Cuando era pequeño, siempre pasaba las vacaciones en el sur de Virginia, con mi familia materna. Navidad, Acción de Gracias, el 4 de julio… esas fechas se celebraban con fiestas, cenas y barbacoas a las que acudían todos los miembros de mi extensa familia, desde primos hermanos hasta el rarito del tercer marido de mi tía abuela. Siendo del sur, era inevitable que hubiera personas que odiaran a Bill Clinton y al Partido Demócrata y otra que sintiera verdadero fervor por ambos. Pero eran días festivos, fluía el amor entre todos (entre unos más que entre otros) y dejábamos de lado nuestras diferencias políticas para disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos.
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Sin embargo, en la era de Trump y del MAGA [Make America Great Again], parece que la cordialidad en la familia es cosa del pasado. Como en tantos otros países, Estados Unidos siempre ha estado marcado, en mayor o menor medida, por cierto tribalismo político, una división que se ha convertido en una brecha casi insalvable desde las elecciones de 2016.La prueba de ello está, cómo no, en las redes sociales. El martes, la popular cuenta de Twitter afín a Trump @Education4Libs publicaba el siguiente tuit: “Acabo de ahorrarme un buen dinero en regalos de Navidad al hacer públicas mis opiniones políticas en Facebook”. El mensaje no tardó en hacerse viral con más de 2.700 retuits.Obviamente, el tuit se había escrito con tono satírico (al menos en parte), pero su publicación desencadenó miles de respuestas de simpatizantes de Trump, muchos de los cuales parecían estar más que encantados de que su apoyo incondicional y ciego al gran líder estadounidense les haya costado la relación con sus seres queridos:
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No obstante, no sería justo atribuir todo el mérito a Trump, y es que los medios más conservadores llevan mucho tiempo aplicando la misma estrategia. Trump simplemente se ha limitado a ensanchar la brecha a un ritmo vertiginoso, tanto que resulta cada vez más difícil tender puentes para salvarla. ¿Cómo se puede entablar un diálogo productivo cuando tus interlocutores parecen dispuestos a deshacerse de lo que más quieren —amigos, familia, trabajo— con tal de defender la postura de su adorado presidente?Durante la campaña electoral, Trump dijo: “Podría plantarme en plena Quinta Avenida y pegarle un tiro a alguien, y aun así no perdería votantes”. Antes, esas palabras me parecían una exageración, pero a día de hoy las veo más cerca que nunca de ser una realidad. Joder, que el tipo sería capaz de hacerlo para demostrar que tenía razón. Nunca he tenido muchas amistades simpatizantes de Trump en Facebook, pero las pocas que tengo se han pasado lo que llevamos de año antagonizando sistemáticamente con todos sus contactos, casi retándoles a romper sus buenas relaciones. Sirva de ejemplo la publicación del chaval que solía vender maría a mis amigos en el instituto:
Imaginaos cómo sería invitar a este chico (ahora un adulto, aunque por la publicación quizá no lo parezca) a una cena de Navidad. ¿Cómo tratas con alguien a quien no solo no le importa lo más mínimo que te incomode la hostilidad con la que expone su postura política, sino que tiene como única intención precisamente eso, incomodarte?Obviamente, los únicos culpables aquí no son los conservadores. También hay casos de gente de izquierdas que han roto lazos con familiares y amigos tras la victoria electoral de Trump (yo mismo dejé de hablarme con un compañero de trabajo que me envió un montón de mensajes racistas la noche de las elecciones solo para regodearse).
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Sin embargo, en la era de Trump y del MAGA [Make America Great Again], parece que la cordialidad en la familia es cosa del pasado. Como en tantos otros países, Estados Unidos siempre ha estado marcado, en mayor o menor medida, por cierto tribalismo político, una división que se ha convertido en una brecha casi insalvable desde las elecciones de 2016.La prueba de ello está, cómo no, en las redes sociales. El martes, la popular cuenta de Twitter afín a Trump @Education4Libs publicaba el siguiente tuit: “Acabo de ahorrarme un buen dinero en regalos de Navidad al hacer públicas mis opiniones políticas en Facebook”. El mensaje no tardó en hacerse viral con más de 2.700 retuits.Obviamente, el tuit se había escrito con tono satírico (al menos en parte), pero su publicación desencadenó miles de respuestas de simpatizantes de Trump, muchos de los cuales parecían estar más que encantados de que su apoyo incondicional y ciego al gran líder estadounidense les haya costado la relación con sus seres queridos:

Sorprende la cantidad de respuestas de este tipo, muchas de ellas realmente tristes. El tribalismo político se ha instalado de tal modo en la sociedad que ahora incluso parece normal provocar intencionadamente peleas con nuestros allegados por una absurda lealtad a una persona que ni siquiera se dignaría mear sobre sus simpatizantes aunque los estuviera viendo arder.A modo de herencia de la economía de goteo de la era Reagan, el trumpismo de goteo empieza a ser un fenómeno muy tangente. Tanto la identidad como la forma de gobernar de Trump se basan en la división polarizada y en el enfrentamiento directo.
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Prueba de ello es que, en unas pocas semanas, el presidente estadounidense ha tenido rifirrafes con todo tipo de personalidades, desde el jugador de la NFL Marshawn Lynch hasta la estrella del baloncesto LaVar Ball o el mismísimo Kim Jong-un. Todos esos piques tienen como nexo la aplicación de una estrategia de tierra quemada: la NFL debería poner en práctica sus recomendaciones o enfrentarse a un boicot; Ball debería arrodillarse y dar las gracias a Trump por evitar que su hijo fuera a la cárcel en China. No hay términos medios, no hay tonos de gris: o estás con Trump, o que te jodan. El siguiente paso es sentarse a observar cómo sus simpatizantes trasladan esta filosofía de fe ciega a sus propias vidas y las consecuencias que ello acarrea.Parece normal provocar intencionadamente peleas con nuestros allegados por una absurda lealtad a una persona que ni siquiera se dignaría mear sobre sus simpatizantes aunque los estuviera viendo arder
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No obstante, no sería justo atribuir todo el mérito a Trump, y es que los medios más conservadores llevan mucho tiempo aplicando la misma estrategia. Trump simplemente se ha limitado a ensanchar la brecha a un ritmo vertiginoso, tanto que resulta cada vez más difícil tender puentes para salvarla. ¿Cómo se puede entablar un diálogo productivo cuando tus interlocutores parecen dispuestos a deshacerse de lo que más quieren —amigos, familia, trabajo— con tal de defender la postura de su adorado presidente?
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Pese a todo, la actitud de ciertos simpatizantes de Trump resulta descorazonadora. Es lamentable que no seamos capaces de sentarnos a la mesa con gente que no comparte nuestras ideas. La política no debería ser tan tóxica.Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Cómo hacemos que los discípulos de esa ilusoria escuela de pensamiento vuelvan a sentarse a la mesa, literal y figuradamente? Si he de ser sincero, no tengo la menor idea. Solo espero de corazón que se trate de un estado transitorio de fuga disociativa que aqueja a la sociedad estadounidense, una especie de psicosis colectiva sádica que empuja a personas cabales a romper lazos con las personas más importantes de sus vidas sin obtener beneficio alguno. O quizá me equivoque y estemos ante el nuevo conservadurismo. No lo sé. Yo solo quiero comerme la cena.K.T. Nelson tuitea como Krang.Es lamentable que no seamos capaces de sentarnos a la mesa con gente que no comparte nuestras ideas. La política no debería ser tan tóxica