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Lourdes Grobet documenta el militarizado estrecho de Bering

El documental mexicano de las Islas Diómedes entre Alaska y Siberia.
Todas las imágenes cortesía de la artista.

“Lourdes Grobet, el otro día soñé que cruzábamos el estrecho de Bering y tú nos fotografiabas” le decía un personaje maravilloso en silla de ruedas con un aura especial en el Colegio de México.

Fue por ese sueño, que ni siquiera fue de ella, que Lourdes se planteó la expedición a Alaska a conocer el estrecho de Bering, en donde cuentan que los primeros pobladores de América llegaron de Asia.

Bastaba con escucharla hablar de 53 blocks, su serie fotográfica de 53 fotografías en infrarrojo de personajes urbanos de las 53 cuadras que caminaba diario desde donde vivía hasta el Instituto de Artes de Chicago; de su instalación “A la mesa” de cómo se va formando y deshaciendo una mesa de comensales; de Prometeo Unisex, la increíble proyección en la cúpula del ex Teresa, representando a Ometéotl como el portador del fuego mexicano, un ser dual que va del inframundo al supramundo, andrógino, inspirado en la obra de Joel Peter Witkin y su Frida con pene; y naturalmente, del Santo, el enmascarado de plata; para darse cuenta que en Lourdes Grobet recae una simbiosis de diferentes terrenos que explora las distintas expresiones del arte visual.

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Lourdes pertenece a una generación que tenía sus ojos puestos en París y en Nueva York, en la que pocos se fijaba de lo que ocurría en México. Así fue como surgió lo de la lucha libre.

Principalmente Lourdes Grobet es mundialmente conocida como la fotógrafa más importante de foto fija de lucha libre. Fue a través del Kid Arroyo, nieto de Vanegas Arroyo, el editor de Posada, quien era luchador y fue además quien entrenó a Fidel Castro y el Che Guevara en México antes de partir a la revolución cubana, el que la remitió a la cultura de la lucha libre y con ello comprender mejor a México, sus colores, sus rituales, porque en esencia el mexicano es un pueblo guerrero. Enfrentamiento de guerreros, la lucha de las tribus, los pueblos indígenas.

“Una de las cosas que siempre detesté fue hacer foto folclórica, porque hay una explotación en esas fotos. Pero encontré a los indios urbanos en la lucha libre. Ese era el México que quería fotografiar” me decía Lourdes.

Conocí a Lourdes en la Cineteca Nacional de la CDMX durante la proyección de Bering: Equilibrio y Resistencia, un documental impresionante sobre las desconocidas islas Diómedes en el estrecho entre Alaska y Siberia. Un par de islas llamadas la Diómedes menor y la Diómedes mayor, una perteneciente a Estados Unidos y la otra a Rusia, respectivamente, donde sus habitantes eran parientes unos de los otros, separadas por escasos 3 kilómetros de mar y con una frontera imaginaria infranqueable. Anteriormente ambas islas formaban parte del imperio ruso, pero durante la época del zarismo vendieron una a los Estados Unidos así como a Alaska, con todo y sus habitantes. “Nos vendieron y nadie nos reclamó” como dice un testimonio recogido del documental.

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Mientras que en Alaska se respetó a los pueblos originarios, donde no hay reservas que al final son confinamientos en tierras ajenas, y en donde existe una autonomía de decidir entre sus poblados y habitantes, no usar policías y decidir todo entre ellos, con el paso del tiempo se instaló una base militar soviética en la Diómedes Mayor para controlar el paso de los buques en el corredor de Groenlandia y sus habitantes fueron desplazados al poblado de Naukan en Rusia.

Hoy vivimos una era de migraciones, quizá más fuerte que las prehistóricas en donde las fronteras cambian de definición. En su primer viaje a Alaska conoció en Anchorage a una mujer de la Diómedes mayor. De ese primer viaje nacieron las primeras fotos y videos que presentó en el Museo del Hombre de París. A su regreso a México se planteó hacer el documental.
Viajó a la Diómedes menor, en donde viven no más de 150 habitantes, quienes alguna vez estuvieron emparentados con los de la Diómedes Mayor. Cuentan que los lancheros salían de una isla para llegar a la otra el día anterior. Unos trabajaban en una isla y llegaban a casa a dormir a la otra en otro huso horario.

Después viene la guerra fría, les ponen la línea del tiempo, los rusos se llevan a los habitantes de la Diómedes mayor e instalan la base militar. Hoy ahí viven puros soldados. Si bien el documental fue concebido en una sola parte, durante la realización tuvo el inconveniente de no poder pisar la Diómedes mayor porque está ocupada por militares, así que se tuvo que ir a Siberia (Provideniya, al sur de la costa siberiana) para verla desde el otro lado. Terminó arrestada en una cárcel en Siberia.

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Cuando se llevan a los pobladores de la Diómedes Mayor a Naukan ya no se vuelven a ver entre los habitantes de ambas islas.

Lourdes se propuso buscar a los descendientes y hacer el encuentro. El problema es que los habitantes de la Diómedes menor que tenían ubicados a sus parientes en Siberia, hoy ya están muertos. En un lado hablan inglés y en el otro ruso, la lengua nativa se ha perdido. Con base en su investigación apoyada en archivos ha logrado rastrear a los descendientes que hoy viven en la costa siberiana para planear el encuentro en la segunda parte de Bering.

Puedes ver el tráiler, abajo:

Puedes conocer más sobre la obra de Lourdes Grobet, en su sitio.

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