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Tech by VICE

Este informe sobre el cambio climático quizá sea el más deprimente del mundo

De media, unas tres personas leen artículos académicos. Al menos 100 000 han leído este y a muchas de ellas no les ha sentado nada bien.

por Zing Tsjeng
15 Marzo 2019, 4:45am

La autora con el informe "Deep Adaptation". Foto: VICE 

¿Y si os dijera que existe un artículo sobre el cambio climático tan especialmente catastrófico, tan absolutamente deprimente y que te cambia tanto la perspectiva que mucha gente que lo ha leído ha necesitado ayuda psicológica y ha tomado la determinación de dejar su trabajo e irse a vivir al campo?

Buenas noticias: ese artículo existe. Se titula Deep Adaptation: A Map for Navigating Climate Tragedy. Llegó a mí del modo más improbable: un tipo que había trabajado en publicidad y decidió dejarlo para dedicarse de lleno a luchar por el medioambiente. “Estamos jodidos”, me dijo. “El cambio climático nos va a joder. Recuerdo que pensé: ¿Debería aceptar lo que he leído en el artículo, mudarme a la campiña escocesa y esperar a que llegue el apocalipsis?”.

Deep Adaptation es muy distinto a otros artículos académicos. Primero, por el lenguaje (“estamos a punto de jugar a la ruleta rusa con toda la raza humana y con dos balas ya cargadas en la pistola”); también por las pinceladas de humor negro (“Antes estaba medio en broma, cuando me cuestionaba por qué me molestaba en escribir este artículo”); pero sobre todo, por las aciagas conclusiones a las que llega respecto al futuro: básicamente, que ya es demasiado tarde para evitar que el cambio climático arrase nuestro mundo y que “el colapso social inducido por este es inevitable a corto plazo”.

¿Cómo de corto? Pues una década, más o menos.


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El profesor Jem Bendell, profesor de la Universidad de Cumbria especializado en sostenibilidad, escribió el artículo tras tomarse un periodo sabático a finales de 2017 para analizar y comprender los últimos datos sobre ciencia climática “como debe ser, sin rodeos”, como me dijo por teléfono.

Bendell quedó horrorizado con sus descubrimientos: “Las pruebas sugieren que estamos ante unos niveles de cambio climático perturbadores e incontrolables que traerán hambruna, destrucción, migraciones, enfermedades y guerra”, señala en el artículo. “Las normas de conducta —lo que conocemos como nuestra ‘civilización’— también podrían verse degradadas”.

“Ha llegado el momento”, añade, “de que consideremos las implicaciones de una catástrofe medioambiental mundial e irreversible en las vidas de las personas que actualmente siguen vivas”.

Las pruebas que Bendell pone sobre la mesa para corroborar su argumento no vienen de nuevo para nadie. Solo hacía falta salir a la calle el año pasado, durante una ola de calor que batió récords, para reconocer que 17 de los 18 años más calurosos del planeta se han dado después del 2000. La comunidad científica está convencida de que el Ártico acabará perdiendo todo el hielo, lo cual no hará más que acelerar el calentamiento global. En 2017, incluso Fox News difundió la advertencia de los expertos de que se acercaba la sexta extinción masiva.

“La hambruna sería lo primero”

Erik Buitenhuis, del Centro Tyndall de Investigación del Cambio Climático, coincide en general con las conclusiones de Bendell, por muy extremas que puedan parecer. “Yo también creo que el colapso de la sociedad es inevitable”, señala, aunque añade que “seguramente el proceso se prolongará décadas o siglos”.

Lo importante, según Buitenhuis, es darse cuenta de que ya llevamos un tiempo viviendo con los efectos del cambio climático: “En los próximos diez años veo más probable que continúe produciéndose un deterioro gradual que un desastre repentino de tales dimensiones que supusiera el fin de nuestro statu quo”.

“El artículo de Jem está respaldado por una investigación exhaustiva y las principales tendencias sobre el estudio del cambio climático”, señala el profesor Rupert Read, presidente del laboratorio de ideas Green House y profesor de Filosofía de la Universidad de East Anglia. “Por eso yo y cada vez más gente coincidimos con él en los aspectos fundamentales”.

El punto en el que Read difiere de Bendell es la creencia de que aún estamos a tiempo de ganar esta batalla: “Me parece arrogante pensar que conocemos el futuro”. Pero esto no significa que la premisa de Bendell sea errónea: “Tal como yo lo veo, este artículo es un seguro contra la posibilidad —o mejor dicho, la probabilidad— de un colapso de algún tipo”, señala Read. “Lo que está planteando es qué deberíamos hacer si realmente debiéramos prepararnos para un colapso”.

En nuestra conversación, Bendell me explica que él considera Deep Adaptation como un marco ético y filosófico, más que como una profecía sobre el futuro del planeta. “Cuanto más tardemos en aceptar el cambio climático como un problema que ya está aquí, perjudicando nuestro modo de vida —porque nos da miedo pensar en ello o tememos de que la verdad desmotive a la gente—, menos tiempo tendremos para reducir el daño”, señala con prudencia.

¿A qué se refiere con “daño”? “La hambruna sería lo primero”, responde, aludiendo a la reducción de 6 millones de toneladas en las cosechas de trigo en Europa en 2018 debido a la sequía. “Ahora mismo, entre la comunidad científica, lo apropiado es decir que lo ocurrido en 2018 constituye una anomalía. No obstante, si nos fijamos en la tendencia de los últimos años, vemos que no lo es, que quizá el de 2018 sea el nuevo escenario optimista”.

Para Bendell, eso significa que los gobiernos deben empezar a planificar respuestas de emergencia ante el cambio climático, entre ellas producir y hacer acopio de alimentos.

En su artículo, Bendell no se anda con paños calientes: “Cuando hablo de hambruna, destrucción, migración, enfermedad y guerra, me refiero a tu propia vida. Cuando ya no haya suministro eléctrico, pronto también dejará de salir agua del grifo de tu casa. Dependerás de tus vecinos para obtener comida y calor. Sufrirás malnutrición. No sabrás dónde quedarte o adónde ir. Vivirás con miedo a que te maten violentamente antes de morir de inanición”.

"Es muy complicado predecir los resultados del complejo e incierto proceso del impacto medioambiental en los sistemas social y económico. Sencillamente, no lo sabemos"

¿Deberíamos empezar a construirnos búnkeres y comprarnos chalecos antibalas? “No hay forma de superar esto si no es mediante un esfuerzo conjunto”, afirma. “Debemos esforzarnos al máximo para que la gente tenga comida y agua en los lugares en los que viven y así reducir el trastorno y el malestar social”. Sobre los magnates de Silicon Valley que se preparan para el apocalipsis en Nueva Zelanda, opina: “Cuando el dinero deje de tener importancia y los guardias armados se esfuercen por alimentar a sus hijos hambrientos, ¿qué crees que harán? Todos esos milmillonarios preparacionistas son unos ilusos”.

Bendell no siempre ha sido tan pesimista respecto al futuro del mundo. Hubo un tiempo en que trabajó para WWF, una de las principales organizaciones en defensa del medio ambiente, y en 2012 fundó el Institute for Leadership and Sutainability (IFLAS) en la Universidad de Cumbria. El Foro Económico Mundial lo nombró Joven líder mundial por su trabajo. Con este historial, ¿cómo acabó por redactar un artículo que poco menos que presagia la condenación de la civilización y de la sostenibilidad del medio ambiente tal y como la conocemos?

“He sido activista medioambiental desde que tenía 15 años”, me explica. “Me he entregado profesional y personalmente a esta causa. Soy adicto al trabajo y mi único objetivo era la sostenibilidad”. Pero una vez se sentó a analizar los datos, se dio cuenta de que su campo de especialidad era cada vez más irrelevante ante la catástrofe medioambiental que se avecina. “Implicaba no emocionarme demasiado sobre la expansión de tu programa de reciclaje en una importante multinacional”, señala. “Es un paradigma completamente distinto sobre lo que deberíamos analizar”.

Lo que no esperaba es que el artículo tuviera tanta repercusión en internet. “Iba dirigido a la gente de mi comunidad profesional y a los negacionistas”, afirma. “Cuando lo publiqué, no me imaginaba que lo fueran a leer niños indonesios de 15 años con sus profesores”. Bendell dice que Deep Adaptation se ha descargado más de 110 000 veces desde su publicación. “Alguien del entorno de la economía alternativa y los bitcoins me dijo: ‘Ah, sí, en Londres todo el mundo habla de tu artículo en las cenas’”, me explica entre risas.

Investigadores del Institute for Public Policy Research (IPPR), un laboratorio de ideas progresista, consultaron el trabajo de Bendell para elaborar su nuevo informe, "This is a crisis: Facing up to the age of environmental breakdown". Laurie Laybourn-Langton, su autora principal, me explicó en un email: “Agradecí la franqueza del informe a la hora de hablar de problemas que tantas personas en la comunidad de expertos parecen negarse a afrontar. Sin embargo, no suscribimos esa visión de que el colapso social sea inevitable”.

“Esto se debe, en parte, a que es muy complicado predecir los resultados del complejo e incierto proceso del impacto medioambiental en los sistemas social y económico. Sencillamente, no lo sabemos. Dicho esto, tampoco deberían descartarse, razón por la cual estamos haciendo este llamamiento a una mayor preparación frente a estos impactos”.

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El efecto de las sequías en el ganado etíope. Foto: Thelmage/Alamy Stock Photo

No todo el mundo quedó tan sorprendido con el artículo. Bendell lo envió a un diario académico muy respetado para que lo publicara, con poco éxito. En Sustainability Accounting, Management and Policy Journal (SAMPJ) me dijeron que el trabajo necesitaba “importantes revisiones” antes de poder publicarse. Finalmente, Bendell optó por publicarlo a través de IFLAS y su blog. “Habría supuesto un proceso académico tal que yo lo tomé como una negativa”, apunta, y añade que lo que pretendían, básicamente, era que alterara sus conclusiones. “No podía reescribir todo el ensayo y decir que creo que el colapso se puede evitar. Eso sería como escribir un nuevo artículo”.

La editora Emerald, propietaria del SAMPJ, critica la respuesta de Bendell en su blog a la negativa del diario de publicar su trabajo: “el estudio sobre el colapso que creen que no debes leer… todavía”. Un portavoz me atendió: “Se tomó esa decisión basándonos en el mérito del artículo, un proceso de revisión por partes mediante el sistema de doble ciego integrado en el mundo académico y el avance del conocimiento. SAMPJ y la editora, Carol Adams, son orgullosos miembros del Comité de Ética en Publicación (COPE) y se adhieren a las normas de ética más elevadas respecto a la publicación. No percibimos evidencia alguna de motivación política en la decisión de que se lleve a cabo una revisión detallada.

“Emerald solicitó al autor que corrigiera su publicación en el blog para hacer honor a la verdad, pero la petición, lamentablemente, fue ignorada. En dicha publicación se sigue insinuando que el estudio se rechazó por considerarse controvertido. En ningún momento se rechazó el estudio, que se sometió a una revisión detallada siguiendo las rigurosas normas de publicación de este diario”.

“En cierto modo era como si me hubieran diagnosticado una enfermedad terminal”

Por su parte, Bendell asegura que respondió a la petición de Emerald de corregir su entrada del blog, pero con la condición de que le razonaran las decisiones que tomaron los responsables de revisar su estudio (ya que en el sistema doble ciego de revisión, estos deben guardar el anonimato). “Ese título tiene muchas lecturas posibles”, apunta. “Es un trabajo que los revisores no querían que leyerais. No querían que se publicara”.

El catastrofismo medioambiental no es nada nuevo: los preparacionistas del juicio final llevan décadas atiborrando sus congeladores de comida y raciones. Sin embargo, el estudio de Bendell parece haber tocado una fibra especial, sobre todo teniendo en cuenta que, según las estadísticas, una media de solo tres personas leen artículos científicos. Rupert Read me asegura que cuando se publicó, le llegó simultáneamente de tres fuentes distintas. Y no ha sido trending topic en Twitter ni promocionado por ningún famoso. Solo se mencionó brevemente en un artículo de Bloomberg Businessweek. Eso fue todo.

Por todas esas razones, Deep Adaptation constituye un fenómeno social único, un artículo científico que se ha viralizado a través del boca a oreja.

A Nathan Savelli, orientador personal de instituto en Hamilton, Canadá, le recomendó el estudio un activista medioambiental. Su lectura lo sumió en una profunda depresión. “Imagino que en cierto modo era como si me hubieran diagnosticado una enfermedad terminal”, señala. “A decir verdad, era una mezcla de tristeza desoladora y furia extrema”.

Savelli se sentía tan mal que recurrió a un grupo de apoyo emocional por el cambio climático organizado por 350.org, un movimiento internacional. “Anteriormente ya había recibido ayuda psicológica por otros problemas, pero nunca había hecho terapias de grupo y supuse que podrían ayudarme”, me explica. ¿Y le ayudaron? “No me atrevería a decir que calmaron mi aflicción, pero sí que fue reconfortante estar rodeado de gente que entendía lo que sentía”.

Y ahí radica el problema de Deep Adaptation: si admites como cierto lo que dice el estudio, ¿cómo sigues con tu vida? ¿Cómo consigues siquiera levantarte de la cama por la mañana?

“Soy consciente de los complicados setimientos que despierta”, reconoce Bendell. “Me parece muy natural sentir cierta aflicción o desesperanza al leer el estudio. ¿Qué hay de malo en ello? A fin de cuentas, todos vamos a morir. La vida es temporalidad”. En su blog, Bendell enumera varios recursos de apoyo psicológico, entre ellos grupos de Facebook y LinkedIn en los que se debate sobre esta catástrofe y se ofrece ayuda a quienes tienen dificultades para asimilar las conclusiones del artículo.

Sin embargo, Bendell asegura que la lectura del estudio ha sido “transformadora” para algunos. “Hay gente que ha encontrado el arrojo para vivir con sus propios medios, obedeciendo a los deseos de su corazón. ¿Cómo desean vivir y por qué no viven así ahora en lugar de posponerlo?”. En un caso incluso empujó a una académica de alto nivel a dejar su trabajo y la ciudad.

“Creo que la razón por la que mi enfoque ha tenido tanta repercusión es que tal vez sea la primera vez que un científico social dice estas cosas tan categóricamente”

En diciembre de 2017, la doctora Alison Green dejó su puesto de vicerrectora de la Universidad de Arden. Había leído el informe de IPCC en el que se advertía de que estamos muy lejos de lograr evitar el aumento global de las temperaturas, así como la Evaluación Nacional sobre el Medioambiente estadounidense, de 1656 páginas, que trata sobre la forma tan drástica en que el cambio climático está afectándonos. Luego también leyó el estudio de Bendell.

Los tres trabajos fueron suficiente para motivarla a cambiar de vida drásticamente. “Mi deseo es el de salir del ámbito académico y de la ciudad. Le digo a la gente que me voy a las colinas”, me explica por teléfono. “Mi plan es comprarme una pequeña parcela y vivir más cerca de la naturaleza”.

Leer el estudio, asegura, le ayudó a materializar su creciente desasosiego respecto al ritmo de deterioro y la magnitud del cambio climático. “Lo más sorprendente del estudio es que quien defendía la idea de que el colapso es inevitable no era un loco excéntrico, sino un profesor reputado con un historial impecable”.

“Aquello tuvo un impacto muy profundo en mí”, concluye.

Y no es la única. El propio Bendell asegura que sigue preguntándose en qué medida puede conciliar su trabajo como académico con las conclusiones de su estudio sobre el futuro del planeta.

“Creo que la razón por la que mi enfoque ha tenido tanta repercusión es que tal vez sea la primera vez que un científico social dice estas cosas tan categóricamente”, apunta. “Nos negamos a aceptarlo. Es hora de romper ese tabú y sentarnos a hablar en serio sobre qué debemos hacer ahora”.

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