberlo la que hace que el romhack sea tan atractivo, como todo lo inútil. El arte es en esencia inútil; quizá por eso Tecmo World Cup es un juego de fútbol que me deja muy indiferente, pero encuentro cierta poética y un sentido del humor muy reivindicable en Tecmo Atleti, la modificación de Charnego Translations; y también es más sencillo encontrar una épica en esos grupos de usuarios que, desde sus casas, emprenden proyectos de traducción titánicos con medios amateur y sin esperar nada a cambio (casi héroes del pueblo que arreglan una injusticia social, lo que ellos creen una injusticia social, como los grupos de ciudadanos que se juntan para patrullar las calles de su barrio en épocas de especial presencia criminal) que en los grupos profesionales, tan civilizados y serios, tan profesionales, grises y, qué coño, aburridos.
VICTOR M. MARTINEZ GARCÍA
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