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Karaoke Inferno

Las salas de karaoke son como ollas a presión del mal comportamiento. Estar encerrado en un espacio reducido con una buena cantidad de alcohol a precios hinchados y una máquina que amplifica tus trinos y gorjeos saca a la superficie lo peor de las...
1.12.10

ENTREVISTAS DE BRIONY WRIGHT, FOTOS DE NATALIE NIKITOVIC

Las salas de karaoke son como ollas a presión del mal comportamiento. Estar encerrado en un espacio reducido con una buena cantidad de alcohol a precios hinchados y una máquina que amplifica tus trinos y gorjeos saca a la superficie lo peor de las personas. Lo sé porque yo mismo, durante los últimos seis años, he sido un fastidio. He entrado cerveza barata en los reservados, encendido porros y cigarrillos (apagándolos después en la alfombra), me he metido rayas en la lista de canciones, fumado DMT debajo de la mesa, bailado encima del mobiliario (sin quitarme los zapatos), escrito en las paredes, maltratado el equipo electrónico y robado cualquier cosa que no estuviera atornillada. Y todo eso lo he hecho sintiéndome autorizado, como si tuviera derecho, sin pensar en los responsables de tener que fregar mis vomitonas y las de mis amigos y después sustituir los micrófonos, panderetas, pósters y vasos que me he llevado. Y, para nuestros anfitriones, la guinda de este rancio pastel es tener que aguantar cada fin de semana cientos de interpretaciones subnormales de canciones de por sí odiosas.

En resumen: gracias a borrachos gilipollas como yo, trabajar en un karaoke figura entre los trabajos más ingratos del planeta. Decididos a dar voz (ni que sea una vez) a esta gente, preguntamos a algunos empleados de nuestros establecimientos favoritos en Melbourne cómo se las apañan para sobrellevar su trabajo y si éste les ha hecho desarrollar un profundo odio por la música, por la gente, o por los dos.

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HELEN, SHANGHAI CLUB

Vice: Hola, Helen. ¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí?

Helen:

Empecé en este sitio en 1989, hace un poco más de 20 años. Fue el primer karaoke de Melbourne. Llevo desde entonces trabajando aquí a jornada completa. ¡Ya formo parte del mobiliario! Celebramos nuestro vigésimo aniversario el año pasado y fue bastante loco.

Caray, eso es mucho tiempo. Debes estar bastante harta de la gente cantando.

En realidad no. Tampoco yo sé cantar, así que no puedo juzgar. Y todas las salas están insonorizadas, de modo que no hay problema. Mientras los clientes se diviertan, eso es lo que cuenta.

Eso es muy gentil por tu parte. ¿Qué clase de gente forma vuestra clientela?

De todas clases, pero suelen celebrarse muchas despedidas de soltera. Generalmente vienen con su propio

stripper

masculino. Como las salas están cerradas, les dejamos hacer lo que quieran.

¿Qué suele cantar la gente?

Los diez primeros años solíamos tener, sobre todo, clientes asiáticos, muchos de ellos cantoneses o mandarines, pero ahora tenemos una mezcla de australianos, japoneses y coreanos. Es mucho más variado, y nuestra lista de canciones lo refleja. Creo que a los australianos les empezó a interesar el karaoke hace pocos años. Se han ido destapando bastantes buenos cantantes [risas]. Se echan un poco de alcohol al cuerpo y se ponen a cantar y bailar.

¿Ha afectado al negocio la prohibición antitabaco?

Las leyes antitabaco han afectado mucho al karaoke. A la gente le gustaba poder fumar y beber mientras cantaba, estaba acostumbrada a poder hacerlo. Cuando ya no estuvo permitido, los números bajaron. Hay bares karaoke que permiten fumar ilegalmente, pero se arriesgan a perder la licencia.

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Tal como hablas, parece que disfrutas haciendo esto. Dime algún aspecto negativo del trabajo.

Es bastante molesto cuando la gente roba los micrófonos, pero suelen devolverlos al día siguiente porque se sienten culpables.

¿Y qué música escuchas cuando vuelves a casa por la noche?

¡Nada! Lo apago todo y me quedo en paz. No necesito música tras mi jornada laboral..

MATT, CHI LOUNGE

Vice: ¿Cuánto tiempo lleva abierto el Chi Lounge?

Matt:

Pronto hará dos años. Antes se llamaba CC’s y también era un karaoke, pero a mí me parece que se montaban timbas ilegales en la parte de arriba. Eso ahora no sucede.

No que tú sepas… ¿Qué crees que provocó el interés por el karaoke entre los occidentales?

Por lo que yo sé, el karaoke sólo tiene diez años de antigüedad. Imagino que es tan popular porque en Australia hay muchos asiáticos. Fueron ellos los que lo trajeron, claro.

¿Hay diferencias en el modo en que cada cultura se acerca al karaoke?

Vaya que sí. Es muy interesante. Los asiáticos suelen pedir un par de botellas de algún licor, unos refrescos y algo de comida y se encierran en su cubículo durante el resto de la noche. Los occidentales van y vienen de la barra al cubículo. Creo que esto se debe a que los asiáticos son más conscientes del valor del dinero y se mantienen al tanto de lo que gastan. A menudo les he visto jugar a ver quién aguanta más bebiendo antes de lanzarse a cantar. El problema es que no podemos controlar lo borrachos que se están poniendo porque no salen de sus cubículos.

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Ya veo.

Otras veces hay cuatro tíos que compran una botella o dos, se encierran y se cantan unos a otros. En un karaoke las cosas pueden ser muy extrañas.

¿Crees que la gente se pone más borracha en un karaoke de lo que se pondrían en un bar normal?

No necesariamente, pero sí es cierto que aquí todo el mundo viene dispuesto a beber pero bien. El karaoke es definitivamente más divertido con un poco de confianza embotellada.

¿Hasta qué punto puede la gente cantar mal?

Los clientes no cantan para hacerlo bien. El karaoke no va de eso. Eso sí, procuro pasar el menor tiempo posible cerca de los cubículos. Al final uno se crea su propio muro. Es necesario.

¿Cómo llevas que la gente se ponga a bailar encima del mobiliario?

Es inevitable. Mientras nos dejen la habitación más o menos como se la hemos dado, pueden hacer lo que quieran.

¿Hay canciones o artistas que es inevitable que acaben sonando?

La primera de Britney, “Oops!… I Did It Again”. Y mogollón de AC/DC.

Y seguro que habrás visto unas cuantas escenas de degradación, ¿verdad?

Claro. Montón de peña vomitando en el cubículo, y en un par de ocasiones, el típico tío que se desmaya y se mea encima. Bastante desagradable, porque entonces los de seguridad se los tienen que llevar fuera del local. Y también hemos visto un par de orgías. No tenemos cámaras de seguridad en los cubículos, pero aunque las tuviéramos creo que a la gente le daría igual.

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Y en ocasiones supongo que tendréis que poner freno a tanto desmán, ¿no?

Bueno, en principio sí, antes de que las cosas se desmadren demasiado. Aquí hemos tenido nuestra buena cuota de peleas, y a veces nos dejan los cubículos hechos un puto desastre. Hace unas semanas vino una gente, un jueves por la noche, con la intención de gastarse un par de cientos de dólares, pero tras romper el televisor su factura ascendió a 1.900$. La nochecita les salió cara.

Menudo palo.

Justo antes de Navidad se clausuraron unos seis bares karaoke por servir alcohol a menores, permitir fumar y cosas así. La mayoría de locales tienen instalado un sistema de alarma. Se encienden unas luces y suena una sirena a modo de advertencia a los clientes.

¿Trabajar en esto ha hecho que la música te guste menos?

Pues no. Aquí todo suelen ser canciones pop y no es eso lo que yo oigo en mi tiempo libre. Estos días estoy escuchando a Broken Bells, Otis Rush y Z-Trip.

JAMES, MELBOURNE KARAOKE LOUNGE

Vice: ¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí, James?

James:

Llevo dirigiendo este local cerca de un año.

Tu local es distinto de otros. Aquí hay una sala principal donde tanto amigos como desconocidos cantan unos delante de otros. ¿Cuántas personas caben en una noche de las buenas?

Unas doscientas. Tenemos buffet, bar y karaoke.

Se deben montar unos fiestones del copón de la baraja.

Bueno, en realidad no. Tal vez tendría que hacerle más publicidad al negocio. Últimamente no está yendo muy bien. Está todo muy calmado. Como gerente creo que no soy muy bueno.

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¿Ni siquiera se llena tu local los sábados por la noche?

No. A lo mejor es que soy un poco viejo. Si trabajo hasta tarde luego me duelen los ojos. El médico me ha dicho que tendría que acostarme más temprano.

¿Qué clase de música escuchas por placer?

El pop de Michael Jackson. Sentí su muerte. Me caía muy bien.

NORIKO, KARAOKE WORLD

Vice: ¿Qué puesto desempeñas en Karaoke World?

Noriko:

Soy la administradora durante el día.

¿Viene gente a cantar de día?

Sí. A veces viene gente de día, a practicar para presentarse a programas como

Australian Idol

. Obviamente, no tanta gente como la que viene de noche.

¿Has trabajado alguna vez en el turno de noche?

Sí. Llevo aquí cinco años, así que ya lo he visto todo. Karaoke World lleva abierto 12 años.

¿Qué tal crees que lo hace la gente que viene aquí a cantar?

Te sorprenderías. No son tan, tan horribles.

¿Y qué es lo que más suelen cantar los clientes?

Mucho ABBA, Lady Gaga y Bon Jovi. Por la noche todo son canciones animadas y por el día suelen ser baladas.

¿Qué música escuchas tú?

Me gusta la música de los 90, la que crecí escuchando en Indonesia. Para serte sincera, son mejores los bares karaoke de allí que los de aquí.

¿Y eso?

Imagino que porque allí todo es más barato y se pueden permitir acondicionar y decorar mucho los locales. Por ejemplo, en Indonesia acostumbra a haber un lavabo en cada cubículo. Allí hay más lujo. En los países de Asia, la gente no va a bares y pubs tanto como la de aquí. Sólo vamos a los karaokes.

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¿Y la gente canta mejor? ¿Tienen mejores voces?

No sabría decirte…

JACK, K-BOX

Vice: ¿Tú eres el encargado del K-Box?

Jack:

Sí.

¿Qué turnos haces?

El de día y el de noche. Los fines de semana se llena, siempre hay mucho trabajo.

¿Qué opinas de la gente que canta en karaokes?

Liberan tensiones. Es como un moderno piano-bar.

¿Qué tipos de canciones son más populares?

Probablemente las canciones rock. Pueden hacer que todo el local se electrifique. Canciones con las que cualquiera puede ponerse a pegar gritos ante el micro, ¿sabes?

¿Como el “Paradise City” de Guns N’ Roses?

Sí, exacto, de ese tipo.

¿Tú cantas en el karaoke?

Sí, a veces.

¿Y tienes buena voz?

Yo diría que sí, pero en el karaoke es irrelevante si tienes buena voz o no. Es un error creer que hay que cantar bien. Eso no es importante. Lo que importa es pasarlo bien. A mí me gusta ver cómo la gente se divierte. Eso compensa lo mal que puedan sonar a veces.

¿Qué es lo más raro que has visto trabajando aquí?

Una vez vino una pareja japonesa, yo entré en su cubículo y se lo estaban montando a lo bestia. Esto es algo que pasa mucho en Japón. Alquilar un cubículo de karaoke para sus encuentros sexuales resulta más barato que una habitación en un

love hotel

.

¿Tenéis cámaras en los cubículos?

Sí, por ley debemos tenerlas.

¿Qué clase de música es la que menos te gusta?

Me gusta todo.

Vaya.