Hombres nos cuentan las locuras que han hecho para agrandarse el pene
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Hombres nos cuentan las locuras que han hecho para agrandarse el pene

La fijación por el tamaño y la erección hace que a algunos hombres se les vaya la pinza.
AC
ilustración de Aina Carrillo
30.8.18

La del tamaño del pene es, sin duda, la reina de las obsesiones sexuales masculinas (aunque quienes la padezcan estén normalmente en la media real). También hay otros que no padecen el ‘síndrome del vestuario’ —la percepción irreal del tamaño del pene del hombre que daña su autoestima— y que simplemente sienten poco afecto por el aspecto de su rabo.

Esa fijación hace que, en ocasiones, a algunos hombres se les vaya la pinza y hagan cosas que, con un poco de mala suerte, podrían dejarles directamente sin su apreciado "órgano viril". Cualquier cosita está bien con tal de que la pareja quede satisfecha y sorprendida. ¿O no? A fin de cuentas, las bombas de vacío, como los tatuajes o piercings en la verga, las carga el diablo. Y un chute de Viagra puede ser muy mal consejero.

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Estas son algunas de las historias más curiosas (o penosas) que les ocurrieron a hombres que cometieron locuras con su rabo.


MIRA:


La bomba de vacío y el anillo de silicona

Estaba bastante obsesionado con el tamaño de mi pene. No era muy grande, pero tampoco excesivamente pequeño. La cosa es que un día me comentó un colega que había un cacharro llamado bomba de vacío que supuestamente alargaba un poco el pene. Lo compré y lo probé. Un día que quedé con mi chica, me metí en el baño y, sin que me viese, lo utilicé. Tenía que meter el rabo en el aparato, se conseguía un vacío y al bombearlo se retenía la sangre. Le di un buen rato y conseguí ponerme palote. Luego tenía que ponerme una especie de anillo de silicona en la base del pene para que no se me bajase la erección. Yo pensaba que ya con eso estaba todo hecho, y que el pene crecería. Salí del baño y empecé a liarme con mi chica, luego echamos un polvo y al cabo de un rato vi que aquello empezaba a ponerse morado, me dolía y lo peor es que no era capaz de correrme (algo que no me había pasado nunca antes).

Mi chica acabó mosqueada y a mí no me quedó más remedio que dejar el polvo a medias y contarle mi "hazaña". Acabé quedándome sin polvo, sin alargamiento, casi sin chica y 50€ menos en la cuenta que es lo que me había costado el aparatito de las narices.

Manuel, 22

Ácido en el pene

Mi ex tenía complejo porque decía que su pene era muy finito y creía que yo no disfrutaba de las relaciones sexuales que manteníamos. Un día, después de unas vacaciones, me dijo que tenía cita para operarse el pito para hacerlo más grueso. Yo no tenía ni idea de que eso se podía operar. El caso es que se lo hizo.

Le inyectaron ácido hialurónico en la piel del glande y parece que ganó un par de centímetros con el rabo en estado flácido. Tuvimos que estar varios meses sin sexo pero lo peor fue que, cuando retomamos la actividad, vio que le dolía demasiado y, peor aún, se dio cuenta de que no tenía buen aspecto y le salieron unos bultitos. Menudo mal rato pasó… Se habían pasado con el dichoso relleno y tuvieron que volver a intervenirlo. Volvió a tener un pene más fino, pero al menos pudo volver a follar.

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Alberto, 26 años

La siesta alargadora

Un amigo se quedó solo en casa de su hermano y quedó conmigo por el chat. Cuando llegué, me contó que se había comprado una bomba de vacío en un sexshop y que la había estrenado esa tarde, pero que se había quedado dormido con ella puesta. Aunque ponía que no había que dejársela más de quince minutos, él la tuvo una hora o más. Le dije que quería vérsela y me la enseñó: la tenía enorme y esponjosa. Casi del tamaño de una lata de refresco. "No me empalmo", me dijo. Por suerte, según me contó días más tarde, había vuelto a su estado natural poco a poco.

Weldon, 41

El clásico de la Viagra

Nunca he tenido disfunción eréctil, pero pasé una mala racha y me costaba mantener la erección cuando tenía sexo con mi chica. Una vez hicimos un trío con otra colega y quise rendir bien, por lo que pensé en tomar Viagra. Hacía poco que había escuchado la historia de un tío al que casi le revienta el pene después de inyectársela y tenía mis reparos, pero me salió la vena de macho idiota y probé a tomar unas pastillas.

Me la tomé esa mañana temprano y otra vez una hora antes del polvo. A los veinte minutos ya la tenía dura como un garrote. La cosa es que hicimos el trío, todo fue bien y yo quedé satisfecho, pero aquello no bajaba de ninguna manera. A las cinco o seis horas seguía igual de tiesa y ya me empezaba a doler bastante.

Me puse hielo pero no bajaba, y tampoco funcionó que volviera a masturbarme ni darme un baño. Por la noche el dolor era tan insoportable que tuve que ir al médico. Me dijo que tenía una cosa llamada priapismo y que si llego a esperar unas horas más podía haberme jodido el pene del todo.

Juan, 27 años

Inyección y desmayo

Cuando volví al porno gay tras una pausa de unos años, las cosas habían cambiado mucho. La primera vez que rodé no existían ni las Viagras y, oye, la cosa funcionaba. En el 2016, acompañé a mi mejor amigo a un rodaje, y me preguntaron que si quería aparecer como extra junto a dos estrellas del porno, pero no me encontraba muy allá por estar resfriado. Uno de ellos me propuso pincharme la polla con Caverjet, un estimulante inyectable, y por primera vez noté como la cosa se ponía dura como una piedra sin estímulo sexual. Tan dura que el cockring que llevaba me ahogaba la polla, así que decidí intentar quitar el anillo y me pillé un huevo. Sólo tuve tiempo de decir a mi amigo: “Nene, me desmayo”, y él sólo tuvo tiempo de recogerme en sus brazos. Mi polla siguió tiesa unas cuantas horas más, sin poder usarla porque me dolía… Hasta que se bajó tras unas cuantas duchas con agua fría.

Rubén, 46