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Fotos del campamento militar ucraniano en el que enseñan a niños a matar

Cada verano adiestran a 150 niños, algunos muy pequeños, incluso de 8 años, en el combate, el disparo de armas y la supervivencia.

por Mirjana Milovanovic; traducido por Julia Carbonell Galindo
13 Febrero 2019, 4:23am

All images by Kyrre Lien

En 2013, antes de que las tropas rusas se anexionaran Crimea, el fotógrafo Kyrre Lien consiguió acceder a un campamento militar para niños cosacos. Allí entrenaban a unos 150 niños pequeños, incluso de 8 años, para que aprendieran a disparar AK-47 y a defenderse usando los puños, todo en un complejo alarde de nacionalismo y paranoia regional. Los cosacos son una minoría de habla eslava oriental, tradicionalmente del sur de Rusia y del sureste de Ucrania. El campamento está dirigido a padres que quieren educar a sus hijos según la tradición militar cosaca: autogobierno, autosuficiencia y la disposición a defender su patria con violencia si es necesario.

En aquel momento, el general que dirigía el campamento y los padres que habían apuntado a sus hijos pensaban que la OTAN era su mayor amenaza. Muchos de ellos se describían como leales a Putin, lo cual es irónico, ya que el campamento ya no existe. Con la anexión de Crimea en 2014, el sitio se cerró y los benefactores cosacos se dividieron, muy a su pesar, por nacionalidades. Así que al final el enemigo resultó no ser Bruselas, sino Moscú.

Hablamos con el fotógrafo noruego Kyrre Lien sobre lo que vio durante su estancia en el campamento y sobre qué aprendió sobre la compleja situación política de la zona.

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VICE: ¿Qué te llevó a documentar este campamento militar juvenil?
Kyrre Lien: Me crié en Noruega (donde la legislación en materia de armas es muy estricta), así que para mí, ver a niños pequeños, incluso de 8 años, con rifles y armas en un campamento militar me resultaba fascinante y extraño. Acabé subiéndome al primer avión desde Noruega, aunque me llevó varias semanas conseguir los contactos que necesitaba para poder entrar.

¿Puedes describir lo que te encontraste cuando llegaste?
El campamento consistía en 150 niños y una 30 tiendas de campaña. Pasaban ahí dos semanas y en Crimea hace mucho calor en verano, sobre todo durante el día, llegan hasta los 30 o 35 grados. Alrededor del campamento había montañas muy altas y acantilados pronunciados. Había mucho follaje, era un valle muy bonito.

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¿Cómo te recibieron cuando llegaste?
Con escepticismo. Tardé varios días en poder hablar con los niños porque eran algo tímidos. Cuando cubro una historia como esta, no quiero juzgar a nadie. En vez de eso, lo que quiero es entender sus motivaciones. Solo quería escuchar y la gente que dirigía el campamento supo entenderlo. Claro que también eran conscientes de que lo que estaban haciendo iba a generar controversia. Tuvieron que enfrentarse a muchas críticas por parte de la prensa ucraniana.

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Háblame de la gente que dirigía en campamento. ¿Cómo era?
El jefe se llamaba a sí mismo general Esaul y era muy estricto. Me dijo que los niños “lucharán para que la OTAN nunca alcance nuestras fronteras”. Me acuerdo de que un día se acercó a uno de los niños de 8 años, lo tiró al suelo, lo volvió a levantar y fingió que lo degollaba. Está claro que es una técnica un tanto extrema para enseñar a un niño de 8 años cualquier cosa. Después de eso, el niño se me acercó y me dijo que echaba mucho de menos a sus padres.

Joder. ¿Cómo reaccionaron los demás niños ante esto?
A muchos les gustaba la idea de estar en el campamento. Otros tenían miedo y les sorprendió ver algo así, pero al mismo tiempo parecían estar muy dispuestos a entrenar y a participar.

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¿Puedes hablarme de la rutina diaria de cuando estuviste allí?
Lo que solía pasar es que todo el mundo se levantaba muy temprano por la mañana. Después íbamos a hacer marcha por las montañas durante cinco horas, algo que cuesta mucho si estás a 35 grados y tienes 8 años. Después practicaban tiro con rifles y entrenaban con los cuchillos y autodefensa. Los niños patrullaban el campamento y las montañas que lo circundaban. Pero seguían siendo niños al fin y al cabo. Jugaban. Recuerdo que un día de muchísimo calor uno de los comandantes llegó con una caja enorme de helados. Todos los niños corrieron en tropel hacia él para coger uno; de repente ya no eran soldados, eran solo niños.


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Por la noche cenaban juntos y el general hablaba a los niños de los valores cosacos. Les decía que los cosacos llevaban siendo fuertes guerreros desde el siglo XVI. Luego, cuando se hacía de noche, se lavaban los dientes y muchos de los más pequeños se ponían el pijama y se iban a la cama. Mientras los niños dormían también había patrullas nocturnas equipadas con rifles Kalashnikov, cuchillos, chalecos antibalas y cascos antibalas que vigilaban la zona del campamento.

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¿Qué es lo más loco que viste en el campamento?
Creo que para mí fue ver a niños pequeños armados con rifles, armas que se han creado para matar. Y ver cómo enseñaban a los niños a matar. Me resultó impactante.

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¿Qué era lo más duro del entrenamiento para los niños?
Creo que una de las cosas más duras de su entrenamiento era el ejercicio físico. Vi a niños de 8 años hacer flexiones y levantar troncos pesados. En una de las fotos se puede ver un grupo de niños corriendo y cargando estructuras de madera con forma de tanques. Corrían dentro de esa pesada estructura y se veía que les costaba. Mientras, detrás de ellos iba el general gritando: “¡Vamos, esclavos!”. Iba gritando eso mientras sonaba música patriótica cosaca de fondo.

¿Había niñas en el campamento o solo niños?
Creo que sobre el 95 por ciento eran niños. Había algunas niñas; recuerdo un equipo de francotiradoras que eran dos chicas jóvenes. Una de las noches fuimos con ellas a lo alto de la montaña para hacer fotos. Las dos llevaban ropa de camuflaje muy pesada para fundirse con el entorno y ambas iban con un rifle colgado del hombro.

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¿Viste que los niños se identificaran como cosacos?
Los más pequeños no sabían nada al respecto, ni les interesaba. Sin embargo, los más mayores se sentían muy orgullosos de representar las creencias cosacas y, de alguna manera, a su pueblo. Se notaba que los que dirigían el campamento eran cosacos hasta la médula. Como dijo uno de los líderes: “Enseñamos a los niños a convertirse en auténticos cosacos: hombres sin miedo listos para defender a su patria”. Y añadió: “Esta es una generación de vagos que depende del alcohol, el tabaco y los narcóticos. Queremos cambiar eso”.

Gracias Kyrre.

Entrevista por Mirjana Milovanovic. Síguela en Instagram: mia_.m

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