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Noisey

Fui el community manager de Ricardo Arjona

A pesar de odiar a Arjona, trabajar como su community manager tiene sus beneficios, como leer los mensajes de sus fanáticos y aprender a ligar señoras de las cuatro décadas.
5.10.15

Fotos vía Facebook.

Este artículo fue publicado originalmente en Noisey, nuestra plataforma de música.

"Mis amigos me presentaban como el community manager de Arjona y la reacción de la gente era siempre la misma: '¿En serio? Pero venga, venga, ¿usted qué escribe?', y yo les respondía: 'no, pues cosas tristes'", dice Carlos mientras hace un porro sobre el escritorio donde tiene su computadora. "No sé si contarte esto por anécdota o por orden cronológico", comienza. Tiene 29 años y unos dreads impecables, delgados y largos, que le llegan hasta la cintura. Se ha dedicado por cinco años a ser community manager. Lleva más tiempo usando rastas que los años que acumula su carrera profesional. Carlos vive en Bogotá y su pinta rastafari lo muestra como un hijo incuestionable de sus tiempos.

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Es parte de esa generación a la que le tocó negociar sus posturas juveniles con los espacios laborales y crearlos; proponerle a la vieja industria un método absolutamente nuevo y experimental que combinara el marketing con las redes sociales y la cultura digital. "En esa época no estaba todo el mundo en redes sociales. Los pocos que tenían, tenían muchos fans, y mucho alcance. A mí me daba vértigo postear a nombre de Arjona, porque pensaba 'jueputa, es que me puedo estar cagando la imagen de un artista internacional'", confiesa. Lo que habría pensado Arjona si se hubiera enterado que un rasta estaba a cargo de su imagen pública, no lo sabe ni el propio Carlos.

Tiene una narración perfectamente craneada para mí. Después de estos años, parece orgulloso de tener en su hoja de vida una historia, de esas enfermizas y jocosas, sobre los fandoms femeninos. Durante la campaña promocional del disco Poquita ropa, él fue la voz del poeta más intrascendente y cuestionable que ha dado Guatemala, pero uno de los cantantes más grandes que ha dado la industria de la música latinoamericana para el continente. Arjona es el síntoma más incómodo del romanticismo cuarentón y Carlos estuvo a cargo de llevar su discurso al siglo 21. Durante un año, escribió en su nombre y convivió con las fans de Arjona desde sus cuentas en Twitter, Facebook y, por mail, coordinaba a sus fan clubs.

"¿Cómo llegaste a ser el CM de Arjona?", le pregunto, porque me parece que la decisión debió haber sido azarosa e inocente, meramente profesional y ávida de experiencia. Carlos carbura y suelta sus primeras palabras con ese estilo turrísimo de hablar, contiene el humo y comienza con entusiasmo: "En junio de 2010, yo iba a ser papá y tenía que buscar prácticas; necesitaba algo que no fuera tan difícil porque me tenía que hacer cargo de la tesis y de un bebé. Entonces entré a una creciente agencia digital en Colombia. Tenía una compañera de la universidad que había entrado a hacer sus prácticas como community de Ricky Martin en esa misma agencia". Estamos tres personas en el cuarto de Carlos: él, yo y uno de los amigos con los que comparte su casa en Chapinero; este último interrumpe la historia, admirado, y exclama: "Marica, pero, ¿toda esa gente busca a Colombia o qué?" Carlos responde desengañadamente: "Es que éramos la mano de obra barata. Esta agencia llevaba las redes de varios artistas; era del hermano del ex productor ejecutivo de Nelly Furtado, entonces tenía mucho alcance con todos los demás artistas. Por otro lado, la PR de Arjona es paisa. Yo tenía un amigo que me recomendó; necesitaban a alguien que llevara las redes y no necesitaban experiencia".


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"Lo primero que me dijeron era que tenía que publicar que Ricardo Arjona iba a sacar nuevo sencillo después de un año de no hacer nada. Yo no sabía programar un post, de hecho, ese día abrí mi cuenta de Twitter, entonces todo era un poco más tenso, porque yo no sabía nada. Entré, pasé ese día en la oficina, llegue a la casa a ver qué era un community manager, qué era un buen post y un mal post. Tenía la ventaja de que nadie sabía qué era un community manager y además era un muy mal pago. Yo vendía contenidos: álbumes, canciones y quotes, porque lo que más comparte la gente por su cuenta son frases, frases dichas por él, frases de canciones o dedicatorias de discos. Con eso empecé a hacer crecer sus redes y le agarraré cariño a la cuenta. Eso fue un problema, porque ya no lo veía como un 'no se metan con Ricardo' sino 'no se metan con mi cuenta'. Entonces pensé: 'voy a hacer que a este man lo quieran'. Me lo tomé como reto profesional y me dediqué a hacer campañas creativas, pero le doy la razón a sus haters. A mí me pagaban una plata extra por borrar comentarios negativos y lo hacía, pero había algunos comentarios que dejaba arriba por un par de horas, porque tenían razón o eran chistosos. Hubo una campaña muy crítica: eran fotos de gente golpeada, reventados, con el ojo hinchado y la nariz rota. Porque como el man le dio re duro a la ex esposa, lo denunciaban mucho. Yo lo que hacía era dejarlos unas horas y después borrarlos, porque me parecía que estaban en lo correcto. Otro comentario muy recurrente era el de 'Dios, llévate a Arjona pero no te lleves a Cerati' y también se burlaban mucho de la canción sobre la menstruación".

"Por el lado profesional, estuvo bien ser CM de esa cuenta porque sabía que un artista de ese tamaño en mi hoja de vida me ayudaría a conseguir un buen cargo después, pero, por el lado personal, era terrible. No podía llegar y decirle a una chica: 'hola, mucho gusto, yo soy el community manager de Ricardo Arjona'. Si yo me hubiera querido ligar a una señora de las cuatro décadas con esa parla, me la ligo, pero a las que me interesan, no".

Carlos nunca conoció a Arjona, ni habló con él. "Los primeros meses yo publicaba, pero el truco siempre fue postear cosas al aire. Nunca como él mismo. En ese momento Arjona tenía tres millones de fans y eso era mucho. Una vez empezaron a publicar muchos chismes alrededor del man, y entonces la PR me dijo: 'Por favor, Ricardo está en Cancún, entonces saca una frase como si fuera él quien está escribiendo' y yo, 'sí güeón, pero ¿como si fuera él, ¡él!? Jueputa'. Lo más chistoso es que al otro día salió en medios como Terra o como Telemundo: 'Ricardo Arjona se encuentra de vacaciones con su familia en Cancún, en su cuenta de Twitter dijo:(…)'. Muchos medios pensaban que Ricardo Arjona era quien estaba escribiendo personalmente. En otra ocasión comenté una foto de Calle 13 en Twitpic, no me di cuenta que estaba usando la cuenta de Arjona y dejé un comment a su nombre que decía 'áspera foto' y entonces quedó como público que le gustaba Calle 13".

Después de la introducción, el amigo de Carlos abandona el cuarto y entonces comienza el anecdotario, aunque nunca conoció a Ricardo, sí conoció a sus fans. Él pudo haber sido como ellas, alguien que nunca conocería ni hablaría con Arjona y que, sin embargo, haría que su vida girara en torno a la cercanía que sentía con esa figura. "Un día se murió el papá de Arjona, obviamente ya sabía, y me dijeron quédese quieto, vamos a ver qué dice la PR, yo estaba jodiendo con el Tweetdeck y tenía tiempo libre, existía una mierda que se llamaba 'Tweet for a Track', si uno descargaba un disco se le activaba un post que decía 'Acabo de descargar el disco…'. Yo le di clic a un disco de Snoop Dog, cerré el explorador y cuando volví a mirar tenía comentarios de gente diciendo: '¿Qué? ¡Se le muere el papá y este desgraciado comparte un álbum de Snoop Doogy doogy dog (sic.)! Este man no tiene sentimientos'. El siguiente comentario era de un hombre que decía 'Ha ha ha, se le muere el papá y este man descargando hip-hop, la tiene clara Arjona'".

"Después de lo de Snoop Dog, había mucha más confianza, la gente y los fan clubs sabían que yo era otra persona diferente a él detrás de la pantalla. Pero había gente que le escribía para que les enviara plata y era muy chistoso: 'hola Ricardo, acabo de perder mi hogar, necesito que me consignes 2,000 dólares a mi cuenta, mañana o si no voy a perderlo todo'; 'Hola Ricardo, no sé si te acuerdas de mí, era la que estaba en primera fila, hiciste que me desmayara'. También había hombres que le pedían una nota de cumpleaños o de matrimonio para sus esposas. Me parecía increíble todo eso que pasaba. ¿Es en serio que la gente puede pensar que Arjona se va a tomar 20 minutos para escribir una nota y hacer que el otro quede bien con su esposa? Ahora, si uno se pone a pensar, lo que más les gusta a las señoras cuarentonas de sus maridos es que estén ahí pero que no las miren, y así es Arjona".

Carlos mira hacia su computadora, abre Facebook y me muestra un perfil con 6 mil fans. Es el perfil de una señora de 50 años que tiene una emisora 24/7 con canciones de Arjona y los contenidos de ese sitio los programa ella misma. Su perfil en Facebook no tiene fotos propias, todas son imágenes de Arjona: fragmentos de notas de prensa, eventos públicos y fotos que se toma con otras mujeres. "Son mujeres que lo admiran", aclara la veterana en su página. "Todos la quieren y saben hasta cuándo se enferma", Carlos está por comenzar a contar una de las historias más incómodas de su experiencia como community manager de esa cuenta.

"Nunca la conocí en persona y, por cosas de trabajo, terminamos chateando cuando yo tenía que hacer un lanzamiento. Se refería a mí como su Sol y yo le decía por su apodo, porque así la conoce todo el mundo. Un día le pregunté que por qué tanta 'melosería' conmigo y me respondió 'yo te consiento porque tú eres lo más cercano que yo he estado a Ricardo en toda mi vida; yo sueño con conocerlo, pero, hasta el momento, tú eres mi contacto'. Yo siempre le dije que yo no tenía contacto con Arjona. Todo empezó por correo, luego por chat de Skype, con un par de llamadas para coordinar el lanzamiento. Un día yo llegué a la casa, abrí el Skype y ella me saludó. Le respondí con un saludo: 'hola, ¿cómo estas? Yo estoy muy cansado y ya me voy a dormir'. Ella me respondió diciendo 'mi madre está en el otro cuarto, yo estoy aquí sola pensando en Ricardo, como siempre, y me gustaría llamarte'. La primera y la única cosa que hice fue ponerle mute al micrófono, le dije que lo tenía dañado".

"Ella no sabía nada de mi vida. Empezó muy normal '¿cómo estás, estoy muy desvelada, pero últimamente hemos hablado muy seguido', ella me saludaba y yo le respondía, pero yo no le contaba nada de mi vida, sólo sabía que yo era colombiano. Empezó a respirar más agitadamente y a desviar la conversación hacia los contenidos eróticos de las canciones de Arjona. Me dijo que yo era lo más cercano a él pero que yo no entendía lo mucho que ella quería tener a Ricardo 'cerca de su pecho'; era una señora, así hablaba: 'quisiera tenerte cerca para apretujarte y sentir que estoy con Ricardo y que eres parte de él'. Fue el último día que yo hablé con ella, le mandé un correo diciendo que tenía que borrarla de Skype por cuestiones de la empresa, que mi jefe se había dado cuenta y que no podíamos seguir hablando más, pero nunca le conté a nadie. Me dio pena que la gente supiera que una señora de 50 años quería tener sexo por Skype conmigo sólo porque, en su fantasía, yo tenía una parte de Arjona. Me respondió que había perdido el control, que yo no entendía ni iba a entender fácilmente lo que era Arjona para ella, que no es de ningún fan club sino que ella lo ve desde otro nivel. Después me quedé pensando: '¿qué tal que le hubiera hecho el favor, y le hubiera seguido el juego para ayudarla a llegar al orgasmo…? Aunque creo que sí llegó, en su viaje, pero llegó'".

¿Qué hubiera pensado una señora de 50 años al ver las rastas de Carlos? Esa es la pregunta más resonante que tengo hasta el momento, pero decido irme por la vía más fructífera: "¿Y si hubiera estado buena?" "De pronto sí lo hubiera pensado", responde con una sonrisa. "¿Te pasó algo así con una fan que estuviera buena?", era imposible no ahondar, y Carlos responde como haciendo un esfuerzo consciente por encontrar un caso así: "Los fan clubs de Arjona están conformados por señoras de las cuatro décadas. Fijo no hay un club de fans de Arjona de mujeres de 24 o de 25 y si las hay es porque son las sobrinas o las nietas de estas señoras. Todas son cuarentonas por esa puta canción, aunque las de Colombia son las más atractivas, eso sí. Cuando recién salió el disco de Poquita ropa en físico, me pidieron una táctica inmediata para que los fans compraran el disco. Entonces, lo que se me ocurrió fue pedirle a la gente que mandaran una foto con 'poquita ropa', porque ese era el nombre del disco. No pasó porque no querían que la gente llenara el Facebook de fotos en calzones. Después de unos meses Warner usó la estrategia y le pidió a los fans que enviaran fotos con poquita ropa. Llegaron fotos muy ásperas; recuerdo una que mandaron desde el club de fans de California, eran las piernas de tres chicas en una calle, con los calzones abajo y tenían el logo de la portada del disco".

"Con eso hicimos un álbum en Facebook; esa foto fue la portada. Cuando estaba haciendo el filtro para subir el álbum , me encontré otra, la más impresionante, la había mandado una paisa que tenía un cuerpazo espectacular, el mensaje decía 'espero que les funcione'. Era una foto literal del disco sobre una teta y el pezón salía por el círculo del centro del disco, ella estaba recién salida de la ducha. Mandó otras fotos, todas en blanco y negro. En otra de las que mandó, se puso el disco arriba de la raja, que no se le veía, pero sí se le veía la cola. La vieja sabía lo que tenía y quería que la gente lo viera. Me dio risa que fuera colombiana".

La conversación concluye con una pregunta sencilla pero trascendental "¿Te volviste experto en Ricardo Arjona?", pregunto y doy una mordida a una pizza de jamón y queso. "No, pero entendí por qué triunfaba. El man encarna la figura del hombre sensible al que no le da pena ser un varón que llora y sufre por amor. En sus canciones, Arjona ve el amor como lo ve una señora quedada: como una cosa acartonada, poética e imaginaria. Piensa como cuarentona, sabe que se le pasó su cuarto de hora y ahora está en sus nuevos quince, dispuesta a tirarle a lo que le caiga. Pero su vida ya pasó y le toca sufrir", me responde.

"¿Tú crees que podrías ligarte a una señora cuarentona después del conocimiento que acumulaste?", yo insisto en sacar de Carlos alguna conclusión sobre su experiencia. " Claro que sí y sobrado, duré casi un año observando lo que las cuarentonas quieren leer o escuchar y eso me facilitaría mucho el trabajo si quisiera echarles verbo. Si se hicieran las difíciles, recurriría a alguna frase arjoniana, esas no fallan para endulzarle el oído a una 'veterana'. Ese man, en serio, mueve a las mujeres de esa edad", responde el único rasta cercano a las fans de Arjona.