Llevo un año escuchando 'Sultans of Swing' de Dire Straits cada día

Empecé a hacerlo como una broma pero al final terminé amando la canción.
5.7.17
Imagen vía Dailymotion

Hay semanas en las que los días se me hacen especialmente duros de sobrellevar. A veces es por culpa de un fin de semana excesivo en nocturnidad y en brebajes alcohólicos; otras veces es porque alguien me ha roto el corazón en cientos de pedazos y, puntualmente, es porque, de repente, me despierto de este sueño eterno que es el día a día y me veo a mis 35 años (casi 36) viviendo en un pequeño piso cercano a los límites municipales de mi ciudad, con la nevera vacía, montañas de ropa sucia y una imposibilidad crónica por ahorrar. Es sobre todo durante estas semanas de sufrimiento —que acostumbran a ser casi todas— cuando más necesito la ayuda de los Sultanes del Swing.

Lamentablemente nunca he sido muy fan de los Dire Straits y, la verdad, es que, desde el desconocimiento, me resultan un grupo de esos que dan pereza. Dan pereza porque todos los padres de este planeta los escuchan y porque todos y cada uno de estos padres han engendrado, por lo menos, un hijo mientras sonaba de fondo su primer disco. Es una banda de esas para gente que solo escucha a The Beatles, U2 y The Corrs. Grupos cuyos discos únicamente sirven para poder regalárselos a alguien cuando no sabes qué coño regalarle.

Pues hoy hace más o menos 365 días que llevo escuchando CADA DÍA esta canción, ya sea en casa o aquí, en el trabajo, donde estoy ahora mismo escribiendo estas líneas escuchando, como no, Sultans of Swing. Y puedo entender vuestro rechazo ante tal declaración —al fin y al cabo esta canción se ha reproducido tantas veces que ya no hace falta que nadie la vuelva a escuchar jamás— pero es que no ha sido hasta este momento, hasta que he empezado a ponérmela de forma inconsciente día tras día durante meses, que he empezado a darle cierta importancia. Primero desde una distancia e ironía evidentes y después desde la lealtad y fascinación más absolutas.

Sí, es un tema plano —repetitivo y sin un estribillo claro—; excesivamente conocido —lo pinchan incluso en los supermercados—; hortera —esos arreglos de guitarra constantes y gratuitos y ese solo insultantemente largo y barroco— y demasiado agradable —no es agresivo, no pone a prueba al oyente, la canción es como nata— pero a mí me ha salvado la vida durante este pasado año.

'Sultans of Swing' de Dire Straits

Mi relación real con los Sultanes del Swing se originó en un bar llamado Can Lluís, un local situado en el corazón del barrio del Born de Barcelona cuya peculiaridad es que —y este es el punto importante— dispone de un ordenador con conexión a internet a través del cual el dueño (¿Lluís?) va poniendo sus canciones favoritas en YouTube. Lo bueno es que, si le caes bien a Lluís, podrás ponerte a los mandos del YouTube y reproducir las canciones que te salgan de los genitales en una especie de jukebox improvisada y gratuita.

Es un tema plano, excesivamente conocido, hortera y demasiado agradable, pero a mí me ha salvado la vida

El tema es que hay un truco para ganarte la simpatía de Lluís y poder apoltronarte en la mesa de YouTube Jockey tanto rato como quieras: poner su tema favorito. ¿Y cuál es su tema favorito? Sí, Sultans of swing de Dire Straits.

Así que, siempre que iba allí con mis colegas, lo primero que hacía era pedir una cerveza y comentarle a Lluís si me dejaba poner "un temilla". Entonces me sentaba delante del ordenador y pinchaba esa canción como quien no quiere la cosa —ponía el directo de la gira del "Alchemy Live", donde el solo de guitarra es especialmente esplendoroso. A los pocos segundos el rostro de Lluís se iluminaba. Entonces sabía que esa noche podía estar a los mandos de YouTube, que esa noche iba a terminar bien.

'Sultans of Swing' de Dire Straits

Con la broma, y con esta estrategia, acabé por pillarle el gusto a Sultans of Swing. Y del bar, cogí a los sultanes y me los llevé a la oficina, donde, como he dicho antes, empecé a escucharlos a diario. Primero con cierto tono jocoso, con esa idea de estar escuchando "clásicos del rock", pero luego me funcionaba como un hipervínculo hacia esas noches de felicidad, hacia esos momentos puros de libertad y divertimento.

Los lunes, cuando iba en metro a trabajar, sabía que me esperaban más de ocho horas en la oficina, que me esperaba un triste tupper de arroz blanco para comer y que luego tendría que ir a casa a poner esas lavadoras que no había podido poner durante el fin de semana porque había estado "liado" y así terminaría el día; pero me tranquilizaba saber que, en algún momento del día, aparecerían los Sultanes del Swing y me ayudarían a seguir adelante.

La canción es como la humilde victoria del perdedor, la aceptación de una vida mediocre con pequeños momentos de sencilla brillantez

Porque la canción trata de unos tipos que tienen su rutina y tienen sus mierdas y que los viernes por la noche se juntan para tocar, para disfrutar, para hacer lo suyo. Y esa es la idea, esa es la sensación y la energía que me genera ahora esta canción. Pese al curro, pese a la pobreza, pese a que todos mis amigos tienen novias y están todo el día con ellas, ahí están esos momentos que le rascamos a la semana para hacer lo que nos gusta, ya sea escribiendo un fanzine, tocando en un grupo o haciendo esculturas con puré de patatas.

'Sultans of Swing' de Dire Straits llevo un año escuchando esta canción

Al escucharla día tras día, empecé a darme cuenta de que mi punto de vista irónico sobre el tema se iba disipando y cada vez me funcionaba más como un auténtico exaltador de la felicidad puntual.

Ahora, cada vez que escucho esos aplausos del principio del vídeo ya me pongo nervioso, ya me lleno de vida. Entran los instrumentos y la guitarra empieza a hacer de las suyas. Allí estamos, con los Sultanes del Swing y nunca se me hace pesado. Nunca.

Es que, joder, la canción es como la humilde victoria del perdedor, la aceptación de una vida mediocre con pequeños momentos de sencilla brillantez. Es como el thumbs up de Schwarzenegger al final de Terminator 2, mientras se hunde hasta la muerte. Esa sensación de humildad, de haber hecho bien las cosas y de haber disfrutado el camino. Y luego, cuando al final, antes del solo eterno de cinco minutos, Mark canta eso de "We are the Sultans, we are the Sultans of Swing" mi corazón estalla de emoción, liberado de prejuicios y sarcasmo.

Ahora cuando voy a Can Lluís y hago mi ritual de poner Sultans of Swing, Lluís ya no me hace caso. La canción ya ha perdido su magia. Quizás cree que no respeto a los sultanes, quizás cree que pongo el tema solo para ganarme su confianza y poder acceder al trono de YouTube. Pero no, no lo hago por él, lo hago por mí. No sabe que llevo 365 días escuchando este tema y que, finalmente, he comprendido que todos, absolutamente todos, somos esos sultanes de los que habla la canción. Los Sultanes del Swing.