Alma antillana: El futbol caribeño late con fuerza en el corazón de las ligas de Inglaterra
El alma del futbol caribeño

Alma antillana: El futbol caribeño late con fuerza en el corazón de las ligas de Inglaterra

A lo largo de los últimos 50 años, particularmente, el intercambio cultural entre Inglaterra y el Caribe ha sido enorme. En pocos lugares es tan evidente como en los campos de futbol.
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Si nos remontamos al primer torneo importante que disputó Inglaterra en los 90, su selección nacional era considerablemente menos diversa que lo que hoy es. De los 23 jugadores que viajaron al Copa Mundial de 1990, todos eran blancos con excepción de tres. Las excepciones a la regla eran Des Walker, John Barnes y Paul Parker. Walker y Parker habían nacido en Hackney y Essex, respectivamente; pero Barnes fue criado en Jamaica, aunque elegible para un pasaporte británico. El hecho de que los tres tuvieran raíces en las Antillas del Caribe dice mucho sobre las conexiones íntimas entre Inglaterra y el Caribe, y casi todos los futbolistas negros que han surgido en el país son de ascendencia caribeña. Aunque el intercambio cultural entre Inglaterra y las Antillas ha sido enorme, particularmente a lo largo del último medio siglo, la influencia caribeña en el futbol inglés ha sido mucho más pronunciada.

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Si comparamos el equipo actual de Inglaterra con el que fue a Italia 90, parece claro que las raíces caribeñas son mucho más profundas. De los jugadores que fueron convocados por Inglaterra para la ronda más reciente de clasificación al Mundial, poco más de una docena de ellos tienen vínculos familiares en las Antillas. Kyle Walker, Alex Oxlade-Chamberlain, Nathan Redmond y Raheem Sterling tienen ascendencia jamaicana, y de hecho Sterling vivió unos años en Kingston; Jermain Defoe es hijo de un padre de Dominica y una madre de Santa Lucía; Nathaniel Clyne tiene ascendencia en Granada, y así sucesivamente. Si tomamos en cuenta a todos los que han tenido una convocatoria con Inglaterra en los últimos años, y hay muchos jugadores de alto perfil que requieren una mención como Daniel Sturridge, Chris Smalling, Theo Walcott y Danny Rose. De la misma forma en que Gran Bretaña y las Antillas están conectadas histórica, social y económicamente, también el futbol en Inglaterra está impregnado por la identidad caribeña. Y de la misma forma en que su corazón es británico e irlandés, uno podría decir que el futbol inglés también tiene alma caribeña.

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La primera interacción formal entre Gran Bretaña y el Caribe llegó a finales del siglo 16 y comienzos del 17. Para entonces, Gran Bretaña era una potencia imperial, y pronto se dio cuenta del potencial económico y estratégico de las islas tropicales. Los colonos británicos comenzaran a llegar en grandes números, y los soldados británicos peleaban con otras potencias coloniales en la región, principalmente Holanda y España, que también tenían enclaves significativos ahí. Esta no era una época de intercambio cultural, sino de conquista, explotación y expansión. El Caribe pronto se convirtió en una enorme economía basada en la agricultura en las plantaciones, e impulsada por el trabajo forzado de los esclavos que traían de África.

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En ese sentido, el primer legado colonial de Gran Bretaña en el Caribe está manchado por la ambición y la brutalidad, con incontables actos de violencia perpetrados contra la población que era llevada ahí para trabajar en contra de su voluntad. Incluso después de la abolición de la esclavitud a comienzos del siglo 19, la severidad de las políticas racistas y laborales seguían definiendo el gobierno británico sobre las Antillas. Sin embargo, a presar de la complicada relación de Gran Bretaña con la región en esos años, las antiguas colonias del Caribe -la mayoría de ellas obtuvieron su independencia en los 70 y 80 del siglo 20- generalmente tuvieron relaciones fuertes con Gran Bretaña, gracias a las ligas culturales, familiares y administrativas que se remontaban hasta el tiempo del imperio, y en otros casos por simple necesidad económica.

Desde los 40, 50 y 60, la relación entre Gran Bretaña y el Caribe ha sido de una naturaleza recíproca. Aunque la limitada migración desde las Antillas hacia el Reino Unido se ha dado desde la Ilustración, hubo un crecimiento inicial en el período de la posguerra con la llegada de la "generación Windrush". No solo muchos antillanos habían servido en las fuerzas armadas británicas durante las dos guerras mundiales, sino que las pérdidas que generaron esos conflictos dejaron una considerable escasez de mano de obra en Gran Bretaña. Así que, alentados por el gobierno británico, cientos de migrantes caribeños se embarcaron en el "Empire Windrush", que llegó a Inglaterra en 1948, y muchos se instalaron en el sur de Londres. Un momento simbólico en la historia británica, que abrió camino para mucha de la migración que ha llegado desde entonces.

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Pilotos trinitarios en la Real Fuerza Aérea Británica durante la Sergunda Guerra Mundial // Imagen vía Wikimedia Commons

Aunque ha habido análisis más profundos sobre la explotación de la clase trabajadora antillana como inmigrantes en Gran Bretaña, por no mencionar la discriminación racial a su llegada a este país, y una diversidad de problemas sociales que han afectado sus comunidades, también ha habido oportunidades duramente ganadas para acceder a los más altos niveles de la sociedad británica. Aunque las comunidades afrocaribeñas siguen enfrentando un trato desigual en el Reino Unido y que son objeto de un prejuicio sistemático, también son visibles en la política, los medios, la academia, y otros ámbitos en una forma que no hubiera sido concebible hace dos o tres décadas. Igualmente, hay muchos elementos de la cultura afrocaribeña de primera y segunda generación que se han convertido en parte integral de Gran Bretaña. Hay también una enorme presencia afrocaribeña en el deporte británico y sobre todo, en el atletismo, el boxeo y el futbol.

Desde la Copa Mundial de 1990, docenas de futbolistas han representado a Inglaterra siendo hijos de antillanos, y la historia familiar de muchos de ellos se remonta a las primeras oleadas de migración desde las colonias. Y además, hay cientos que han jugado para equipos ingleses a nivel profesional, pero que han decidido representar a selecciones nacionales caribeñas en la escena internacional. Comenzando con jugadores como Clyde Best, Brendon Batson, Luther Blissett, Laurie Cunningham, Cyrille Regis y Viv Anderson, los futbolistas de origen caribeño se hicieron más y más presentes en el más alto nivel del futbol inglés a partir de los 70. Aunque estos hombres a menudo se tuvieron que enfrentar a insultos racistas, cánticos discriminatorios y a que les lanzaran plátanos desde las tribunas, su participación en los partidos cada fin de semana ayudó a abrir el camino para los que llegaron después, pues muchos aficionados llegaron a adorarlos. Con su entereza para no dejarse amedrentar por el abuso y por su determinación para jugar un futbol fantástico a pesar de todo, también les demostraron a los racistas de las tribunas que los futbolistas caribeños eran duros, resistentes y exuberantemente talentosos.

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Desde entonces, los futbolistas con orígenes antillanos han sido una constante en el más alto nivel, y con una presencia cada vez mayor en la etapa histórica de la Premier League. Conforme se rehabilitó la imagen del juego y las autoridades le declararon la guerra al racismo en las tribunas, una nueva generación de futbolistas que incluyó a Paul Ince, Dwight Yorke, Les Ferdinand, Frank Sinclair e Ian Wright -con Ince, York y Ferdinand, de Trinidad, Tobago y Jamaica, respectivamente, y los otros de ascendencia jamaicana- llegó a escena para liderar el camino. Aunque los incidentes racistas siguen ocurriendo en el futbol temporada tras temporada, generalmente son aislados y rápidamente resueltos en comparación a la situación que se veía en los 70 y 80. Los futbolistas con sangre caribeña han hecho una gran contribución en ese sentido, no solo con su visibilidad en el campo sino también con el esfuerzo concertado de muchos para trabajar con iniciativas como Muéstrale la Tarjeta Roja al Racismo y la campaña Échalos.

Hoy, hay jugadores de ascendencia caribeña en cada peldaño del sistema inglés de futbol. Revisando los planteles del primer equipo que terminaron la temporada 2016-17, hay siete internacionales caribeños en la Championship, otros siete en la League One, y una cantidad impresionante de 11 en la League Two, además de otros tantos con ascendencia caribeña que son elegibles o que han decidido representar a Inglaterra en algún nivel. Sus raíces están en Bermuda, Jamaica, Antigua y Barbuda, Trinidad y Tobago, Monserrat, Granada y Curazao, entre otros países. Tanto así ha cambiado el futbol inglés en las décadas transcurridas desde la generación de la posguerra cuando los inmigrantes antillanos llegaron por primera vez a este lugar, y es además, un indicativo de lo mucho que el Caribe incide en el juego actual en Inglaterra.

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Aunque fue criado en Midlands, Romaine Swyers juega como internacional para San Cristóbal y Nieves, una selección apodada los Sugar Boyz en reconociimiento al azúcar, el motor de la economía en la isla. Es un testamento del intercambio cultural entre las Antillas y Gran Bretaña, pues es uno de los muchos futbolistas que nacieron en el Reino Unido pero que regresan al Caribe para representar a las islas donde sus familias tienen sus raíces. Viajó por primera vez a San Cristóbal en unas vacaciones familiares cuando era un adolescente, pero conoce Birmingham mucho mejor que lo que conoce Basseterre, igual que muchos británicos de raíces antillanas que sólo conocen el Caribe cuando ya han crecido.

Tal como lo Romaine lo nota casi inmediatamente, el futbol no es necesariamente el deporte principal en San Cristóbal y su pequeña isla hermana al sur. "El futbol es el deporte principal en mi familia, pero el cricket es el deporte principal allá. Se ha cerrado la brecha, pero en aquel momento (en que visité por primera vez) era más el cricket, aunque jugábamos futbol con la familia y los amigos", asegura. Mucho del futbol que se juega en las islas es rudimentario, pues no hay infraestructura deportiva en comparación con el enclave urbano de Midlands, y ciertamente cada día hay menos riqueza. Esto se refleja hasta cierto grado en la configuración del equipo nacional, con San Cristóbal y Nevis, muy por detrás de algunos de los más grandes países en la CONCACAF, en términos de dinero e instalaciones. Dicho lo anterior, están creciendo como selección nacional, entrando recientemente a los primeros 100 en las clasificaciones de la FIFA, una de sus metas a largo plazo.

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Al hablar de su debut en selección nacional, Romain explica que la cultura del aficionado es diferente en el Caribe. "Probablemente es una de las pocas ocasiones en que he estado algo nervioso antes de un partido, y pensé en cómo hacer mi juego un poco diferente", recuerda. "Ni siquiera cuando debuté en clubes en Inglaterra, pensé tanto en si la gente me aceptaría. Yo era el chico inglés que venía a jugar para San Cristóbal, adentrándome en un ambiente completamente diferente y era como ver qué pasaría. Los juegos son muy diferentes allá, la gente es muy ruidosa, además hay tambores de acero y una atmósfera de fiesta en comparación a los cánticos que hay en Inglaterra. Es casi como un carnaval en medio del partido, aunque por supuesto, cuando estás jugando tienes que bloquear todo eso".

Romaine jugando para el Brentford en febrero // PA Images

En términos del estilo de futbol que prevalece en San Cristóbal y Nieves, Romaine lo hace ver como si fuera un futbol que nunca para. "Es mucho de 'tú la tienes, nosotros la tenemos'", se ríe. "La mayoría de los equipos en las islas del Caribe gustan de salir jugando desde atrás y tratar de armar y armar, y a menudo la juegan en exceso en defensa mientras tratan de ir subiendo en el campo". Suena similar a la estrategia que han seguido los clubes ingleses que salen a Europa en temporadas recientes, aunque es más una coincidencia que un signo de derivación táctica. Y tal como enfatiza Romain, el futbol inglés está influenciado por el Caribe, pero de la misma manera, el futbol caribeño a menudo observa hacia Inglaterra en búsqueda de ideas y métodos para jugar.

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"Allá todos ven la Premier League, así que muchos niños tienen la ambición de jugar futbol y todos idolatran a las mismas personas que nosotros en Inglaterra", asegura Romaine. "Así como hay muchos jugadores caribeños en Inglaterra, también hay una gran influencia a la inversa. En lo que a mí respecta, que juegue en la Championship (segunda división de Inglaterra), a muchs les asombra allá. Hablo de mi país en particular, pero creo que pasa igual en todo el Caribe. Recuerdo juegos contra otros equipos del Caribe y había gente que sabía que yo juego en Brentford. Tiene una influencia, y creo que es positiva, en el sentido de que, aunque yo no nací allá, es un ejemplo de que el mundo puede ser tuyo. Obviamente tenemos al capitán del equipo (Atiba Harris) que nació en San Cristóbal y juega en la MLS, creo que ya lleva 11 temporadas en Estados Unidos, así que obviamente es algo asequible para los niños que crecen allá (en las islas). Pero como estoy allá cada año, soy accesible para ellos, y me gusta pensar que estoy en una posición en la que puedo ser un ejemplo".

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"La influencia caribeña en Inglaterra, creo que sigue creciendo", agrega Romaine. "Hay más jugadores que salen del Caribe, y obviamente están los equipos más grandes de la región como Trinidad y Tobago o Jamaica, que siguen progresando". Con chicos de otras ciudades británicas como Birmingham, Manchester, Leeds y Leicester en la selección nacional de San Cristóbal y Nieves, es claro que hay una constante retroalimentación entre las islas y el Reino Unido en términos de jugadores. Ciertamente, los compañeros que juegan en clubes de Inglaterra traen algo de su estancia en los juegos internacionales, más que solo el grupo de WhatsApp que Romaine revisa diariamente. "Fui lo suficientemente afortunado de estar en West Brom desde los siete años, así que siempre he estado en un ambiente académico", asegura. "Algunos de los compañeros con los que juego en selección nacional no tuvieron esas mismas oportunidades, y solo puedo imaginarme lo duro que ha sido para ellos llegar a donde hoy están. Creo que eso me ha motivado en mi propia carrera, porque estoy convencido de que mientras más exitoso sea yo, más exitosos serán ellos también".

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Para Romaine, representar a San Cristóbal y Nieves parece una fuente de motivación, y la forma en la que se expresa de su selección nacional dista mucho de lo que usualmente se dice del juego. "Todo el compañerismo que encuentro allá, me hace querer hacerlo aquí también", asegura. "He visto lo que el futbol puede hacer allá, con infraestructura mínima, poquísimo tiempo para jugar porque muchos de mis compañeros tienen también que trabajar además de entrenar. A pesar de todo eso, tienen la misma hambre que cualquiera, y los jugadores más hambrientos de Inglaterra no lo son más que los chicos más motivados de San Cristóbal. Sin embargo, las oportunidades son muy diferentes. Creo que eso realmente me ha abierto los ojos".

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Aunque la personalidad del futbol inglés parece impregnada por el juego caribeño, y viceversa, hay más influencias que las que saltan a simple vista. A pesar de la añeja presencia británica en el Caribe, las Antillas están geográficamente más cerca de Latinoamérica, lo que le agrega otro ingrediente a toda esta pócima futbolística en términos de inspiración, táctica y estilo. Hablando con Andre Boucaud, un hombre que juega para el Dagenham and Bridges en clubes y con Trinidad y Tobago en selección, la conversación se traslada a Sudamérica y en cómo diversos elementos del continente han llegado al futbol isleño. Habla desde un campo de entrenamiento en Estados Unidos, donde está concentrado con la selección nacional que ha representado desde 2004, apodados los Soca Warriors a partir del género musical trinitario que lleva el mismo nombre.

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"Trinidad no está muy lejos de Sudamérica, y tú sabes como es el futbol sudamericano", asegura Andre. "La gente ve a Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina y el resto de esos países. Hay mucho futbol basado en habilidad, futbol a ras de pasto, pasar y moverse, y ese tipo de cosas. A los aficionados les encanta ver jugadores habilidosos que juegan con el balón en el suelo, mientras que en Inglaterra a veces es más de barrerse, de chocar, y de juego más largo".

Andre con los colores del Dagenham // Foto cortesía del club Dagenham and Redbridge

Es interesante notar que cuando los aficionados -al menos los que tienen la edad suficiente para acordarse- recuerdan la primera vez que vieron a Laurie Cunningham, Cyrille Regis, Viv Anderson y demás, a menudo señalan su habilidad con el balón, su exuberancia y su aplomo como las características que más les admiraron. Quizás haya ahí algún indicio del verdadero espíritu del futbol antillano, en ese futbol expresivo con ecos caribeños y ecos también sudamericanos, que destacaron en un entorno de pegar y correr como era el futbol inglés de los 70, y que en algunas cosas se mantiene. Para muchos, esto puede sonar como una hipótesis muy arriesgada, pero es importante analizar cómo el Caribe puede ser el enlace entre Gran Bretaña y el futbol del hemisferio sur. "Puedes ver Venezuela desde Trinidad, y Colombia no está tan lejos, así que hay influencia sudamericana en nuestro futbol", agrega Andre. "Muchos de los jugadores en nuestra selección han jugado para clubes en México, y lugares así, que tampoco están lejos, así que eso es una influencia importante".

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Aunque Andre se crió en Edmonton, en el norte de Londres, la vida en Trinidad y Tobago no le era ajena cuando hizo su debut. "Me llevaban a Trinidad desde muy pequeño, porque obviamente mis padres nacieron allá", asegura. "Obvamente mantuve esa conexión a través de ellos, y mi padre solía llevarme en vacaciones de verano. Siempre tuve esa conexión con la isla, con el país. Finalmente en 2004 me convocaron para un amistoso contra Irak en la cancha del West Brom, y ahí empezó todo".

Andre jugando para Trinidad y Tobago en 2013 // EPA Images / Robert Ghement

De muchas formas, la relación de Andre con el Caribe la comparten y reconocen muchas personas que están en la misma situación, ya sea futbolistas o de otras profesiones. "Aunque yo vivía en Inglaterra, mis padres nacieron y se criaron en Trinidad, así que crecí con el mismo tipo de ambiente", asegura. "Obviamente, con ellos migrando desde el Caribe y teniendo que hacer una vida solos en Inglaterra, eso definitivamente me impulsó aun más para intentar hacerlo bien para ellos, pero también para mí. Llegaron con casi nada e hicieron algo de sus vidas, así que ver eso y ver lo que han logrado, siempre será una motivación para mí".

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Tras hablar unos minutos con Shaun Cummings, parece un hombre de pocas palabras, al menos en lo que respecta a los medios. No es muy frecuente que un perdiosita se presente en Bromley temprano por la mañana para hablar de su experiencia representando a Jamaica, así que su escepticismo quizás sea entendible, especialmente en un momento tan importante de la temporada.

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Shaun creció al oeste de Londres, y fue uno de los muchos jugadores que salieron de la cantera del Chelsea en un momento en que las oportunidades en el primer equipo eran limitadas por su extravagante estrategia de fichajes. Elegible para la selección nacional gracias a su padre, debutó con Jamaica en 2013, y visitó el país por primera vez cuando recibió la convocatoria. Es más efusivo al hablar de los sentimientos encontrados de algunos jugadores sobre el país al que han elegido representar, pues a los futbolistas con ascendencia caribeña, pero nacidos en el Reino Unido, se les presenta ese dilema a una edad muy temprana. "Hay muchos jugadores de ascendencia caribeña que han elegido jugar para Inglaterra en ese punto, así que el Caribe obviamente tiene una gran influencia. Ya sea que su familia sea de Jamaica, Barbados, Santa Lucía, Antigua o de donde sea, estoy seguro que cualquiera de esos países armaría un muy buen once con los jugadores en Inglaterra", asegura.

Shaun celebra // Photo provided by Millwall FC

"Obviamente, cuando se trata de elegir Inglaterra o Jamaica, puede ser algo bueno tener esa opción, pero también hay algo de presión porque quieres tomar la decisión correcta", agrega Shaun. "Yo no diría que alguien hace mal por elegir una sobre la otra, es una cuestión individual". Al igual que con cualquier futbolista que tiene afinidad con diversos países, puede ser difícil priorizar una nacionalidad sobre la otra, lo que nuevamente sugiere que hay una línea difusa entre la identidad caribeña y la británica.

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Shaun no es el único jugador del Millwall que representa a un país caribeño en selección nacional, pues su compañero y también defensor, Mahlon Romeo, ha tenido ocho partidos con Antigua y Barbuda a los 21 años. Es hijo de Trevor Romeo, músico y productor de ascendencia de Antigua a quien la mayoría de nosotros conocemos como Jazzie B de Soul II Soul. Sin duda, este parentesco es algo sobre lo que le preguntan muchísimo, así que nos saltamos ese tema y vamos directo a hablar sobre Antigua, a donde ha ido de vacaciones desde que tiene uso de memoria, aunque Mahlon creció en Camden.

Mahlon en acción con el Millwall // Foto cortesía del Millwall FC

"Siento como si mi corazón estuviera en Antigua", asegura Mahlon cuando se le pregunta si sintió algún conflicto sobre a cuál país representar. "Obviamente crecí aquí, pero al estar yendo allá dese muy pequeño y tener familia en Antigua, es como si tuviera esa vibra familiar allá, y eso me lo puso facil". Habla de cuando jugaba futbol en la isla con sus primos cuando era niño, de patear un balón en un calor sofocante al que no estaba acostumbrado. En este caso también, mucho del futbol que se juega en Antigua es a un nivel muy básico. "El futbol es muy diferente allá, no es un país rico, y lo que tenemos aquí en Inglaterra no se puede comparar. Hay algunos buenos jóvenes saliendo allá, y muchos se mudan a Estados Unidos, para intentar jugar en la MLS, y sé que hay un muchacho jugando en las juveniles de Seattle, así que esa es la forma en que están llegando desde allá".

Aunque el futbol inglés se ha beneficiado de la presencia de jugadores con lazos familiares en las Antillas a lo largo de las últimas décadas, es posible que el destino elegido para los jugadores nacidos en el Caribe sea cada vez más el futbol del continente americano. Geográficamente, tiene mucho sentido, y además la atracción económica que trajo a tantos a Gran Bretaña en los 40, 50 y 60 posiblemente ya no sea tan fuerte como antes. Dicho lo anterior, los lazos culturales y familiares con el Reino Unido siguen siendo robustos, y es poco probable que eso cambie. Para los scouts y buscadores de Inglaterra, sin embargo, será mejor que mantengan un ojo más atento a la región para evitar que lo mejor de ese talento termine en otro lado.

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"Desde muy joven yo solía decir que nací en el país equivocado. Siempre preferí Jamaica para crecer, así que cualquier oportunidad que tuviera para regresar, intenté ir". Estas son las palabras de Joel Grant, que al igual que su compañero de selección Shaun Cummings creció al oeste de Londres, y que salió de la cantera del Watford. Joel ha jugado para el Sldershot Town, Crewe Alexandra, Wycombe Wanderers y Yeovil, pero ahora se ha vuelto un habitual en el Exeter City con el entrenador Paul Tisdale. "Me comprometí con Jamaica desde una edad muy joven, tenía 17 años cuando entrené por primera vez con la selección nacional", asegura Joel. "Jugué con el equipo sub 20 y desde entonces he buscado más oportunidades en el primer equipo".

Joel recuerda sus primeras experiencias en el futbol de Jamaica con claridad, hablando con calma pero con calidez sobre el inicio de su adolescencia. "Para mí, los momentos familiares fueron a partir de los 14 años, y hay algunos juegos que recuerdo como si fuera ayer. Ir y simplemente jugar con mi familia, recuerdo la tierra de las canchas, casi como grava. Cinco contra cinco, o seis contra seis, probablemente fue ahí donde aprendí algunas de mis habilidades, jugando en ese tipo de canchas". Y aquí también, como un chico que creció en Inglaterra, el ver las instalaciones de Jamaica, debió representar un impacto importante. Pero a veces, es un partido reñido en una cancha improvisada lo que le enseña a jugar a un futbolista emergente.

Joel (centro) con Jamaica en 2015 // EPA Images / Javier Valdes Larrondo

"Cuando llegas al nivel de academia en Inglaterra, aprendes muchas cosas", asegua Joel. "En Jamaica, para muchos jugadores es simplemente habilidad natural, y probablemente no es hasta que llegan a los 20 o incluso más cuando reciben entrenamiento formal. Muchas de las habilidades allá se aprenden simplemente con experimentar, con los niños jugando y haciéndose amigos de la pelota, trabajando su técnica sobre la marcha". Eso parece coincidir con la idea de un futbol expresivo.

"Obviamente cuando tienes habilidad natural y la combinas con entrenamiento formal, eso te da una ventaja", asegura Joel. "Cuando entiendes el juego pero también estás contento y cómodo con el balón, esa es una buena combinación. En Inglaterra, a veces con tanto entrenamiento formal, pierdes esa habilidad natural y exuberancia. Yo diría que en el Caribe hay atletas naturales, y si tienes la mezcla correcta con entrenamiento y táctica, puedes ser imparable". Hay futbolistas caribeños en todos los niveles del futbol inglés que ya lo son, por supuesto.

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Dice mucho que a nivel de la Championship, la League One, la League Two y la National League haya tantos jugadores dispuestos a hablar con conocimiento sobre su ascendencia caribeña. Aunque los jugadores de alto perfil que tienen sangre caribeña y que representan a la selección inglesa sirven como ejemplo de cómo este país ha cambiado en los últimos 50 años, hay evidencia aún más trascendental de ese cambio en los clubes regionales y en las divisiones inferiores.

Lo que el futbol inglés le debe a las Antillas es imposible de cuantificar. En ese sentido, decir que el futbol inglés tiene cierta alma caribeña es correcto, pues la influencia antillana se ha amalgamado en la esencia misma del juego inglés.

@W_F_Magee