Daft Punk
Imagen de archivo.

Daft Punk lanzó 'Homework' hace 22 años y nada les ha sonado igual de emocionante

Probablemente hayas escuchado mil veces cómo este álbum "introdujo la música house a las masas". Por más que sea de una calidad vital, no lo hizo.
21.1.19

El año es 1993; el escenario, EuroDisney, sorprendentemente la casa de un rave. En algún lugar tras bastidores, el DJ de Glasgow, Stuart MacMillan –parte del legendario dúo escocés Slam–, está hablando con un par de adolescentes franceses bastante conspicuos. Gritando, por la estridente música de fondo, apenas pueden escucharse el uno al otro, pero la conversación llega lo suficientemente lejos como para que Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo le entreguen un casete en sus manos sudorosas.

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En la cinta se encuentra una canción titulada "The New Wave", que se convertiría en una canción llamada "Alive": la primera aparición de Homework, el álbum debut de Daft Punk, el cual acaba de cumplir veintidós años. Es una génesis extraña, pero adecuada.

El resto de esta historia probablemente sea conocida por cualquier persona, incluso con un conocimiento pasajero de la historia pop de la música electrónica. El sello Soma, cofundado por MacMillan, lanzó el contenido del casete, seguido de los lanzamientos de "Da Funk" y "Rollin 'and Scratchin'". Después del éxito de "Da Funk", el interés general en el dúo superó rápidamente la pequeña capacidad de la plataforma de Glasgow. Con la bendición de Soma, Thomas y Guy-Man trasladaron la fiesta a Virgin Records y comenzaron a grabar su álbum debut: el álbum que convirtió a Daft Punk en la próxima gran cosa, luego en la actual gran cosa, y luego en un fenómeno cultural.

A medida que el álbum celebra más de dos décadas de vigencia, es probable que escuches mucho sobre cómo este "introdujo la música house a las masas" o "revitalizó el underground". Con el debido respeto, esto es pura mierda. En 1997, los raves libres del Reino Unido se estaban convirtiendo en una cultura de clubes corporativos, el drum & bass golpeaba los Estados Unidos, Armand Van Helden estaba remezclando a Barbara Tucker, Drexciya lanzaba su LP debut y The KLF invitaba a todos a "Fuck the Millennium". La música electrónica era una cultura diversa y feroz que tenía su cabeza verdaderamente bien puesta en la conciencia mainstream. Es agradable comprar el cuento de que dos muchachos franceses con divertidas máscaras introdujeron la música house al mundo, pero el impulso constante de incluir al dúo en la gran historia de la música electrónica –en algún linaje entre Jeff Mills y David Guetta– siempre resulta un poco torpe.

Homework no introdujo la electrónica a las masas. La música electrónica estaba bastante bien. Este disco fue responsable de introducir algo mucho más particular que eso a la población mundial: Homework introdujo a Daft Punk.

Homework sigue siendo hasta el día de hoy una de las declaraciones más audaces jamás publicadas. Es un álbum pícaro, irreverente, tosco, que podría llamarse tranquilamente punk al igual que funky. Aparte de los grandes temas que todos conocemos y amamos –pronto a ellos–, es fácil olvidar que la segunda mitad del LP está repleta de entrenamientos irregulares, a veces violentos. El golpe y el aullido de "Rock'n Roll", el incesante giro centelleante de "Burnin'" y el loop agresivo de "Rollin' & Scratchin'", sirven como recordatorios del toque más estridente de Daft Punk, así como también de su cariño por el apóstrofe apologético. Esto era Daft Punk antes de que se perdieran en el cosmos, y hasta el sol de hoy, rara vez han sonado tan emocionantes.

Hablar del final ruidoso es, por supuesto, solo la mitad del recuadro. Cualquier reflexión sobre Homework que no haya hablado sobre sus dos monumentales éxitos sería más que pasajera. En primer lugar, en la forma de "Da Funk", Daft Punk mostró su don inherente para fusionar el insumo funcional de la discoteca con un crujido metálico, algo que definiría a la escena electrónica francesa venidera, mejor personificado por Justice. Luego está "Around the World" –el "Smells Like Teen Spirit" de Daft Punk–, canción de la que nadie olvida el primer momento en que la escuchó. Tres palabras largas y, sencillamente, una de las mejores canciones de pop jamás hechas.

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Sin embargo, tal vez el mejor indicativo de su verdadero espíritu se encuentre en el puesto #9 del tracklist. "Teachers", por si no lo sabes, conecta un portentoso big beat con la voz de Thomas Bangalter, pitcheada simultáneamente hacia arriba y hacia abajo, mientras menciona una a una las influencias de Daft Punk. Desde Joey Beltram a Romanthony, desde Dr. Dre y DJ Sneak a Brian Wilson, y así sigue y sigue. Un acto nuevo que rinda esta clase de tributo tan abiertamente es un testimonio de la deificación de Daft Punk al pasado de la cultura pop. Son nostálgicos sin vergüenza, y Homework comenzó una carrera de re-calibración de su herencia musical en una voz propia, extraña y nunca antes mejorada.

Después de todo, su debut fue abrumadoramente independiente. Este espíritu –incorporado en la música tal como lo fue su decisión de conservar la propiedad de sus grabaciones y masters a través de su sello Daft Trax– sigue siendo su mayor logro. Como dijo Bangalter en una entrevista con The Guardian en 2001, "somos fanáticos anormales de la libertad porque queremos que la libertad haga cualquier cosa. La libertad es el control de tu arte y vivimos en una sociedad donde los que pagan por el arte lo controlan". Palabras que permanecen hoy en día como proféticas, si no es más.

En términos de álbumes clásicos, es difícil decir que Homework es perfecto. No es el tipo de álbum que merece ser canonizado por motivos estéticos. En cambio, Homework es algo completamente distinto: un punto fijo, imborrable e indeleble en la cultura, una expresión juvenil alegre y valiente. Tal vez carece de la melodía y narrativa que posee Discovery –que sigue siendo su obra maestra–, ni se pavonea de su grandeza como Random Access Memories. Sin embargo, su debut aún tiene una calidad vital que ninguno de sus trabajos posteriores ha vuelto a recrear.

Homework es un recordatorio de que las cosas grandes no siempre suenan importantes, o pesadas. ¿Cuándo fue la última vez que la música electrónica, o la música en general, disfrutó de una revolución así de divertida? En un mundo en el que la "cultura importante" aparece con frecuencia en monocromo, rodeada de comentarios, análisis y declaraciones políticas abrumadoras, Homework resulta exultante como recordatorio de que lo radical funciona mejor cuando también es divertido.

Este artículo se publicó originalmente en THUMP UK.

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