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En este país no hay que preocuparse por el coronavirus

No ha habido un caso de coronavirus transmitido localmente en Taiwán desde abril. Así es como podría verse un mundo posterior al COVID.
30.10.20
Pareja que vive en Taiwán durante la pandemia de COVID-19
El autor (izquierda) y su pareja en Taiwán, que ha reportado solo siete muertes por coronavirus desde el inicio de la pandemia. Foto: Adam Hopkins

Taiwán anunció su primer caso confirmado de COVID-19 el 21 de enero, un día después de que Estados Unidos confirmara el suyo. Desde entonces, la nación isleña ha reportado menos de 600 casos y solo siete muertes. Tiendas, cines, bares y clubes nocturnos permanecen abiertos y el nivel de preocupación de la gente es mínimo. La vida cotidiana en Taiwán es un vistazo al futuro: un mundo “post-COVID” en el que aún se toman precauciones, pero el miedo a contraer el virus, para muchos, es inexistente.

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Así es la manera en que se vive en Taiwán.

El 8 de agosto, el cantautor taiwanés Eric Chou dio un concierto en la Taipei Arena con una asistencia de más de 10.000 personas. En interiores y sin un distanciamiento social forzado, a primera lectura parece un caldo de cultivo para la transmisión de un virus. Sin embargo, más de dos meses después del espectáculo, Taiwán no ha reportado ninguna infección por coronavirus como resultado del concierto. De hecho, al momento de escribir este artículo, no ha habido un caso confirmado de propagación del virus a nivel nacional desde el 12 de abril. ¿Pero como puede ocurrir esto? Con casi 24 millones de residentes y una densidad de población de 671 personas por kilómetro cuadrado (mucho mayor que la densidad de Reino Unido o Estados Unidos), y sin mencionar su proximidad a China, era de esperar que Taiwán fuera golpeado mucho más severamente por la pandemia.

La manera más simple de resumir el éxito de la respuesta al COVID-19 de Taiwán es la preparación, el liderazgo proactivo y la voluntad del público para cumplir con todas las regulaciones preventivas del virus. En 2003, Taiwán perdió 73 vidas a causa del SARS, la tasa de mortalidad más alta del mundo por dicho virus. Desde entonces, el país se ha preparado para el próximo gran brote y lanzó su respuesta tan pronto como se descubrieron los primeros casos de COVID-19 en Wuhan en diciembre pasado.

Al imponer el uso de mascarillas en el transporte público, limitar el tamaño de las reuniones públicas, cerrar las fronteras tanto para las persona de otros países como para sus residentes, e introducir cuarentenas obligatorias de 14 días para todos aquellos que ingresaron al país, Taiwán logró frenar rápidamente la propagación del virus sin la necesidad de cierres o grandes cambios en la vida diaria. Entonces, ¿cómo ha sido vivir aquí?

La primera vez que usé una mascarilla debido a la preocupación por el virus fue el 29 de enero. Fue esa semana, durante el Año Nuevo chino, que la gente en Taiwán comenzó a alarmarse. Durante la quincena que siguió, hablé con algunos amigos de China —de donde me había mudado el mes de mayo anterior— donde la mayoría de las ciudades habían cerrado por completo. Un amigo en Shandong me mostró el permiso que tenía que presentar a los guardias de seguridad para salir de su complejo residencial para comprar provisiones, otra amiga me dijo que estaba atrapada en Guangdong, sin poder regresar a Shanghái debido a la prohibición de los viajes entre provincias. Antes del cierre, un amigo estadounidense se enfermó al regresar a Shanghái desde Beijing. En un momento en que las pruebas de COVID-19 no estaban disponibles, le diagnosticaron neumonía y le administraron medicamentos que no surtieron efecto. Seguramente las cuarentenas, las restricciones de viaje y aquellos seres queridos que no me gustaría que enfermaran serían una realidad en Taiwán en un futuro no muy lejano, ¿cierto?

A screenshot of the Taipei map showing where potentially infected passengers from the Diamond Princess cruise ship had visited.

Captura de pantalla del mapa de Taipéi que muestra qué lugares habían visitado los pasajeros potencialmente infectados del crucero Diamond Princess. Captura de pantalla: Adam Hopkins

El crucero Diamond Princess que atracó en Keelung el 31 de enero demostró cuán preparado estaba Taiwán para este brote. Una semana más tarde, una vez que se confirmaron los casos a bordo del barco, los residentes de Taipéi recibieron un mensaje en sus teléfonos móviles con un enlace a un mapa especial de Google que mostraba todos los lugares que habían visitado los pasajeros potencialmente infectados y la fecha en que lo habían hecho. Fue tan aterrador como impresionante, pero me dio esperanzas de que aquellos que estaban a cargo sabían lo que estaban haciendo. Desde entonces, a cualquier persona que pudiera haber entrado en contacto con una persona infectada se le contacta de inmediato y se le examina o se le instruye para que se aísle, según su nivel de riesgo.

Durante la mayor parte de este año, la vida aquí ha sido, me atrevo a decir, normal. Ningún caso externo conocido del virus se ha infiltrado en la población local durante más de seis meses. De los 548 casos confirmados en Taiwán (hasta el 22 de octubre), menos de 100 se han transmitido a nivel nacional, ya que la mayoría provienen del extranjero. En los últimos meses he estado en restaurantes, bares, clubes, exposiciones, cines y salas de conciertos, básicamente sin preocupaciones. Por supuesto, solo se necesita una persona enferma en el lugar equivocado en el momento equivocado para hacer retroceder el reloj, pero hay ocasiones en Taiwán en los que realmente olvidas que estamos en medio de una pandemia global.

Un peculiar efecto secundario de vivir en este país en este momento es sentir un extraño tipo de culpa. Por un tiempo, subir una foto mía a Instagram en la playa o cenando fuera me causaba una pequeña punzada de culpa en el estómago cuando me ponía a pensar que la gente de otros países no podía hacer lo mismo. Obviamente, no quiero pasar por ninguno de los cierres y cuarentenas que acompañan a una pandemia, pero, a veces, no puedo evitar sentir que no merezco este tipo de libertad.

Por supuesto, mi culpa es irracional e innecesaria. No estoy recibiendo ningún trato especial. Resulta que vivo en un país donde las autoridades y los residentes se tomaron la situación increíblemente en serio desde el primer día. Taiwán es un vistazo al futuro. Un futuro en el que el virus aún existe, pero se está manejando de manera experta, eficiente y empática.

@AW23Hopkins