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Fui al 'speed dating' más grande del mundo en Madrid

"¡Pero si se le van a salir las tetas!”, se supone que esa gente tenía que conquistar mi corazón.

por Juncal Rodríguez Sierra
28 Febrero 2019, 5:00am

La autora antes de adentrarse en el evento. Todas las fotografías por la autora

Siempre he pensado que el ritmo de Tinder debería ser como el de Idealista: si ves algo que te gusta y no quedas para verlo pronto, se lo lleva otro. Pero la realidad es que el 80% de los “matches” nunca llegan a nada. También es cierto que he desarrollado a lo largo de los años lo que en mi oficina llaman “complejo de Chandler Bing”: encuentro taras y defectos a todos los tíos por los que he llegado a interesarme: este mastica con la boca abierta, este huele a húmedo…

Por eso, pese a tener una buena resaca de domingo, no me pareció mala idea ir al speed dating más grande del mundo, organizado por la app de planes Fever en Madrid. ¿Qué podía salir mal? Había engañado a Fran, mi compañero de piso, para que me acompañara en la odisea. Parecía animado hasta el momento en el que vio que estábamos yendo de verdad.

speed dating más grande del mundo madrid

No nos habíamos vestido diferente a cualquier día entre semana, ni habíamos planificado la ropa interior: está claro que ninguno estaba convencido de que esa noche fuésemos a triunfar. Pero confieso que una vez en el metro pensé para mis adentros: ¡mierda, he dejado el cuarto como una leonera!

Al llegar, una berenjena luminosa indicaba que Fran tenía que entrar por el acceso de chicos mientras yo me reunía con las chicas en la entrada de melocotones. Como veis, el evento era totalmente heterosexual. De repente, mientras esperaba en la fila, un señor muy alterado salía del control de acceso de berenjenas. Avanzaba acelerado mientras se rociaba con un frasco de perfume. No una muestra, el envase de 300 ml. Quise entender que no se lo habían dejado entrar y estaba intentando absorber la mayor cantidad de fragancia antes de dejarlo en la consigna. Fue entonces cuando me di cuenta de que el nivel era muy alto, y que si ese señor había traído provisiones de perfume para sedar a todo el Wizink Center, quizás yo debería haber elegido, por lo menos con un poco más de mimo, mi ropa interior de ese día.

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Al entrar, te ponían la pulserita y te explicaban muy bien el funcionamiento: el color de la pulsera marcaba la zona en la que te tenías que sentar. El número que llevaba escrito, la silla que te tocaba. Serían citas de 5 minutos, las chicas se quedarían sentadas y los chicos irían rotando. También nos dieron un aviso: mejor nada de fotos, podía haber gente con pareja que acudía al evento y no querían una huida masiva si los asistentes se sentían expuestos.

Como veis, no había filtro ni de edad ni de intereses, íbamos realmente a la aventura. Fran y yo estábamos en la zona negra. Mientras buscábamos nuestro sitio con la mirada, oteé a un chico alto, con camisa azul y que se daba un aire a Nick Carter antes de haberse metido todas las drogas del mundo. ¡Había esperanza! Por la megafonía el animador del evento iba diciendo “El evento es para gente de más de 18 años y vamos a hacer récord de asistencia”. O lo que Fran interpretó como: “Si nos organizamos, follamos todos”.

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Sin embargo, cuando volví a mirar hacia la silla que tenía que ocupar, ya había alguien sentado en frente: un señor de 40 y muchos que estaba saludando a todas todas las chicas de las sillas de alrededor. Pero Fran estaba mucho más jodido: conocía a la tía que iba a ser su primera cita. Era la amiga de un exrollete que le había hecho un ghosting de manual. Descartamos la idea de darnos a la fuga, nos deseamos suerte y fuimos a nuestros respectivos sitios.

A Luis* le había dejado tirado su amigo a última hora y aun así había venido, se había pegado la pegatina en forma de berenjena con su nombre y evitaba a toda costa que hubiera un silencio en nuestra cita. Tras contestarle que tenía 28 años, pareció renunciar a encontrar el amor conmigo y decidió dedicar el resto de minutos a pedirme consejos para sus siguientes citas: ¿era ofensivo preguntar la edad? ¿Qué tal lo había hecho? Mientras le iba dando mi humilde opinión buscaba con la mirada a mi Nick Carter de camisa azul que milagrosamente también estaba sentado en la zona negra.

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No había mucha intimidad en las citas

El siguiente desfile de candidatos fue cuanto menos variopinto, empezando por un chulito de 21 años que sonreía de lado y su caída de ojos me hacía dudar entre si era ligoteo o narcolepsia. Pasando por el que me dijo: “por favor no me hagas tu también la broma de: no sigas, NEXT”, hasta llegar a Paco*, que decidió hacerme terapia con su: “Pero Juncal, si estás en la mejor edad, con 30 puedes ligar con los de 20 y con los de 40. Con 20 no podías ligar con los de 10”. Gracias Paco, por esa lógica aplastante e irrebatible.

En general notaba que mis citas miraban mucho hacia su izquierda, donde empezaba la zona naranja. No entendí por qué hasta que llegó Jose* y VOCIFERÓ “¡Pero si se le van a salir las tetas!” refiriéndose por supuesto al escote de una de las participantes que estaba en esa zona. Acudieron sus amigos para contemplar el hallazgo, por lo que se podría decir que durante esos minutos tuve una cita múltiple, aunque por supuesto no era yo el foco de atención. El siguiente candidato me pidió incluso si podía cambiarle el sitio porque no podía dejar de mirar. Y se supone que esta gente tenía que conquistar mi corazón.

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Los baños

Cuando tenía la cabeza como un bombo y no quería saber nada más de nadie, anunciaron que el “speed dating” se había acabado. Fran vino a mi encuentro: “una señora me ha agarrado el muslo y otra me ha dicho que porque solo eran 5 minutos, sino se me llevaba a casa”. Pobre Fran, había entrado siendo un niño pero salió hecho un hombre.

Más tarde descubrimos que la auténtica clave para nuestra investigación estaba en los baños: en el de mujeres, las más jóvenes se quejaban de que les habían llegado solo “abuelos” y las más mayores decían que “habían venido a ligar y no a adoptar”. En el baño de chicos parecían haber estado en otro evento: “Esas 3 estaban buenísimas”, “ya llevo 2 números de teléfono”. Y el comentario más aplaudido según me contó Fran: “¿A quién no le ha entrado una madurita y se la habría follado aunque sea más vieja que su madre?”.

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Fly on the wings of love, fly baby fly

La fiesta de después se podría resumir en: grupos de amigos bailando como en las fiestas de su pueblo, grupos de chicos y chicas que se cruzaban y se estudiaban de arriba abajo como midiéndose a ver quién ganaría en un cuerpo a cuerpo, y luego el chulito de 21 años de mi cita, morreándose con una muchacha de blusa de leopardo y bolso sobaquero.

Esperábamos que cerraran la fiesta con “Fly on the wings of love”, pero no. Fran y yo volvimos a casa sin encontrar el amor pero con un pedo gracioso y una risa floja cada vez que nos acordábamos de ciertas citas que nos habían tocado. Al llegar nos hicimos una tila y decidimos darle una nueva oportunidad a Tinder. Para no perder el ritmo.

Y tú, joven alto de camisa azul, con cierto parecido al rubio de los Backstreet Boys: te busqué en la fiesta y no te encontré. Si me estás leyendo: PONTE EN CONTACTO CONMIGO.

*Los nombres de los participantes han sido modificados para preservar su intimidad.

Sigue a Juncal en @juncalcetin.

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