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Ilustración de Jimena Duval
Vice Labs

"En Cuba, desde que naces, te meten en una lógica bélica"

Para la curadora de arte Anamely Ramos, la Revolución, que supuestamente vino a cambiarlo todo terminó siendo un camino unilateral y rígido.
20.9.21

El pasado 15 de julio, a sólo unos días de que iniciara el estallido social en Cuba, otro más en la región y que se posiciona en la estela de reclamos en Colombia y Chile, conversamos con la curadora de arte cubana Anamely Ramos, quien ha estado viendo lo que pasa desde afuera. El marco de la conversación no era otro, como ha sido en esta Residencia Política, que el de la libertad de expresión. Y a partir de ahí intentamos desandar los esquemas ideológicos para empezar a comprender lo que está pasando en Cuba. Entender el contexto, lxs personajes y el escenario sobre el que nos movemos. 

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¿Qué significa que la forma de una sociedad esté marcada por la fragilidad? ¿Cómo pensar en la fragilidad un punto partida para la emancipación? ¿Qué horizontes nos plantea el momento actual de Cuba y cómo podemos imaginar esos nuevos horizontes? ¿Cómo ha intervenido un régimen -que lleva más de 60 años en el poder- en la manera en que sus ciudadanos se auto representan? ¿Cómo pensar maneras distintas de la solidaridad que se salgan del monopolio que el Estado ofrece? ¿Cómo desvincularse de los marcos de análisis que posicionan a Cuba como una isla ideológica atascada en la Guerra Fría? 

VICE: Desde el exterior la impresión que nos daba de las noticias que llegaban desde Cuba era que había intervenciones de artistas o activistas demandando más libertades civiles y políticas, y luego de esas intervenciones venían detenciones arbitrarias o acoso a activistas. Eso era lo que nos venía llegando desde Cuba y luego sucede esto. ¿Consideras que el campo cultural en Cuba, luego de unos años de producir estas intervenciones, sería uno de los primeros impulsores del estallido social en Cuba?

Anamely Ramos: Es curioso porque estaba hablando justamente de eso en el otro live, que era sobre políticas culturales. Y es un gran tema: porque sobre la cuestión de las políticas culturales está montado todo el imaginario en Cuba de lo que es la cultura, a mi juicio errónea. La cultura no son políticas culturales. Y menos política cultural en singular, que es como se maneja en Cuba. Y estaba hablando justamente de eso, de cuál fue el r

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ol del campo artístico, del campo intelectual en lo que se vive ahora en Cuba. Y lo que decía eran dos cosas principales: una, que siempre hubo artistas e intelectuales manifestando disenso, criticando cosas del Estado, del funcionamiento de lo social en Cuba. Pero siempre se hacía desde espacios muy cerrados. Se rehuía mucho del espacio público. Porque claro, el Estado fue muy inteligente desde el comienzo y decía y sigue diciendo hoy: “critiquen, pero critiquen dentro de este marco”, o “critiquen, pero critiquen para este público”, “critiquen, pero no permitamos que haya desborde de ciertos espacios y mucho menos alianzas”. Y yo creo que la eficacia del Estado radicó en que atacó no sólo la autonomía de los espacios, sino la articulación social: fue destruyendo un tejido social. Y en ese sentido, la cultura es imprescindible porque la cultura nunca es lo que ocurre en un solo lugar, la cultura es más que nada articulación dentro de las cosas y mediación de los procesos. 

Entonces, si algo ocurrió, es que justamente a partir de la aparición de Luis [Manuel Otero Alcántara] en el campo artístico, de la gestión que se hizo con la Bienal 00 y de la articulación con otros movimientos y organizaciones, algunas opositoras, que habían estado aisladas, a partir de ahí, se empieza a romper esa estratificación que existía. Y eso es lo que, a mi juicio, ha llevado a lo que ha ocurrido hoy. El hecho de que un artista contemporáneo cualquiera, o yo, que vengo de la academia, le dijeran a Maykel Osorbo, el rapero autor de la consigna “Patria y Vida”, “lo que tú haces, no sólo es válido, sino que vamos a hacer algo juntos. Generemos una articulación en función de generar visibilidad de lo que vivimos juntos. Porque al final tú y yo somos distintos, nos van a reprimir distinto, porque la represión cubana está muy mediada por la discriminación, pero en última instancia, cuando ejercemos una presión juntos, nos van a reprimir igual. Al final, el problema que tenemos es el mismo, por lo que vamos a generar cosas que nos ayuden a todos a salir de esta situación”. 

VICE: Ajá...

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AR: Entonces es increíble, porque de la mano del arte, del poder del arte, de la cosa simbólica de desmontar narrativas y de contar la historia de otra manera y de asumir la patria de otra manera, se fue generando un tejido social. Eso, por supuesto, es un proceso que no está concluido, es un proceso en el que estamos en medio. Pero los resultados, los atisbos de ese proceso de empatía, de estar dispuesto a ponerte en huelga de hambre por un rapero que le hicieron juicio sumario, eso ha ido generando en la población una especie de confianza de que salir a reclamar funciona. Porque en Cuba, durante mucho tiempo, pasó que la gente decía “¿protestar pa’ qué?”

El rol del arte ha sido muy importante, pero lo más importante no ha sido eso sino generar articulación con sectores que siempre fueron considerados desechables. Y sobre los cuales la Revolución se subió para vender una imagen que no es real. La imagen de que hay justicia social. Y eso es una gran mentira. Lo que ha hecho la revolución es montarse encima de ellos y eso es una gran mentira.

VICE: Estaba viendo una entrevista tuya de hace unos meses para Periodismo de Barrio, donde decías que, respecto del régimen, contra lo primero que empezaste a reaccionar fue contra la homogeneidad del discurso revolucionario. Me interesa que ahondemos un poco sobre eso. Porque parece que una cosa que se está poniendo en tela de juicio ahora, es la crisis del relato de la Revolución.

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AR: Yo creo que ese es el centro del problema. La Revolución, que vino supuestamente para cambiarlo todo, para que muchas más personas tuvieran acceso a cosas, tanto materiales como inmateriales, y que vino para hacernos a todos felices para siempre, terminó siendo un camino totalmente unilateral y rígido. A tal punto de que hoy en Cuba ellos pretenden seguir diciendo que Revolución es lo mismo que socialismo, lo mismo que patria, lo mismo que Cuba, lo mismo que cubanos. Y hoy, la subversión mayor en Cuba es decir que uno tiene personalidad. Decir: yo, Anamely Ramos, soy algo frente a esa cosa que dicen que es Revolución. Yo, Anamely Ramos, tengo la capacidad de construirme una vida. Yo, Anamely Ramos, tengo la capacidad de pensar por mí misma. Pero además, yo, Anamely Ramos, tengo derechos y el derecho a llevar la patria a mi terreno, a tener mi patria. A construir una patria según mis estándares, según mis gustos. 

VICE: Entiendo...

AR: Y eso es lo que ellos intentan quitarte cuando tú naces: tú naces y vas a la escuela y desde el círculo infantil, desde el pre-kínder, ellos te están diciendo quiénes son los héroes, qué tienes que pensar etcétera. Entonces las posibilidades se reducen tanto y terminas adoctrinado totalmente. Además te meten como en una lógica bélica: tú naces y por ser cubano tienes un enemigo por delante que es EEUU, que es como una especie de pulpo gigante que lo controla absolutamente todo. Entonces estás metida con todos los cubanos, como si fueran todos lo mismo, luchando contra una cosa que se llama EEUU. Y de la cual no sabes absolutamente nada. Porque el problema no es si EEUU es o no es una amenaza para Cuba, porque se sabe que en esta cuestión geopolítica hay muchos intereses, pero el problema es que tú no puedes nacer ya a una narrativa, a una lógica predeterminada, donde para siempre, amén, EEUU va a ser tu enemigo. Y a eso se asocia todo tipo de disenso y pluralidad dentro del país. Cualquier cosita que sea mínimamente distinta ya es: EEUU. Entonces tú vives en un nivel de paranoia y estrés constante que no te deja avanzar en tu vida y que además no es real porque se está viendo que hay mucha gente pidiendo intervención y EEUU dijo que no. 

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Hemos llenado el país de refugios para una supuesta guerra que nunca llegó. Y Cuba está llena de carteles que te están diciendo: “en una plaza sitiada la disidencia es traición”, “ahora sí venceremos”, “aquí no se rinde nadie”, y tú dices: ¿Pero ante quién no hay que rendirse, por dios? Si lo que es evidente es que es el Estado el que está aplicando prácticas, no solo asfixiantes, sino que no son funcionales. Es una incapacidad para gestionar el país, porque quieren gestionarlo todo: los imperialistas mas grandes son ese Estado que pretende incluso monopolizar hasta la solidaridad. No puedes ni ser solidario con alguien, porque tienes que hacerlo por el canal oficial. Estamos hablando de un país donde todo tiene que ser oficial, donde todo tiene que ser de una sola manera. Entonces cuando uno entiende eso, uno empieza a reaccionar. Es como si te estuvieran cogiendo por el cuello y no te dejaran respirar. Y uno empieza a reaccionar contra esa cuestión de la homogeneidad.

VICE: Mencionabas antes que la llegada de Internet fue un quiebre porque implicó que al Estado se le fue de las manos el control del relato. ¿Qué papel ha jugado Internet a lo largo de los últimos años?

AR: La llegada de Internet ha sido imprescindible. Cuando uno sale de Cuba, o incluso sin salir uno se pone a leer sobre esto, y lo que prima es el discurso de la opresión que puede venir con Internet: todo lo que tiene que ver con imponerte una cierta lógica, un criterio, una moda. O usar tus datos personales para incidir sobre ti. En fin. Pero el caso de Cuba es tan curioso porque Internet ha sido el escenario para generar una sociedad alternativa, que a veces no es posible generarla en lo físico, digamos. Entonces muchas cosas se denuncian por ahí, muchas iniciativas se hacen por ahí. Y entonces empiezas a conocer cosas de las que no tenías idea  por ahí. Y ha sido la única manera de evadir los controles del Estado. 

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VICE: ¿Qué más ha venido con Internet?

AR: Por supuesto que tiene sus peligros, porque a veces uno entra a las redes sociales y empieza a perder la perspectiva, por toda esta cuestión de los algoritmos, y empieza a creerse que toda esa euforia que uno está viviendo en Internet es Cuba. Y esa no es Cuba tampoco. O no solamente. Cuba es eso, porque también Cuba es la gente que cree que la revolución le puede aportar algo, Cuba es nuestros padres que tienen tanto miedo de que uno vaya a ser reprimido, que no se atreven a hablar. Entonces, vivir dentro de esa burbuja de Internet donde tú ves lo que tus mismos amigos te ponen y otros que piensan igual que tú, te puede llevar a pensar que ya salimos de aquello, por lo menos a nivel mental. Y no es así. Y eso te puede generar una falsa idea, porque te confías, y dejas de hacer cosas desde el punto de vista didáctico, porque piensan que ya todo el mundo entendió. 

VICE: En la charla con el escritor cubano Carlos Manuel, él mencionaba algo similar a lo que tú me dices de cómo la ciudadanía en Cuba ha perdido, por una situación histórica, esa orientación política, de cuáles son sus propios derechos. Y cómo, vinculado a eso, la relación de los cubanos con Internet es como de una minoría de edad. Y eso, al contrario de lo que podría parecer, permitía abrir un espacio para experimentar. ¿Cómo ves esa idea?

AR: Yo creo que hay posibilidad en todo. De hecho una vez escribí un artículo que se llamaba: “La fragilidad de la forma social en Cuba” y hablaba de eso, de la importancia que en Cuba tiene eso. Si en otros países la importancia pasa por la ley o por cualquier otra cosa, en Cuba, que la forma social sea frágil y esté a punto de romperse todo el tiempo, es importante. Porque todas esas cosas que parecen muy naive, al final, son lo que te dan el plus. Porque es la única manera que te da alternativas cuando vives en un lugar en el que el Estado quiere controlar absolutamente todo.

Entonces sí, creo que el hecho de que nos haya llegado tarde el Internet, y nos esté llegando interrumpido y de que para conectarse haya que usar VPN y todo eso, es un problema pero al mismo tiempo te da las posibilidades. Porque posibilidades hay en todo. Se trata de que uno tenga la creatividad de usar las cosas. Es como que te obliga más, por lo tanto tú terminas siendo más creativo. Porque tienes que superar determinadas cosas y eso, por fuerza, subvierte los cánones y las lógicas convencionales. Y termina siendo experimental. 

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VICE: Sabemos que esta semana ha habido cortes de Internet.

AR: Eso ha sido un problema, porque la gente está desamparada. Pero fíjate, qué interesante, eso ha generado una regeneración de la confianza, lo que te hablaba ahorita: a pesar de que el exilio paga todo dentro de Cuba, las familias que viven fuera son las que mantienen a la gente que vive dentro, a pesar de eso, en el imaginario cubano dentro de la isla hay una desconfianza por quienes están afuera, una sospecha con el exilio, una suspicacia. ¡Es que los propios cubanos exiliados son traidores! Y empiezas a tener contradicciones porque el traidor es tu familia. 

Y eso se ha estado rompiendo desde hace unos meses, pero sobre todo ahora, porque si no es por esa gente que está afuera y está denunciando y posteando y retuiteando, no sabríamos nada. Entonces eso ha ido generando como formas de organización emergentes que nos han ayudado a enfrentar esta crisis y que está causada justamente por el bloqueo de Internet. Es como que algo malo te ayuda a reconstruir zonas que estaban dañadas y que necesitamos para seguir adelante. Es como si los cubanos que estamos fuera les estuviéramos diciendo a los que están adentro: “yo también quiero estar en tu situación, aunque a mí no me van a reprimir…”

VICE: Quiero cerrar con una cosa que decía hace un tiempo el poeta y activista Amaury Pacheco: “Hay que ir proyectando en el imaginario cubano qué es lo que queremos como nación”. ¿Cómo pensar en ese horizonte que se abre, donde todo es muy nuevo? ¿Cómo pensar en eso y cómo pensarlo desde lo cultural?

AR: Eso es súper difícil. Porque es como empezar de cero y yo le tengo pánico al empezar de cero. Porque es bueno, pero eso mismo fue lo que dijo la Revolución y borró el resto. Hay que tener tino a la hora de ir colocando en el imaginario una nueva nación, pero a la vez está muy claro que la palabra “nación” tampoco nos sirve. Y es que ese es el problema de Cuba: el mundo anda por un lado, deconstruyendo lo de la nación hace rato y nosotros nos hemos quedado enfrentándonos a un Estado que dice que es la nación, la patria, la vida, la muerte  y todo lo demás. Yo le tengo pánico a la cosa de la nación, eso está superado en el mundo entero. Por eso digo que hay que volver a lo humano, a la cosa menor. Hay que aprovechar que no tenemos lo macro y que odiamos lo macro, porque lo macro son ellos, para entonces construir desde lo pequeño, porque lo pequeño tiene poder. Y nosotros los cubanos somos la muestra fehaciente de que lo pequeño tiene poder. Porque nosotros hicimos una huelga de hambre, 15 personas en una casa, durante 10 días y eso cambió la historia del país. Entonces lo pequeño es importante. Lo pequeño es lo fundamental. Entonces lo que sea que se haga con Cuba no puede perder de vista eso: que somos muchas cosas chiquitas que vamos a construir algo grande, pero que ese algo grande no nos puede volver a comer. 

Hay que tratar de nutrirse de esos imaginarios pequeños, de la horizontalidad, para tratar, entre todos, de construir un país diferente cuando tengamos la oportunidad. Porque lo que puede pasar también es que cuando se caiga la dictadura, no sepamos qué hacer. Hay que tratar de que la manera en que se caiga aquello sea el cimiento para lo que viene. 

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