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Estados Unidos quiere prohibir la flakka, esa droga de la desnudez y la locura zombie

La DEA ha proscrito diez productos químicos empleados para producir esta barata sustancia de diseño. Como suele suceder en estos casos, la medida provocará que los laboratorios que la producen se inventen un nuevo ingrediente para eludir la prohibición.

La Agencia Antidroga de Estados Unidos (DEA, en sus siglas inglesas) está intentando poner a la flakka fuera de circulación. La flakka es una suerte de speed [anfetamina], barato y sintético, que ha desatado la histeria por allí por donde ha pasado durante el último año. A menudo, su consumo ha desembocado en episodios de lo más absurdos, especialmente al sur de Florida, Estados Unidos, donde parece que la sustancia cuenta con la mayoría de sus adeptos.

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Flakka es el nombre callejero con el que se ha bautizado al compuesto químico al que se conoce como alfa-PVP, una sustancia que ha sido clasificada junto a la familia de las catinonas, popularmente conocidas como "sales de baño" que, a su vez, pertenecen a la familia de las fenetilaminas.

Al igual que sucede con otras sustancias sintéticas o de diseño, la flakka se produce en laboratorios chinos y la mayor parte de su comercialización se efectúa online, donde la droga adquiere el nombre de la marca que la distribuye, como Lunar Wave, Cloud Nine o Scarface. Los proveedores estadounidenses la adquieren bajo uno de esos tres nombres por un valor que oscila entre los 3 y los 5 dólares por dosis.

A menudo la sustancia está empaquetada bajo una advertencia que reza que "no es apta para el consumo humano". Se trata de una sustancia estimulante que ha causado cierto furor, un furor más bien senil, entre sus consumidores, debido a sus poderosos efectos psicoactivos, que emularían a los de la cocaína o la metanfetamina. Pero lo cierto es que, a menudo, las consecuencias del consumo de flakka son completamente desastrosas.

En abril del año pasado se denunció el caso de un hombre de 41 años que había salido a correr en plena calle desnudo. Sucedió en las calles de Melbourne, en Florida, y el individuo en cuestión, drogado hasta los dientes, insistía en que era Thor, el Dios escandinavo. Lejos de terminar ahí, el delirio se consumó, erráticamente, cuando el presunto Dios rubio intentó penetrar sexualmente a un árbol. Cuando las fuerzas del orden intentaron reducir al individuo, este intentó apuñalar al policía que pretendía desasirle del árbol con su propia placa; esto es, Thor le arrebató la insignia al agente e intentó hundírsela en su pecho.

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Más allá de estos dos episodios de delirante exhibicionismo callejero, un médico de Broward County, un condado situado al sur de Florida, asegura que ya ha visto morir a 63 personas víctimas de sobredosis de flakka desde septiembre de 2014. Allí, en Broward County, el consumo de flakka se disparó el verano pasado, momento en que sus servicios médicos llegaron a atender a 300 personas intoxicadas al mes.

Los productores de drogas de diseño se dedican a modificar constantemente las estructuras químicas de los catinonos sintéticos para eludir las leyes de Estados Unidos. De tal forma, cuando la Agencia Antidroga resuelve prohibir alguna sustancia, tiene que especificar su exacta composición química. De manera que para sus productores, eludir la prohibición es un mero trámite al que ya están sobradamente acostumbrados: basta con variar ligeramente la fórmula química y con rebautizar el producto, para que los vendedores online puedan derribar cualquier prohibición, e introducirla en el mercado que prefieran, en este caso, el yanqui.

Los componentes que forman el principio activo de la flakka llevan bajo prohibición cautelar desde 2013, y ahora la DEA quiere que la prohibición adquiera un carácter permanente. Para ello, la Agencia Antidroga pretende incluir 10 principios activos distintos en la categoría de estupefacientes de Clase A, el grupo en el que se incluyen las sustancias que, según las autoridades estadounidenses, tiene un elevado potencial de generar una adicción y están desprovistas de fines terapéuticos, tales como la heroína, el LSD y, curiosamente, también la marihuana, una sustancia que, paradójicamente, está siendo legalizada en cada vez más estados del país, tanto con fines tanto recreativos como medicinales.

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Las catinonas sintéticas fueron diseñadas originalmente para emular los efectos del khat, una planta que crece en algunas partes del centro y del sur de África y en Oriente Medio, cuya hojas producen un efecto estimulante al ser masticadas. Sin embargo, a lo largo de los años, y después de haber sido alterada infinidad de veces, la droga ha evolucionado hasta convertirse, prácticamente, en una sustancia que no tiene nada que ver con su prototipo original.

Sucede que los legisladores estadounidenses se ven obligados a igualar la velocidad de los productores para cambiar las recetas. De tal manera, las autoridades están reformando constantemente la tecnología que se emplea para testear la droga. Así, lo normal es que muchas sustancias disfruten siempre de un periodo de legalidad antes de ser interceptadas por la DEA. Y entonces arranca el juego del gato y el ratón.

La policía está tan acostumbrada a dar con sustancias análogas, con compuestos extremadamente parecidos a los que ya han sido prohibidos, que ya tiene la potestad de denunciar la situación en base a su similitud sintética. Sin embargo, tal y como advierte a VICE News Rusty Payne, portavoz de la DEA, a menudo seguir el ritmo resulta agotador, sino imposible.

"Consumir drogas sintéticas es lo mismo que jugar a la ruleta rusa", opina Payne. "La gente debería tener miedo a lo desconocido. No saben de dónde viene, ni la clase de laboratorio en la que se ha producido".

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Los federales no pueden determinar cuántos laboratorios estarían produciendo drogas sintéticas como la flakka a día de hoy, aunque Payne estima que se trataría de "miles".

"Sabemos que hay un montón, pero no tenemos una cifra concreta", explica. "Como la venta de estas drogas se produce online, resulta muy difícil de monitorizar".

Mira el episodio de VICE para HBO Dentro del mundo letal y emergente de las drogas de diseño (pronto con subtítulos en español):

El verano pasado, el periódico New York Times descubrió a más de 150 compañías chinas que vendían flakka a través de la web guidechem.com. El mercado de las drogas sintéticas está experimentando un boom sin precedentes en China, en gran medida a que apenas existe supervisión y a que las normativas son de lo más protectoras para con la gigantesca industria química del país. Como consecuencia de ello, los laboratorios de drogas pueden acceder fácilmente a productos químicos que habían sido destinados, originalmente, a un uso legítimo, como la medicina o los pesticidas.

"China se ha convertido en una auténtica maquinaria industrial de drogas sintéticas", asegura Payne. "Y lo peor de todo es que muchas sustancias se están utilizando como conejillos de indias. A la que interceptamos el anzuelo, luego nos encontramos con un montón de jóvenes que vienen detrás y que, desgraciadamente, están encantados con ser los primeros en probarlas".

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En lugares como el sur de Florida, la popularidad de la flakka y de las llamadas "sales de baño" ha disminuido. Sin embargo la policía federal sigue temiendo que el aumento en el uso de las catinonas siga aumentando, y que se incorpore al corte de sustancias, presuntamente más puras, que se estaría vendiendo en el mercado como MDMA o pastillas de éxtasis.

Según parece, en algunos casos, los usuarios compran una cápsula de polvo blanco convencidos de que se tratará de MDMA, pero, sin embargo, se encuentran con un producto que ha sido cortado con flakka o con cualquier otro peligroso sucedáneo de las llamadas sales de baño. Según concluía un estudio reciente elaborado por investigadores de la universidad de Nueva York, 4 de cada 10 personas que asistían a clubes nocturnos o a festivales musicales y que habrían aducido llevar MDMA o pastillas de éxtasis consigo, habrían dado positivo en los análisis posteriores por sales de baño, por mucho que negaran haberlas consumido.

Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC por sus siglas en inglés), solo en 2015 se descubrieron 541 nuevas combinaciones psicoactivas de estupefacientes, una cifra ocho veces mayor que la registrada en 2008. Algunos expertos en drogas consideran que la DEA y los productores de estupefacientes están atrapados en un círculo vicioso. El rastreo insaciable de la agencia Antidroga provoca que los productores de sales de baño sigan reinventándose, y que no dejen de inundar el mercado con nuevos productos. Se trata de drogas que jamás han sido probadas en seres humanos y sus consumidores no tienen la menor idea de cuáles podrían ser sus efectos. Ni a corto, ni a largo plazo.

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David Sachs, presidente de Behavioral Health, una red de centros de salud mental, escribió el año pasado que las prohibiciones de la DEA son completamente estériles y que las autoridades de Estados Unidos están intentando "regular lo que no se puede regular".

Hasta que no tratemos la adicción como una enfermedad y combatamos los motivos que explican el porqué de esta imparable demanda, ninguna prohibición — sin perjuicio de lo bien que haya sido combatida— servirá para solucionar el grave problema en que se han convertido las drogas de diseño. Ni remotamente", sentencia Sachs.

Mientras tanto, algunos estudios han permitido ya encontrar nuevas formas de tratar a los pacientes que han ingeridos grandes cantidades de flakka, o incluso, a aquellos que llegan con cuadros de sobredosis. Un departamento de Urgencias de Florida ha decidido empezar a equipar a sus paramédicos con ketamina, un tranquilizante para caballos y una droga igualmente extendida con fines recreativos, para sedar con ella a los pacientes que hayan ingerido flakka.

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