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BDSM: Te va a asustar pero te va gustar <3

Intenté que no me gustara pero al final sí me gustó.
13.11.15

La autora.

"A esto le llamo estar mojada. ¿No te da vergüenza? Es tu primera vez y ya estás excitada". Esas fueron las primeras palabras de mi amo, al recibirme, en el umbral de su puerta y luego de pasar sus dedos por mi entrepierna. Y no, no sentí ni poquita vergüenza. De hecho estaba muy orgullosa de haber esperado media hora en el frío de una callecita oscura que, aunque muy cerca de una arteria de bares, permanecía escondida. Una vez que las llaves cayeron del cielo, debí subir las escaleras, desnudarme en el pasillo, firmar mi carta responsiva, agacharme —con los ojos cerrados y las manos atrás— y esperar a que mi amo abriera. Había tenido un viernes precario que se extendió hasta bien entrado el sábado, y mi temple no era el mejor. No sabía hasta dónde aguantaría; tenía tantas razones como sueños en Pessoa para no estar ahí, y sin embargo, estaba.

Me puso mi collar, una prenda suave de piel que, ahora sé, era negra, como casi todas las herramientas de mi amo. Me metió los puños en unos guantecitos negros, los ató por detrás de mi espalda y colocó mi bozal de arnés que me cubría nariz y boca. Batalló para sujetarme bien las prendas; casi todo me quedaba grande. Me tomó de los hombros, me hizo pasar, me puso los succionadores en los pezones. Me hincó, me pidió que abriera las rodillas y que pusiera mi frente en el suelo.


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Después de inspeccionarme el culo puso un pie sobre mi nuca y me dijo: "Ah, la curiosidad periodística. Tú dices que es de trabajo pero en realidad esto te gusta". Sentí una profunda vergüenza porque era cierto, pero de alguna forma extraña, el hecho de que estuviera pisándome la cabeza me reconfortaba. Esas son honestas búsquedas literarias y no chingaderas, pensé, y antes de reírme recibí el primer azote con un látigo. Así se hace la buena crítica lit. Otro. Rompí en llanto. Sabía que iba a llorar pero no tan pronto. "Mira qué suavecito es éste", dijo. Sí, era suave, pero luego me pegó con un lado que no era una superficie lisa, algo llamado leather strap.

En tu casa siempre puedes encontrar utensilios para el BDSM.

No tenía ni cinco minutos ahí y mi bozal ya estaba inundado de babas, mocos y lágrimas. "Me gustan mucho tus lágrimas", me dijo. Sí, la verdad es que a mí también: son enormes y transparentes, y tienen una consistencia casi sólida que les permite caer y explotar en el suelo una seguida de otra, estrepitosamente. Pero, hombre, mis lágrimas son mías, así que cada que decía eso dejaba de llorar, pero bastaba un azote más y mi rostro volvía a estallar en forma de pequeñas protuberancias que buscaban huir por las costuras de la piel negra de mi bozal.

Desde antes habíamos acordado que mi palabra de seguridad era "¡Victoria para las fuerzas de la libertad democrática!" Pero ya que íbamos a estar en confianza, sólo gritaría "Victoria" cuando yo quisiera que todo parara. Si estaba amordazada, la palabra de seguridad se convertiría en una elocuente negación con la cabeza o en dos "Aaaaaaaaahs". Pero mi suplicio no era nada comparado con lo que vendría, así que Vicky tendría que esperar.

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Me levantó del piso y me pidió que abriera las piernas. Mis birotitos, con ustedes ya he hablado de eso. Mis piernas son gruesas y pequeñas, así que tuve que hacer un esfuerzo para abrirlas al tamaño de la estructura que me sujetaría, atada a mis tobilleras. Me hizo levantar las manos y las ató a una estructura similar que pendía del techo, me puso un antifaz. Cambió el bozal por la mordaza: una bola de plástico tan grande que creí que me desencajaría la mandíbula, o me asfixiaría. Los mocos y el llanto evitaban que pudiera respirar bien con la nariz, así que me calmé un poco. Mejor para mí, porque seguía el ano: en él introdujo un gancho de metal y lo sujetó a la armella del arnés que estaba a la altura de mi nuca, lo que me hizo doblar mi cuello hacia atrás casi en un ángulo de 90º. Si intentaba enderezarme, el gancho se jalaría. Calculo que estuve en esa posición unos cuarenta minutos.

Otra vez empezó a pegarme con diferentes tipos de látigos, unos más mezquinos que otros, como personas. En las nalgas, en la espalda, en el vientre, en el pubis. Intentar esquivarlos era inútil, imagino que el simple intento de zafarme me hacía ver como la Venus de Willendorf cayendo por el acantilado de la historia, aunque sin tantas chichis, para qué les echo mentiras. "Qué ricas nalgas tienes". Eso me encantó y me desconcertó, se lo agradecí al instante. Creí que me diría cosas como "Qué nalgas tan feas tienes, ¡para cogerte mejor!" Pero tomando en cuenta que estaba desnuda y atada a merced de un desconocido, esto me pareció de una galantería inusitada que agradecí infinitamente.

Cuando se acercaba a mi rostro para susurrarme este tipo de cosas me pareció que todo se había convertido en algo personal y que yo no quería eso sino una ola de orgasmos mecanizada que podía ser interrumpida sólo por un botón. Pero luego pensé: Este cuate te está sodomizando con un gancho de carnicero, obviamente esto es personal. Después acercó a Mr. Magic Wand que reseñaré más abajo.

En ese momento vino a visitarme Susan Sontag: "El orgasmo concentra. Deseo escribir. La llegada del orgasmo es el nacimiento de mi ego". No podía venirme sin la autorización de mi amo. Pero lo asumí como todo en mi vida hasta ahora: más vale pedir perdón que pedir permiso. Me vine una, dos, tres veces. No podría decirlo porque ninguno de ellos terminó realmente cuando ya tenía el otro encima. Cuando por fin mi amo me dio permiso tuve el orgasmo más largo de mis últimas siete reencarnaciones y sentí que estaba suspendida en la habitación sin nada que me sujetara y que todo mi cuerpo era un solo órgano eviscerado y palpitante.

Me chingué la muñeca izquierda. Supongo que al venirme levanté las piernas y quedé colgada sólo de las manos y me doblé sobre el hombro de mi amo, esto provocó que un nervio se aplastara. Ay, mis cervicales. Al sacar la mordaza, mi maxiliar tronó como un cascanueces.


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Era el turno de la cama de operaciones. Bocabajo, sin mordaza, manos y tobillos atadas de nuevo. Vicky se acercaba. Vara de bambú. ¿Cómo puede, el alimento de un panda, hacer tanto puto daño? Llanto de nuevo. Bastinado: un azote en las plantas de los pies. Vic, alcancé a decir, pero no, no aún. Bastinado. Una tortura bíblica. Santa Teresa de Jesús, moriste el 15 de octubre de 1582, yo nací el 15 de octubre de 1982. "Más pena le da/ vivir sin su esposo,/ y así en los tormentos/ hallaba reposo: /todo le es gozoso, /querría ya morir, /pues que con la vida / no puede vivir". 400 años. ¡Más alimento de panda, culera! Aguanta. No, no, no, no, no. Un vibrador contra mi ano.

¡Victoria!

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Fui desatada de pies y manos y una manta suave me cubrió todo el cuerpo. El hombre me preguntó si estaba bien y me pasó la caja de kleenex. Permanecí en bocabajo, llorando en silencio varios minutos. Cuando me reincorporé en Señorita Periodismo Gonzo traté de actuar normal y pregunté cuanto tiempo había aguantado: una hora con 15 minutos, mucho menos del rango de tres horas aproximadamente que duran las sesiones y muy por encima de mis propias expectativas.

Muchos amigos hombres, muy queridos todos, me dijeron que no escribiera esto, pero ¿no es una nueva forma de decir: "No te pongas minifalda porque te van a violar"? Hubo muchos que me alentaron y cuidaron en el proceso: a todos ellos, muchas gracias. ¡Sí me gustó!

***

Gancho metálico anal

Entró como mantequilla. Soy editora: me pagan por ser una anal retentiva. Así que cuando esto entró, con dos o tres indicaciones de mi amo pero sin mayores complicaciones, sentí que había logrado algo en la vida.

Succionadores de vacío para pezones y clítoris

Sólo usé los de pezones y sí: acepto. Están con madre, no duele tanto.

Mitts

Me adelgazó la mano, creo. Estas cosas hacen que te suden las manos más que en tu primera cita. Fueron las causantes de la fractura emocional de mi dedo, al que por cierto, todavía no siento muy bien, pero con un poco de árnica, ha dio mejorando.

Mordaza (ball gag) de arnés

Si creen que algunos estimulantes te destrozan las mandíbulas, prueben esto.

Bozal de arnés

Soy claustrofóbica, me angustió un poco, pero luego me acostumbré. Me sentía más SWAT que SWAG, pero estaba locochón.

Tobilleras y muñequeras

Las quiero, fue un placer. Parece que lo mío es la sujeción, así que ustedes son las meras meras.

Wheel of Wartenberg

Te pasean esto por la espalda, nalguitas y genitales: ¡Riqui!

Muñequeras y collar metálicos

Mi vestido de novia. Este juego es el Ferrari de los collares y el atuendo BDSM. Es para ir a una gala. A mí me quedaban nadando, pero quiero conseguirme unos para casarme de blanco.

Juguetes de impacto

Todos y cada unos de ustedes (menos el más lisito, que me hacía el paro entre uno y otro): Chinguen a su madre.

Vibrador Magic Wand o el amor existe

"Beauty convinces. You know beauty makes sex possible. / Beauty makes sex", dice Anne Carson, ¿no? Nada más hermoso que esto. Chicas: por favor, por favor, por favor no mueran sin antes haberlo probado.

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http://mxdom.blogspot.mx/

@misslexia

Lee la primera y segunda parte de esta entrega:

Mi primer BDSM: La idea del amor romántico lastima a las mujeres

Lo que necesitas para tu primera sesión BDSM: preparación, reglas, castigos y la palabra de seguridad