"En Sanfermines, lo primero que hicimos fue reivindicar los espacios en los años ochenta: nuestro lema era 'la calle y la noche también son nuestras'. Esto lo decíamos hace ya cuarenta años", indica Sáez. En los encierros solo corrían hombres, el Chupinazo "que es el momento más importante de las fiestas, se lanzaba siempre por hombres", recuerda Sáez. Y las peñas, otro de los componentes más fuertes de los Sanfermines, también eran espacios donde las mujeres estaban vetadas: ni podían pertenecer a una ni mucho menos presidirla. "En los ochenta comenzamos a intervenir en las peñas, dimos charlas, tuvimos reuniones… siempre recuerdo una charla que dimos para las peñas y al salir oímos a los hombres decir 'pero si están buenas'", ríe. "Se pensaban que las feministas éramos poco menos que seres con rabo y cuernos".Pero las peñas eran solo una parte de la fiesta, había que ir al resto de actos y ya en la parte institucional. Empezaron a plantear al Ayuntamiento "por qué ninguna mujer había tirado ningún Chupinazo, por qué las mujeres no aparecían en los carteles… porque cuando aparecíamos en los carteles era como objetos y sexualizadas". En la década de los ochenta pidieron que "los mensajes lanzados en el Chupinazo tuvieran en cuenta a las mujeres, también con mensajes de respeto de los espacios y de diversidad". Entre otras modificaciones, a partir de ese momento, se cambió el tradicional "Pamploneses, viva San Fermín" incluyendo a las mujeres y quedó en el actual "Pamploneses, pamplonesas, viva San Fermín"."Salimos de una peña y oímos a los hombres cómo decían 'pero si están buenas'. Se pensaban que las feministas éramos poco menos que seres con rabo y cuernos"
Una chica corriendo en uno de los encierros de 2014. Fotografía vía Reuters.
Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos, a nivel institucional se encontraron con "negación de la realidad, desde el Ayuntamiento no querían reconocer que en Sanfermines se estaban produciendo violaciones a mujeres porque daba mala imagen". También se negaban sistemáticamente a "aportar datos de mujeres atendidas por los servicios sanitarios tras haber sido violadas. Estos datos empezaron a darlos después del asesinato de Nagore Laffage".Nagore Laffage y la violación múltiple, puntos de inflexiónNagore Laffage era una joven enfermera guipuzcoana que estaba disfrutando de las fiestas de San Fermín en el año 2008. Diego Yllanes, compañero de trabajo y psicólogo, la mató después de que ella se negara a tener relaciones con él. "El asesinato de Nagore fue un punto de inflexión, porque todo lo que llevábamos denunciando años, lo que habíamos avisado… llegó en forma de asesinato"."Desde el Ayuntamiento no querían reconocer que en Sanfermines se estaban produciendo violaciones a mujeres porque daba mala imagen"
Tere Sáez. Fotografía por la entrevistadora.
También, porque se cumple un año desde la presunta violación de 'la Manada'. "La reacción que tuvo el año pasado la ciudad de Pamplona ante el caso de la Manada no fue fruto de un día, sino del trabajo que lleva haciéndose aquí décadas", reconoce Sáez. El pasado 7 de julio de 2016, miles de personas se echaron a la calle para condenar la agresión sexual sufrida por una joven a manos de cinco hombres. Fue, según recuerdan, una de las manifestaciones más numerosas que se han producido en la ciudad.Entre un caso y otro no solo dista la reacción de la ciudadanía, sino la reacción institucional. "Ahora, el Ayuntamiento admite que estas agresiones ocurren, se han contado en las Mesas de fiestas. El hecho de que Joseba Asiron, actual alcalde de Pamplona, acuda a Madrid a contarlo y a mostrar qué medidas se toman desde el Ayuntamiento de Pamplona es un paso grandísimo, porque venimos de la absoluta negación de los hechos a nivel institucional".El nuevo lema: "La culpa va a cambiar de bando"Además del plano festivo, de programas y actos, había que ahondar en la conciencia de qué son las agresiones. Hasta hace unos años, reconoce Sáez, "molestaba que te tocaran el culo, que te agarrasen los brazos, que te sacaran a bailar contra tu voluntad… pero no lo interpretabas como una agresión machista". Ahora sí, gracias a una labor de concienciación que ha ido acompañada también de una eliminación de la culpa sobre las víctimas."La reacción que tuvo el año pasado la ciudad de Pamplona ante el caso de la Manada no fue fruto de un día, sino del trabajo que lleva haciéndose aquí décadas"
Verter la responsabilidad sobre las víctimas de agresiones machistas o el llamado victim blaming es algo "muy común todavía. Cuando alguna mujer sufre una violación aún piensa que le miró, que se tomó una copa con él, que igual ese pantalón blanco era muy corto… y todo eso hemos tenido que cambiarlo". Por ello, su lema para este año es "La culpa va a cambiar de bando", ya que consideran que las mujeres no deben sentirse responsables por vestir o actuar de un modo. "Lo que hay que cuestionar es el 'machirulismo', no a las mujeres", sentencia Sáez.El Chupinazo del 'no a las agresiones'Andrea/Lunes Lilas fue una de las cuatro candidatas a lanzar el Chupinazo este año. El voto de la población de Pamplona decidió que lo lanzara la DYA, una organización sin ánimo de lucro que presta auxilio en situación de peligro. De haber conseguido lanzar el Chupinazo, hubieran dejado en boca de Asun Casasola, madre de Nagore Laffage, el mensaje a lanzar.Tere Sáez cree que "era el año, tras la respuesta de la población en los anteriores Sanfermines, en octubre será el juicio a la Manada, el tercer grado de Yllanes… era el momento de decir 'no' a las agresiones, de decir que la culpa de verdad va a cambiar de bando"."Verter la responsabilidad sobre las víctimas de agresiones machistas o el llamado victim blaming es algo muy común todavía"
Tere Sáez considera que "los grupos políticos debieron hacer campaña, porque no lo lanzaba Andrea/Lunes Lilas, sino Asun Casasola. También era una manera de que la población le reconociera a Asun Casasola lo que no le reconoció la justicia", argumenta Sáez. Que fueran finalmente elegidas era una labor complicada, no solo por la potencia que tiene la DYA en el marco de Pamplona, sino "porque aún hay muchos sectores muy ligados a Yllanes, que nunca han querido reconocer el asesinato".Sea como sea, afrontan las fiestas con ganas de ocupar espacios y hacerlo de manera libre y sin culpas. "A pesar de lo que sucede, lo que sucedió y lo que puede suceder… hemos conseguido hacer de Iruña una ciudad de acogida para las mujeres. Este es hoy el cambio que se ve", finaliza Tere Sáez."A pesar de lo que sucede, lo que sucedió y lo que puede suceder… hemos conseguido hacer de Iruña una ciudad de acogida para las mujeres"
