La historia de mis dos circuncisiones a los veinte años
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La historia de mis dos circuncisiones a los veinte años

Pasé mi cumpleaños número 20 acostado, con el pene hinchado y con hielos, preguntándome si algún día iba a poder tener sexo otra vez.
14.1.17

Ilustraciones por Julio Derbez.

Mi pene me odia, estoy seguro. Me odia muy cabrón. Pasé mi cumpleaños número 20 acostado, con el pito hinchado y con hielos, preguntándome si algún día iba a poder tener sexo otra vez.

Todo empezó unos meses antes, cuando fui a una revisión de rutina con el urólogo. Después de revisarme me dijo que tenía hipospadia —una anomalía congénita en la que la abertura del pene se encuentra en la parte inferior del glande— y me estaba causando algunos problemas en el prepucio, además de que a veces me daban infecciones. Quizás al principio no era tanto problema para mí, pero si tenía relaciones podía generarle problemas a la otra persona, y pues eso no está padre.

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En fin, me hicieron la circuncisión y estuvo de la verga, pero al parecer todo había salido bien. Pasé tres semanas en rehabilitación: dos de ellas con una venda y ya después sin nada.

La primera vez que me bañé me puse a berrear. Tenía que asearme dos veces al día y tallar los puntos alrededor del miembro: cortaba un pedacito de jabón, lo ponía en mi dedo y le daba vuelta. Lo que estaba de la chingada es que el jabón se quedaba atorado entre los puntos y mi pene. Entonces, si de por sí me daba cosa hacer eso, mover los puntos para quitar el jabón era una de las peores sensaciones. También tenía que ponerme hielo cada veinte minutos y tomar antiinflamatorios y antibióticos.

Si la rehabilitación y bañarme estaba jodido, la primera vez que se me paró fue el infierno. Lloré y decidí que nunca volvería a tener sexo. No porque me doliera, sino porque mi pene era tres cuartos más chico que antes, a causa de la cirugía. Yo no sabía que eso iba a pasar y nadie me lo dijo. Pensé que se iba a quedar así por siempre. Resulta que la piel se tiene que acostumbrar a estirarse, pero sí lloré cuando lo vi.


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Le hablé a mi papá y le pregunté qué pedo. Le reclamé: "¡Me hubieran dicho!" Es lo peor que te puede pasar. Incluso le hablé a mi novia y le dije que no iba a volver a coger en mi vida. No voy a dejar que nadie vea esto, nunca . De la verga. Pasó como un mes y medio hasta que regresó a su tamaño normal.

Lo más doloroso fue cuando me arranqué los últimos puntos. La parte de abajo del pene fue donde más tardaron en caerse. Pero como no se caían y ya estaba hasta la madre, agarré la orilla del hilo y tiré de él. El problema es que yo no sabía que los puntos se pueden encarnar. Al instante que me los quité me salió un chingo de sangre. Casi me desmayo. Tuve que gritarle a mi mamá, en una especie de regresión: " ¡Mami!" Me dolió un chingo y entonces llegó ella. Pasé una semana con ardor cada que orinaba. Creo que desde entonces ya podemos hablar de lo que sea.

Sin embargo, pasaron las tres semanas de reposo y no se estaba desinflamando. Se supone que para ese momento debía verse y sentirse normal. Si pudieras partirlo en dos, la mitad derecha del pene estaba bien, pero la izquierda tenía un pedo muy mamón: una especie de medio anillo, en el que había carne, pero no una carne normal. Me cortaba un poco la circulación de la cabeza y me dolía. Es como si te estuvieran apretando el dedo, pero en lugar del dedo el pito. Me saqué mucho de onda.

Le hablé a mi mamá llorando para preguntarle qué chingados estaba pasando. Obviamente acudí a que me revisara otro doctor. El nuevo médico me dijo que el primero me había dado en la madre y que me tenían que volver a operar.

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Básicamente, el primer cabrón hizo todo mal. Cortó menos de lo que debía y además cortó lo que no tenía que cortar. Hizo una incisión en la mucosa, que sirve para lubricar. El nuevo doctor me dijo que dentro de la cicatriz de la primera operación estaba mi mucosa; entonces si me la quitaba ya no iba a poder lubricar, y pues uno necesita hacerlo. Me dijo que iba a quitarme todo lo que pudiera de ese pedo, porque necesitaba extraerlo, pero me dijo que me iba a quedar cicatriz.

Me dio un chingo de miedo. El dolor que sentía cuando me tallaba era demasiado, y por más anestesia que me dieran, no se iba. Además, la inyección en la espalda para quitarme la sensibilidad antes de la cirugía, eso también es de la chingada. Sentir como va entrando la aguja entre tus vértebras, de la verga. Y luego la rehabilitación, los baños, estar acostado y la sangre. Y pensar que tenía que pasar por todo eso otra vez.


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El sedante está muy mamón; te pones un viajesote. La segunda vez ya no aguantaba la anestesia: me dolía la cabeza, sentía que iba a caer de la mesa de operación. Esta adormecido; solo veía güeyes pero todo lo demás era negro. No sabía en dónde me encontraba, ni sabía donde estaban los límites de mi cuerpo. Me empezó a dar mucha ansiedad, me quería mover…. pero aún así la segunda cirugía salió mucho mejor.

Mear, coger, bañarte, todo se siente diferente. Jalártela es lo que más diferente se siente. Después de haberme hecho la circuncisión, hasta que me vengo siento chido. Lo demás no tanto. Igual sucede con mear. Sé que estoy meando pero ya no tengo satisfacción, a menos que me esté orinando muy cabrón.

Una vez, después de la cirugía, me vine en la escuela. Tenía que usar calzones muy pegaditos porque la cabeza estaba muy sensible. Esa vez traía pants y no bóxers y esa madre me iba campaneando y se sentía bien raro. Pero pues ni siquiera la pasé tan chido, solo me vine y me tuve que regresar a la casa.

Pero también me dejó algo bueno. Todos mis profesores hombres me exentaron y las maestras me dejaron trabajos más leves.

En cuanto a coger, creo que tiene su lado positivo y su lado negativo. El lado positivo es que como ya no siento tanto, duro más. Pero también es lo mismo que jalártela, solo se siente hasta el final. Y se siente mucho menos. Muchísimo menos. Yo creo que veinte por ciento menos que lo que experimentaba antes. Pero también el pene se me hizo más grueso. No sé por qué.

No se lo recomendaría a nadie. No, no, no…

En mi caso fue necesaria, pero hay mucha gente que se la hace de adulto porque quiere que se le vea mejor el pito o algo así. Eso sí, no conozco a nadie más que haya tenido que hacérsela dos veces. De todos modos, en mi experiencia, mi pene quedó de la chingada: la mitad tiene una cicatriz, justo debajo de la cabeza. No se ve tan bien, pero ya todo está normal. Cuando lo tengo parado, como se infla todo lo demás, es como si no tuviera cicatriz. Aunque si tenía planeado ir a una playa nudista, pues creo ya no voy a ir.