La vida de las niñas rohinyá que son víctimas de matrimonios forzados

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La vida de las niñas rohinyá que son víctimas de matrimonios forzados

A los 12 años de edad, Rashidah vio como una muchedumbre de budistas extremos incendiaron su pueblo rohinyá, después fue vendida como esclava, violada por traficantes y finalmente tuvo que casarse a la fuerza.
25.11.16

Ilustración por Daniella Syakhirina.

Cuando Rashidah tenía 12 años de edad, una muchedumbre de budistas extremos incendiaron su aldea rohinyá durante una ola de violencia antislámica. Durante los próximos tres años, la niña fue vendida como esclava y violada por traficantes de personas. Rashidah, ahora de 15 años de edad y con un hijo, fue víctima de un problema poco denunciado que afecta a la enorme población rohinyá de Malasia: la venta de niñas para matrimonios forzados.

"Nunca imaginé que así iba a ser mi boda", dijo Rashida cuando nos conocimos hace un mes. "Pero no tengo otra opción".

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Malasia es hogar de un estimado de 90 mil refugiados rohinyá pero, según los expertos, es difícil determinar el verdadero tamaño de la población. La agencia de refugiados de la ONU en Kuala Lumpur ha registrado 53,896 refugiados rohinyá pero el número de rohinyás indocumentados es casi el doble de los que están inscritos en el programa de refugiados del ACNUR.

Declarados apátridas por el gobierno birmano, que los considera migrantes bangladesís, y confinados en asentamientos escuálidos en lo que es propiamente un estado apartheid, el pueblo rohinyá está entre los más perseguidos del mundo. En 2012, una nueva ola de violencia antislámica en el estado birmano de Rakáin desterró a cerca de 140 mil personas y puso en marcha lo que creció hasta convertirse en una crisis humanitaria regional. Durante los primeros tres meses de 2015, alrededor de 25 mil rohinyás, así como algunos migrantes bangladesís, abordaron botes excesivamente saturados en un intento de llegar a Malasia. Cientos murieron en el camino.


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En Malasia, los hombres conforman la mayor parte de la población rohinyá. Esta situación ha creado una demanda problemática de mujeres rohinyá en lugares como Ampang, un vecindario suburbano a las orillas de Kuala Lumpur, donde vive un gran número de hombres rohinyá. Los traficantes de personas notaron esta demanda y empezaron a robar niñas de los campamentos rohinyá de Birmania ofreciéndoles un viaje seguro a Malasia por una fracción del precio normal. Pero después de zarpar, los términos del acuerdo cambiaban. De pronto, las niñas debían más de mil dólares y las que no podían pagar esa cantidad, se quedaban encerradas en campamentos en la selva. Muchas fueron violadas por sus traficantes. Otras fueron vendidas para casarse en Malasia.

"Conocemos mujeres que fueron reclutadas en el estado de Rakáin de forma gratuita o a un costo muy reducido porque los traficantes esperaban cobrar una cuota mucho más alta a los hombres en Malasia", explicó Amy Smith, de Fortify Rights, una organización sin fines de lucro que documenta las violaciones a los derechos humanos en el sudeste asiático.

"Nunca imaginé que así iba a ser mi boda, pero no tengo otra opción". — Rashidah

Los expertos dicen que es difícil determinar exactamente cuántas mujeres han sido vendidas para matrimonios forzados. Los matrimonios arreglados son comunes en la sociedad rohinyá y en Malasia se acostumbra que los hombres paguen el viaje de su futura esposa a Malasia. Es una tradición que se asemeja a la del matrimonio forzado. Sin embargo, mientras que las mujeres en un matrimonio arreglado normalmente tienen contacto con su esposo y la aprobación de sus familias, las víctimas de los matrimonios forzados nunca tienen contacto con su esposo antes de la boda ni intenciones de casarse cuando salen de Birmania.

"El matrimonio forzado es un término capcioso", dijo Richard Towle, el representante del ACNUR en Malasia. "El hecho de que los padres arreglen un matrimonio no lo hace un matrimonio forzado. Hay muchos matrimonios arreglados. Sabemos de muchas familias que mandan a sus hijas a este país para contraer matrimonio. A veces escuchamos de casos donde hubo algún intercambio de dinero y coerción. Por eso el espectro es tan amplio".

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Sharifah Shakirah, una mujer rohinyá que trabaja con las víctimas de matrimonios forzados en Malasia, dijo que la situación es síntoma de un sistema cruel. Los traficantes de personas exigen sumas considerables de efectivo para llevar gente a Malasia y algunos hombres, que están dispuestos a pagar por una novia en un lugar donde hay muy pocas mujeres rohinyá aptas, están apoyando esta extorsión al pagar las cuotas de los traficantes. Shakirah trabaja con una coalición de hombres y mujeres rohinyá para tratar de convencer a otras personas de que esta práctica es injusta pero es una conversación difícil, en especial con los hombres que llegaron hace poco y poseen un nivel de educación muy bajo.


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Y para las mujeres que se rehusan a aceptar los matrimonios, el futuro puede ser mucho peor: "Hay muchas chicas desafortunadas aquí", dijo Shakirah. "Los agentes las venden como prostitutas y luego tienen que trabajar en centros nocturnos. Algunos traficantes obligan a estas chicas a pedir dinero en las calles. Les cortan las manos o les sacan los ojos para que den lástima. He visto muchos casos así. No puedo explicar lo difícil que es la vida para estas chicas", dijo Shakirah.

La llegada de nuevos refugiados rohinyá disminuyó después del sombrío descubrimiento de más de 100 fosas poco profundas cerca de la frontera entre Tailandia y Malasia. Los esfuerzos del nuevo gobierno de Birmania, liderados por la Liga Nacional para la Democracia (LND) de Aung San Suu Kyi, para mejorar la situación del pueblo rohinyá inicialmente despertaron la esperanza en algunos rohinyá y enfurecieron todavía más a los nacionalistas birmanos. El anterior secretario general de la ONU ahora dirige una investigación aprobada por el LND sobre la violencia comunitaria en el estado de Rakáin, un proyecto que muchos ven como un paso adelante del nuevo gobierno para acabar con lo que un estudio llamó un sistema de genocidio patrocinado por el Estado.

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Sin embargo, la violencia reciente y las presuntas violaciones cometidas por los soldados en el estado de Rakáin despertaron nuevamente el miedo a un resurgimiento de las condiciones brutales en las que se vivía antes de que el partido de Suu Kyi ganara las elecciones. Por lo visto, todavía falta mucho para lograr una paz duradera.

Hoy en día, decenas de miles de rohinyás apátridas siguen atrapadas en un limbo en Malasia: no pueden trabajar legalmente, no pueden regresar a casa y tienen que esperar años para un posible reasentamiento a cargo del ACNUR. Y entre la población rohinyá hay mujeres como Rashidah, adolescentes que los traficantes de personas vendieron para matrimonios forzados. Estas mujeres, pobres, sin conocimientos de inglés o malayo y temerosas de la ley, terminan siendo invisibles en Malasia.

"Algunos traficantes obligan a estas chicas a pedir dinero en las calles. Les cortan las manos o les sacan los ojos para que den lástima. He visto muchos casos así. No puedo explicar lo difícil que es la vida para estas chicas". – Sharifah Shakirah

Rashidah, cuyo apellido fue omitido por VICE Indonesia para proteger su identidad, se reunió conmigo en un pequeño internado musulmán a las afueras de Kuala Lumpur. Su sari verde con estampado floral y su blusa estaban salpicados de pintura blanca después de pasar toda la tarde pintando los muros de la escuela, uno de los muchos trabajitos con los que se mantiene ella y su familia.

Su hijo, un niño regordete, estaba descansando en el piso. Su esposo estaba relajándose al otro lado de la escuela, un espacio simple pero abarrotado en un solo piso de una tienda/residencia deteriorada de poca altura. Rashidah conoció a Aziz en un mercado local. Aziz era amable y de la misma región del estado de Rakáin. En ese entonces, Rashidah estaba atravesando uno de los periodos más oscuros de su vida. Acababa de llegar a Kuala Lumpur después de pasar meses como prisionera de traficantes de personas tailandeses en un campamento en la selva en la frontera entre Malasia y Tailandia. Estaba sola, sin dinero y era la chica más joven del campamento, una combinación muy peligrosa.

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Los traficantes la violaron en repetidas ocasiones. Cuando quedó embarazada, contactaron a un hombre en Malasia y la vendieron como esclava. El hombre, un residente rohinyá de Kuala Lumpur identificado como Islam, pagó a los traficantes 3 mil ringgits (alrededor de 14,300 pesos) y se llevó a Rashidah a su casa. Islam le dijo a Rashidah que tenía que cuidar a sus hijos y limpiar su casa para pagar su deuda. También la obligó a vivir en una choza diminuta atrás de su casa.


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Rashidah dijo que cuando Islam se dio cuenta de que estaba embarazada, buscó a un doctor para que abortara el feto. Pero un ustad local lo convenció de que le permitiera tener al bebé. Poco después, el hombre empezó a buscar a otro hombre dispuesto a pagar su deuda y tomarla como esposa.

Cuando Aziz supo de la situación de Rashidah, prometió pagar su deuda si se casaba con él. Fue una propuesta muy compleja para Rashidah, quien confiesa que si las circunstancias fueran diferentes, no habría contraído matrimonio. Pero al mismo tiempo estaba sola, era prácticamente una esclava y estaba embarazada del traficante de personas que la violó. Y de pronto aparece un hombre amable dispuesto a salvarla de la explotación sexual que le esperaba si rechazaba el matrimonio.

"Si mis padres siguieran conmigo, podría haberme casado con una persona educada o una persona con dinero para mantenerme", dijo Rashidah. "Pero en ese momento no tenía dinero suficiente para sobrevivir y nadie que cuidara de mí".

Rashidah dice que su esposo la cuida y la trata bien. Pero si tuviera la oportunidad de regresar el tiempo, jamás habría salido de Birmania. "De haber sabido todo lo que iba a pasar, nunca habría venido", dijo Rashidah. "Creo que Birmania era mejor para mí".