Drogas

Las cosas más lamentables que ha hecho la gente puesta de éxtasis

“Aparecí en un autobús y me pasé parte del viaje criticando a la persona que se sentaba a mi lado por llevar calzado para jugar a bolos, pero resultó que eran unas Nike Cortez”.
30 Mayo 2018, 3:45am
Imagen de fondo: Contraband Collection / Alamy Stock Photo; Cara: BSIP SA / Alamy Stock Photo 

El consumo de éxtasis puede ser una experiencia de felicidad extrema, razón por la que se conoce a esta droga por ese nombre y por la que es popular entre la gente. Sin embargo, también tiene algunos aspectos negativos: el descontrol que puede provocar, el peligro que supone no tomarlo con responsabilidad y, como ya sabrán quienes lo hayan probado, la vergüenza que te puede hacer pasar por las cosas que dices y haces. A modo de ejemplo, hemos pedido a algunas personas que nos cuenten las cosas más vergonzosas que han hecho mientras iban puestas de éxtasis.

Foto: Alchemy / Alamy Stock Photo

– “Vi a los de Coldplay”.

– “Creé un grupo de WhatsApp llamado ‘Mañana vamos todos al acuario’ con algunas personas que conocí en la sala de fumadores. Al final no fue nadie”.

– “En una discoteca, una hippie, que solo aceptaba drogas como forma de pago y que tenía a su lado una zapatilla de deporte llena de drogas, me llenó la cara de pintura fluorescente. Pocas veces he caído tan bajo, aunque está claro que, en aquel momento, pensaba que era la mejor sensación del mundo y que me quedaba muy bien”.

– “Disfruté realmente de una noche a ritmo de D&B”.

– “Me tomé dos cuartos de pastilla en un periodo de unas cuatro horas durante una despedida de soltero en Barcelona. Los demás habían tomado más, pero, por alguna razón desconocida, me entró el pánico y me empecé a poner gel refrigerante por la cabeza y la espalda. Todo el mundo salió de fiesta y yo me quedé en casa viendo vídeos en mi portátil”.

– “Conozco una persona que le puso los cuernos a su novio porque lo confundió con otro. Su reacción fue, ‘Un momento, tú no eres Sam’ y lo dejó a medias”.

– “No estuviste conmigo a las cuatro de la mañana de un día de 2016, pero yo soy la persona responsable de este vídeo:”

– “El día en que compré el anillo de compromiso a mi mujer, luego fui a casa de un amigo a celebrarlo con MDMA, que se acabó rápidamente. No recuerdo mucho de aquella noche, pero me acuerdo de haber tenido una conversación muy interesante sobre, inexplicablemente, pasteles de cerdo con alguien que estaba sentado a mi lado. Sin embargo, no había nadie sentado a mi lado y dos de mis amigos se pasaron unos quince minutos riéndose de mí y a la vez algo preocupados”.

– “Aparecí en un autobús y me pasé parte del viaje criticando a la persona que se sentaba a mi lado por llevar calzado para jugar a los bolos, pero resultó que eran unas Nike Cortez”.

– “Las primeras pastillas que tomé en mi vida no me hicieron ningún efecto ‘a nivel anatómico’, ya me entendéis. Por lo tanto, la primera vez que se me quedó como una pasa arrugada (debieron de ser unas pastillas muy fuertes porque estaba muy colocado), me pareció buena idea enseñar a todos los presentes en una fiesta lo pequeño que se había vuelto mi pene. Sigo sin creerme que hiciera eso. De hecho, simplemente al contarlo me odio a mí mismo”.

– “Me di un baño con la ropa puesta con tres de mis amigos y nos estuvimos acariciando el pelo y la cara los unos a los otros. Puede que dé un poco de vergüenza ajena, pero fue genial”.

– “Mientras estaba con amigos en una discoteca, les anuncié, varias veces y sin venir a cuento, que había encontrado la paz interior. Cuando nos fuimos, empecé a tener una conversación con una persona sobre ese tema y le invitamos a compartir un taxi con nosotros, ya que íbamos al mismo sitio. Le volví a contar la historia en la que encontré por fin la luz (por quinta vez, más o menos) y se puso muy celoso, decía que él también quería y me dio una paliza. Mi paz interior acabó en ese momento”.

– “He tomado éxtasis solo dos veces porque se nota que soy un antiguo y la gente no me suele ofrecer drogas. Solo con mirarme ya saben que me pasé toda la secundaria leyendo libros, porque huelen las feromonas que voy soltando por la calle, y que sigo comprándome calendarios de adviento de Lego. La primera vez tomé media pastilla y me convertí en el hombre más salido de la faz de la Tierra, mi personalidad sufrió un cambio radical y empecé a ligar con todas las chicas del bar, sin éxito alguno, y a bailar de una manera lamentable en frente de todo el mundo”.


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– “La segunda vez tomé también media pastilla en una fiesta de día y me inventé el concepto de ‘sentarse’. Esto es importante porque mucha gente se sentaba antes de que me inventara el concepto, pero no se sentaban en realidad. Esto es muy difícil de explicar, pero ayuda estar puesto de éxtasis para entenderlo. ‘Sentarse’ es una actividad muy divertida para todos los públicos. Es probable que en este preciso instante estés sentado, que los huesos de tu culo se hayan fusionado con la silla o la cama que hay debajo de ti, pero no estás sentado. Hay cosas que sientan muy bien cuando te encuentras bajo los efectos de los estimulantes (ponerte debajo del secador de manos para que te dé calorcito, que alguien te frote la espalda o ver El libro de la selva, la de 1967) y ‘sentarse’ es una de ellas, hasta el punto de que encontré un puf de cuero, me senté y me negué a moverme durante horas. Mi amigo me suplicaba que me levantara, ya que había venido desde Mánchester para ver a un DJ muy famoso. ‘Tío, por favor, levanta de ahí, que he venido a escuchar música y a bailar’. Le di un trago a mi bebida y le dije, ‘¿Podemos sentarnos 45 minutos más?’. Me quedé ahí a ver la vida pasar hasta las 23:00 y me fui en metro, sentado, y cuando llegué a casa me senté, por supuesto. ‘¿Por qué no hacemos esto siempre?’, le pregunté. ‘Esto de sentarse sin hacer nada es genial’. No lo he vuelto a ver”.

– “Todavía me pregunto cómo acabé en una carretera de dos carriles en el este de Londres a las cinco de la mañana después de una fiesta de Navidad intentando hacer autostop para llegar a casa. Pensaba que me quedaría allí para siempre, cuando, de repente, una furgoneta empezó a frenar mientras se dirigía hacia mí. Obviamente, me emocioné muchísimo, pero el conductor sacó la cabeza por la ventanilla, me gritó, ‘¡Gilipollas!’ y volvió a acelerar”.

– “Se me fue la olla por completo y empecé a preguntar a mi novia que cuándo íbamos a salir a cenar con David Cameron. Ella pensó que me había perdido para siempre”.

– “Trabajo en un medio de comunicación y ya he perdido la cuenta de las veces que he conocido aspirantes a escritor/fotógrafo/dibujante en una sala de fumadores y les he dicho con total seriedad que me escribieran al correo porque había una posibilidad de trabajar juntos”.

– “Me dedicaba a escribir a mi novio de la universidad, con el que no he hablado en los últimos tres años, diciéndole que lo perdonaba, cuando habíamos roto porque yo le había puesto los cuernos. También participé en varios abrazos colectivos”.

Este artículo apareció originalmente en VICE UK.