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Una profesora de retórica explica cómo ganar una discusión en internet

“Yo no les insultaría, porque hacerlo te rebaja a un nivel de debilidad".

por Vincenzo Ligresti; traducido por Julia Carbonell Galindo
25 Enero 2019, 4:30am

Imagen a través de Wikimedia Commons 

Este artículo se publicó originalmente en VICE Italia.

Lo contrario al amor propio es empezar una discusión con un desconocido en las redes sociales. Sin embargo, hay veces que, aunque tus intenciones sean buenas, no puedes permitir que esa fuente de maldad esté ahí como si nada, sin que nadie se enfrente a ella. Si por lo que sea acabas en ese callejón sin salida, será mejor que estés preparado.

Elisabetta Matelli es profesora de Retórica Clásica en la Universidad Católica de Milán. Quedé con ella para averiguar por qué los trolls de internet pueden llegar a ser tan efectivos, cómo combatir la incitación al odio y si, cuando todo lo demás falla, está bien mandar a alguien a la mierda.


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VICE: Como experta en retórica, ¿por qué crees que la gente habla con verdades absolutas, consignas y frases hechas?
Elisabetta: El concepto de consigna y frase hecha se remonta a los antiguos griegos en Sicilia. En aquel momento había un fuerte movimiento para que la democracia sustituyera a las monarquías y dictaduras vigentes. Sin embargo, la diferencia con la actualidad es que aquellas consignas se crearon para difundir sabiduría: eran máximas como “conócete a ti mismo” o “el que ríe último, ríe mejor”. Estas expresiones son aplicables a diferentes situaciones y sirven para reforzar nuestras conclusiones, porque resumen cualquier tema que hayas tratado. Las máximas eran y se crearon como unas figuras del discurso que todo el mundo reconociera y tenían un valor mayor que el del discurso general.

¿Qué ha cambiado?
La crítica reside en el hecho de que la cultura contemporánea ha bajado de alguna forma el nivel de sabiduría, así que lo único que necesitamos es que alguien reconocido diga una frase con gancho y muchos la repetirán. El problema que tenemos ahora es esa gente a la que hemos dado ese tipo de poder. En el pasado, éramos capaces de reconocer el valor de una persona, citábamos a un filósofo o a un gran poeta porque sabíamos que estaban cerca de la verdad. Hoy en día no solemos cuestionarnos si ciertas afirmaciones son verdad. Estamos siendo testigos de la caída del reconocimiento de la escala de valor cultural.

¿Qué hace que una consigna tenga éxito?
Para que una consigna sea efectiva, no solo tiene que surgir de una autoridad, sino que debe ser universal, tiene que poder aplicarse en cualquier momento.

Empecemos por ahí. Pongamos que dos personas están hablando de un tema controvertido, como la inmigración, y uno de ellos dice: “Deberían quedarse en su casa, no deberían venir aquí porque nos quitan el trabajo”. ¿Cuál sería una buena respuesta ante una afirmación como esa?
La presunción general en una discusión es que tanto tú como yo creemos estar en posesión de la verdad. Son dos verdades que mantenemos a nivel racional, emocional y sensitivo y creemos en ellas con tanta firmeza que estamos dispuestos a pelearnos por ellas. Pero hay que tener en cuenta la intención: ¿debatimos para ganar y demostrar a la otra persona que estamos por encima de ella o lo hacemos para encontrar entre los dos una verdad que esté por encima de nuestro entendimiento conjunto? La persuasión retórica da resultados efectivos cuando la gente intenta resolver un conflicto de verdad, si no, lo único que hacen es discutir, algo que se ve con mucha frecuencia en nuestra sociedad.

Yo intentaría darle un enfoque empático, buscaría una forma de entender mejor los miedos de la otra persona. En esencia, si quiero llevarte la contraria, a mí no me basta con decir lo contrario. Necesito buscar la premisa dominante. Es como ahondar en nuestro conocimiento común para descubrir que la verdad está en un punto intermedio entre lo que tú crees y lo que creo yo.

¿Debería preguntar a la otra persona qué miedos le han llevado a pensar que los migrantes vienen a quitarle el trabajo?
Yo no hablaría de miedos tan directamente, porque puede que se pongan a la defensiva. En vez de eso, intentaría entender sus motivaciones preguntándole por qué piensa así. Si dice que está en el paro y que le preocupa que le quiten sus oportunidades de encontrar trabajo, es algo que tienes que tener en cuenta. Si no lo haces, te arriesgas a simplificar su realidad y entonces no serás capaz de reforzar tus argumentos ni de alcanzar una solución común.

¿Y si sabes que es simplemente un xenófobo?
Si ese es el caso, yo le presentaría hechos y datos para intentar que entre en razón. Pero aun así intentaría entender la raíz de esa xenofobia. Si es un impulso irracional, puede que surja de experiencias que lo desencadenaron. Hoy en día hay muchos grupos neonazis. Como ocurre con todas las ideologías, surge de e intenta camuflar una inseguridad social, y la gente se suma porque de alguna manera encuentran algo ya establecido a lo que pueden acceder sin problema porque creen que así ganarán seguridad.

¿Qué importancia tiene que las dos partes estén físicamente cerca?
La comunicación no es solo verbal o racional, también puede ser no verbal. Así que, normalmente, el desenlace de un diálogo en el que nadie necesita alzarse como ganador tiene más posibilidades de ser favorable si estamos hablando cara a cara en una cafetería y no en un plató de televisión en el que la distancia entre los dos es exagerada a propósito, o en internet, donde ni siquiera nos vemos las caras.

Entonces, ¿qué harías si la persona se niega a atender a razones o dice algo como: “¿Por qué no te los quedas en tu casa?”, repitiendo una consigna que está de moda pero no tiene ningún fundamento?
Respondería que nuestro sistema de inmigración no requiere que ni yo ni ellos hospeden refugiados en casa. Es una premisa falsa. Están haciendo preguntas acerca de un contexto que no existe. Les diría que es tan relevante como preguntarme por qué los elefantes no nadan en el mar.

Si veo que la otra persona está muy obcecada y no se muestra abierta al diálogo, ¿puedo mandarles a la mierda?
Yo no les insultaría, porque hacerlo te rebaja a un nivel de debilidad. La forma correcta de mandarles a la mierda es dejar de hablar y acabar la conversación.

¿Tienes alguna recomendación para los que quieren estudiar el arte de la discusión?
Creo que debería estudiarse en todos los colegios, porque enseña a diferenciar las mentiras de la verdad. Aristóteles explicaba que la apariencia de la verdad no tiene que ver con manipular la verdad, sino que es un intento por nuestra parte de acercarnos a una verdad que no conocemos.
Recomiendo leer Retórica, de Aristóteles e Institutio Oratoria, de Quintiliano. Sus aplicaciones prácticas están detrás de muchas de los oradores más efectivos de la historia. Hay una obra más reciente del estadounidense Marshall Rosenberg que explica que las palabras pueden ser ventanas o muros dependiendo de cómo se usen. De ahí podemos extrapolar el enfoque empático, que se basa en la sinceridad hacia los demás, no en el abuso de poder.

No nos han educado correctamente en este lenguaje cultural actual que busca, de forma fraudulenta, hacer que algo parezca maravilloso cuando en realidad no es así. El hombre contemporáneo se rodea de malos ejemplos de “comunicación comercial” en el sentido más amplio. Si reducimos la comunicación de cuestiones existenciales importantes a la publicidad, nos encerramos en una pequeña dimensión y nos volvemos incapaces de lidiar con la complejidad del presente.

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