Las embarazadas venezolanas huyen de la peor crisis de su historia
Imagen vía Amnistía Internacional.
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Las embarazadas venezolanas huyen de la peor crisis de su historia

La mujeres en periodo de gestación van a Colombia a dar a luz, ya que en los hospitales de su país no hay ni los más elementales insumos y temen morir. Amnistía Internacional ha documentado este fenómeno.

A finales del 2017 el éxodo de embarazadas venezolanas hacia Colombia se hizo más evidente. La grave situación política, social y de salud que se vive en su país de origen las ha obligado a huir en desbandada no sólo para dar a luz decentemente, sino para salvar su vida y la de sus bebés.

Michelle Chirino tiene 18 años, está a dos meses parir y ya lleva un aborto en la cuenta. A inicios de 2017, y a mitad de su primer embarazo, un día la sorprendió una infección urinaria tan terrible y dolorosa que tuvo que internarse de emergencia en el hospital que le quedaba más cercano en Venezuela.

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Los dolores, dice, eran insoportables. Y el lugar estaba completamente desabastecido de todo lo necesario para que la atendieran bien. Ella empezó a perder líquido amniótico de forma alarmante y los doctores simplemente le avisaron que el feto ya no era viable, que se lo tenían que extraer. Así fue.

Desde hace cinco meses Michelle cuida su nuevo embarazo en territorio colombiano. Vive en la estación de autobuses de Barranquilla junto con su familia, donde espera que llegue el día de su alumbramiento.

'Consiga todo lo que necesita para su parto'

La organización Amnistía Internacional (AI) tiene un diagnóstico muy claro de la situación: la crisis en Venezuela se ha incrementado y evolucionado, al tiempo que el deterioro de su sistema de salud sigue en alarmante progreso.


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En la plataforma digital 'Salida de emergencia' —creada por AI para evidenciar globalmente la emergencia sanitaria en dicho país— se colectan cifras y testimonios de mujeres que aseguran que uno de sus mayores miedos es morir durante el parto; que sudan frío sólo de pensar en la posibilidad de sufrir un aborto espontáneo; cuentan que la situación es insostenible.

A Maritza Rodríguez, de 28 años, una infección menor la llevó a tocar puertas en varias clínicas y nosocomios en Venezuela, sin que la atendieran. Finalmente llegó al Hospital Central de Carabobo, en donde quedó impresionada porque estaba colapsado, contaminado y además le pidieron llevar —entre otras cosas— batas, guantes para el personal médico y antibióticos.

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Debido a que no encontraba por ninguna parte los insumos, y a consecuencia del riesgo en que derivó con los días la infección, tuvo que salir de emergencia hacia Colombia.

Y efectivamente, en prácticamente todos los casos documentados por AI, el personal médico venezolano solicitaba a las pacientes comprar todos los utensilios médicos, insumos y medicamentos necesarios para su parto.

No hace falta darle tantas vueltas al asunto: la falta de disponibilidad y asequibilidad de hospitales salubres, así como de antibióticos o anticoagulantes, el casi imposible acceso a complementos vitamínicos prenatales, o la falta de fórmulas médicas para lactantes con VIH, son las agravantes que continuamente las llevan a huir de Venezuela. En muchas ocasiones, hasta arriesgando de más su vida.

Cementerios llenos de madres y bebés

Una joven, nombrada como L.P. en la plataforma 'Salida de emergencia', cuenta que su primer embarazo fue atendido en un centro de salud del estado venezolano de Zulia. Sin embargo, cuando después de la labor de parto pidió ver al bebé, se lo entregaron muerto. Sin ninguna explicación por parte de los médicos.

L.P. se sintió maltratada. Dice que ese día se desmayó durante varias horas. Y al despertar seguía llorando.

Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reflejan en su informe reciente que, en cuestión de mortalidad materna, Venezuela regresó en 2016 a las cifras que tenía en el año 1990.

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Entre 1990 y el 2009, la mortalidad materna se mantuvo estable en dicho país, con 60 muertes por cada 100.000 nacidos vivos. A partir de 2015 hubo un incremento significativo, alcanzando 95 casos por la misma tasa. No obstante, en 2016 esta cifra había alcanzado las 112 muertes, lo cual implica un preocupante aumento del 65 por ciento con respecto al año anterior.

La mayoría de las mujeres gestantes entrevistadas para este estudio provenían del estado fronterizo de Zulia y de Carabobo, dos entidades con los niveles más altos de mortalidad materna e infantil, quienes a su vez inundaron las ciudades colombianas de Maicao y Cúcuta, por su proximidad.

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Para las autoridades de Colombia el fenómeno del éxodo de las embarazadas de Venezuela durante 2017 y lo que va del 2018 sigue siendo inaudito, teniendo en cuenta que el número de mujeres en esta condición reportadas antes de 2016 era mucho menor. Y más aún, en 2015 era prácticamente nulo.

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