
Por Virginia Mayer
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Tenía la cabeza en otra parte y ahora estaba incómodo.
––¿Crees que lo tengo chiquito? ––Dijo con una calma inverosímil y yo me pregunté si tendría la capacidad de leerme la mente.Me paré de la cama y me puse los calzones, y él se metió entre las cobijas, y entonces me acordé que más temprano le había dicho que por alguna razón no me incomodaba la idea de que se quedara a dormir, algo que no me pasa nunca. Volví a la sala, le subí el volumen a la música y me puse a bailar con la copa de vino llena en una mano y un porro en la otra.Cuando me iba a servir la tercera copa su celular comenzó a brillar en la oscuridad. Era una luz muy fuerte que se prendía y se apagaba. Entre las llamas de luz vi unas manos de fuego que se estiraron hacia mí y luego me abrazaron atrayéndome hasta el teléfono. En mi vida había espiado un celular ajeno, porque siempre me imaginé que solo se revelarían malas noticias. Tenía razón.Leí que estaba saliendo con una chica, alguien que le hacía sentir cosas que su novia de nueve años –con quien había terminado hacía pocos meses– nunca lo había hecho sentir. Supe también que la chica estaba en algún retiro ridículo donde miraban las estrellas en el firmamento y que llevaba tres días perdida. El italiano expresaba desespero por no poder comunicarse con ella a un par de amigos, y mientras yo cocinaba los camarones que a la mañana siguiente deberían haberlo imposibilitado para ponerse siquiera una media, le contó a un amigo que yo me había arreglado para él, y a otro le dijo que estaba donde la Mayer, "la gordis". El amigo respondió riéndose y agregó: Un hueco saca otro hueco.
Publicidad
Publicidad
Por El ItalianoSoy un tipo promedio. Sí, promedio, por lo menos en Colombia. Soy bajito (168 cm), gordito y morenito. Y para mi fortuna soy un man proporcionado, es decir, tengo piernas del tamaño justo, mi torso es del tamaño de mi cuerpo, mis manos similares a mis pies y tengo el pipí del tamaño correspondiente a mi estatura. No necesariamente chico, simplemente proporcionado.Durante estos años de vida sexual le he sacado buen provecho a mi pene. Nunca he recibido un piropo por el tamaño de mi verga, nunca me la han cogido con dos manos, nunca he llegado al tope de un condón, nunca se me ha salido de la pantaloneta y, de hecho, el mito del "hombre pequeño, pipí grande" se derrumba conmigo. En los últimos años, he sido un amante que satisface relativamente bien a sus mujeres, con algún que otro comentario como "lo tienes súper chiquito" y alguna que otra respuesta como "sirve para lo mismo", no había notado que, para ciertas situaciones, tengo el pipí chiquito.En algún momento, Gabriel García Márquez le dijo a la humanidad que los humanos veníamos al mundo con los polvos contados y no se equivocó. Habrá quienes le han sacado provecho de más y han repartido lo suyo, pero la realidad es que la gente picha menos de lo que debería y mucho menos de lo que podría.
Publicidad