Cultura

Admítanlo, los perros son rehenes peludos que nos odian

Cuando abrazas a un perro le estás haciendo algo un poco menos grave que dispararle con un taser hasta que se cague encima. Lo estás encerrando tras las rejas de tu errado amor.
28 Abril 2016, 12:00pm

Hola. Los perros nos odian. Odian que los toquemos y odian nuestro olor. Odian cuando los abrazamos, cuando les hablamos como bebés y cuando los acariciamos.

Prueba A:

(Foto por Davide Gorla, vía)

Prueba B:

(Foto por Ann Dabney, vía)

Prueba C:

(Foto por el usuario de Flickr Gordon, vía)

Estos animales sólo quieren que termine su tormento. Cuando los manoseas y les preguntas con voz de idiota "¿Quién es un buen niño?", los perros piensan "Por favor ya déjame en paz, maldito monstruo con pantalones". Los perros son nuestros rehenes peludos y sus ojos grandes disfrazan la verdad. Te gusta pensar que los ojos de los perros están llenos de inocencia y que anhelan tus caricias, ¿cierto? Pues estás mal. Te gusta pensar que los perros sonríen pero en realidad solamente son capaces de hacer muecas peludas. Ellos son los prisioneros y tú el carcelero. Les pones collares alrededor del cuello y los sacas a pasear con correa. Los alimentas con algo que ni siquiera se puede llamar carne y les dices dónde y cuándo cagar. Los perros son prisioneros. Admítelo.

La ciencia por fin admitió esta semana que la mayoría de los perros nos odian. Stanley Coren, experto en canes y profesor de sicología en la Universidad de Columbia Británica, examinó a 250 perros que recibieron abrazos para ver si mostraban señales de estrés y resultó que, para 81 por ciento de los perros, los abrazos eran desagradables.

Es como cuando un güey te quiere ligar en fiesta pero es muy insistente y no se va —te acorrala entre el refrigerador y el lavabo, te pica las costillas porque cree que así se coquetea pero en realidad es muy doloroso, y te manda señales nada sutiles de que quiere llevarte a su casa, como "Y dime, ¿dónde te vas a quedar hoy?" o "Ah, con que vives por el centro. Yo también. Si quieres, podemos compartir un taxi"—, y de pronto llega uno de tus amigos y te dice con gestos llenos de pánico que ya llegó el Uber, así que te despides te tu ligue incómodo y entonces —te das cuenta que algo anda mal porque este sujeto deja su bebida en la mesa para liberar sus brazos y se acerca a ti en cámara lenta viendo al piso mientras—, entonces te trata de abrazar son su torpe cuerpo. A veces te piden un abrazo o gritan "¡Abrazooooo!" con los brazos abiertos. Cuando abrazas a un perro, te conviertes en ese tipo.

"Los resultados indican que en internet hay muchas fotos de personas felices abrazando perros que se ven infelices", escribió Coren en la revista Psychology Today. "Los perros son animales corredores, un término que indica que están diseñados para correr a gran velocidad. Esto significa que en situaciones de estrés o de riesgo, la primera línea de defensa que utilizan los perros no es morder sino su habilidad de huir. Los conductistas creen que al abrazar a un perro, lo privamos de esa respuesta instintiva. Esto aumenta su nivel de estés y, si la ansiedad del perro alcanza un nivel significativo, es probable que muerda".

Inmovilizar. Con un abrazo. Básicamente, cuando abrazas a un perro, le estás haciendo algo mucho más bajo que dispararle con un taser hasta que se cague encima. Lo estás encerrando tras las rejas de tu errado amor.


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Yo ya sabía desde hace mucho que los perros nos odian porque, una vez, un perro me ladró y me puse a llorar como un bebé. Desde entonces desconfío de los animales. Pero dile a una persona que no te gustan los perros y de repente ya eres un monstruo: "Oh", te dicen, "¿Qué eres, un monstruo?". Tal vez soy el único al que todavía le importan los perros. Los perros quieren correr libres y sin interrupciones. Quieren coger en los parques y dormir apilados. No quieren pasear con correa y hacer popó para que tú la recojas con una bolsa en la mano. No quieren los premios que les pones en la nariz y no quieren que los obligues a sentarse y esperar.

Les recuerdo que los perros son animales asesinos. Están llenos de una energía nerviosa que me perturba. Están hechos de músculos escondidos bajo su suave pelaje y de un potencial violento. Cada perro es capaz de saltar y morderme en el pene y/o en las bolas. Es su lugar favorito. ¿A nadie le asusta? Los perros son máquinas muerde-penes. Cualquier perro podría saltar y arrancarme el pito sin que su pequeño corazón canino se acelere en lo más mínimo. Y aun así los vestimos con disfraces diminutos de Halloween. Los abrazamos y fingimos que no nos molesta su olor.

Es hora de admitir la verdad sobre los perros. Existimos, con ellos, en un equilibrio tenso. Tienen los dientes y los números como para voltearse en nuestra contra, deshacer nuestros apretados abrazos y arrancarnos los genitales a mordidas. Los atrapamos en prisiones de amor con la esperanza de que nunca golpeen los barrotes con sus platos. Tengan cuidado con los perros y tóquenlos con delicadeza. Nunca se sabe cuando podrían revelarse.

@joelgolby