Chocolate blanco, el nuevo disco de Robot, es Baja Cali flava en clave de THC

Uno de los discos del año en el hip hop hecho en México.

Un paseo por el bulevar en un lowrider atascado del humo de mil porros de mariguana. El destino es una fiesta henchida de funky, trapicheo, amigos, chicas, vasos rojos y drogas. En el radio suena G-funk, oldies, y el mar cubre la escena desde el horizonte. Es un robo-trip. Es el flava Baja Cali más ponchado cifrado en la voz de Robot, quien acaba de sacar del horno Chocolate blanco, su nuevo disco. Siempre arriba.

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Como habíamos dicho acá, Robot es una de las voces más originales del rap mexicano contemporáneo. Integrante de la West Gold, el súper grupo conformado por él, los hermanos iQlover y Jarabe Kidd (que juntos forman a KingZoo), y Poofer, quienes bajo el soporte de Jamgle Records y Santa Suerte lanzaron su disco debut y homónimo en enero pasado. Estos jóvenes moldeados en las costas y el norte del oeste mexa, desde Colima hasta Ensenada y Mexicali, confluyeron en Guadalajara para producir solos y en conjunto el mejor G-funk que se haya hecho en México y quizá en Iberoamérica.

Para pocos es un secreto que este colectivo significa una avanzada importante para uno de los mejores momentos del rap mexicano. Por su diversidad, buena factura e impacto, existe ya un sonido West Gold. Los nuevos chicos del barrio son dedicados, ñeros y tienen hambre. En poco menos de dos años han disparado bangers mortales y se han moldeado un público ávido de nuevos referentes musicales en la música independiente contemporánea.

Digamos que representan a una segunda generación de raperos luego de que el género tuviera, alrededor de 2013, el inicio de su más reciente era: la dorada. (Recordemos que ese año salió el Todo bien de La Banda Bastön, el primer LP del por entonces poco conocido Tino el Pingüino, Tu antihéroe favorito, y el mixtape Vacaciones en la calle de Eptos Uno). Han pasado cinco años, los cultores se han hecho fuertes y se ha dibujado una escena completamente diferente. En 2018 el loop temporal del género ha comenzado un nuevo ciclo. Y en la cresta de éste se encuentran propuestas como la de Robot.

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Chocolate blanco es su segundo disco formal. Aparece un año después de Bugambilias, una recopilación de los sencillos que había maquetado luego de su primer disco 1995 y de su EP debut Rosa María. Se trata de su placa más larga (23 tracks más un bonus) y la consolidación de su discurso. Fue mezclado y masterizado por Jamgle bajo la dirección musical de Lokiuno, la asistencia de mezcla de V Rod. y el arte de Nevárez Design.

Chocolate blanco es un manifiesto al hacer lo que uno ama, a salir del barrio y perseguir el money en una selva de lobos; una estampa de la calle, de rifarse el pellejo, tener estilo y cuidar de los tuyos; un vistazo al caleidoscopio desde la playa con la mejor OG Kush en los ojos o polvo en la nariz; y una oda al cachondeo, el amor, las heridas y los besos de THC. Todo servido en una producción musical cristalina y unos beats duros como jab de box.

Robot extiende sus registros vocales. Si parte del músculo que ya había mostrado en Bugambilias se cimentaba en un rapeo extendido, nasal y cantado, en Chocolate blanco hace suyas las rimas dislocadas del trap e incluso el doble tempo (“A lenta velocidad”, “Desde cero” y “Run Run Run”, “De perros a lobos II”, “Endandilao”). El G-funk se hace patente en “McLovin”, quizá la pieza más fiestera junto a “Llamadas perdidas”, esta última uno de los primeros adelantos del disco y sin duda una de los tracks más rankeados de Robot en relación a una audiencia fuera del rap. “Cuentas claras”, “Clean and High”, “Roll Up” y “Lo sabe” son piezas con el estilo clave de Robot, pero amplificado, con su slang spanglish, sus contrapunteos de canto y rima y unos beats súper duros y limpios.

Conviví con Robot hace un par de meses, cuando vino a CDMX a dar un show. Un tipo sencillo, risueño y directo. Recuerdo que una de las cosas que me confesó es que tenía mucha hambre creativa, que le gustaba todo lo oldie y que mantenía una disciplina cabrona para grabar en el estudio. “Tengo ya otro disco terminado”, me dijo.

Está bien, pero mientras derritamos todas las capas de Chocolate blanco. Siempre arriba o qué.

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