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Diez años de 'The Black Parade': Un epitafio postergado

La tercera placa de My Chemical Romance cumple diez años de vida. ¿Por qué pegó tanto en México? Joey ha visto en vivo cuatro veces a MCR: está autorizado para hablar al respecto.

The Black Parade fue el último CD que recibí en esas épocas prehistóricas en las que la gente obsequiaba discos compactos. Para mí marcó la muerte de un formato y la muerte del rock and roll como lo conocí de niño escuchando a Led Zeppelin y a Nirvana. Aquí seguimos 10 años después en México, el país al que My Chemical Romance vino a matar ese disco tocándolo por última vez para el DVD de la gira. En un acto simbólico, vinieron a llenar el Palacio de los Deportes para festejar día de muertos con el duelo de su obra maestra, pero más que un trip nostálgico, hoy vamos a tratar de entender: ¿Por qué pegó tanto The Black Parade en México?

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Para los que no están familiarizados con los gustos musicales de la comunidad chicana en Estados Unidos, hay una gran fijación por The Cure, Morrissey, Deftones y otras bandas "tragi-rítmicas". MCR no es una de ellas. Los poster-boys del emo contemporáneo rompieron esquemas con el video de "Helena";y la canción resonó mucho con el público mexicano en parte por nuestra relación implícita con la muerte. La idea de encontrar alegría en la muerte es algo que el mainstream mundial no iba a entender tanto como en México, donde desde niños se nos enseña que la muerte es una celebración de la vida, donde la vida misma es más frágil que la idea de la muerte. Y ese solo fue un single.

Con la llegada de Welcome To The Black Parade, MCR se cimentó como una banda de estadios porque justo sonaba a una banda de rock épica influenciada más por Queen que por The Misfits. En México, este disco y esta estética trajo consigo un perjuicio enorme que, acompañado con las palabras de Kristoff en Telehit, desató un movimiento de odio hacia los emos. Para colmo, este no era un disco con los requisitos sonoros ni conceptuales del emo, pero estos actos violentos que se perpetraron en contra de los fans de MCR solo ayudó a popularizar el género y a la banda. Muchos de ellos siguen en la movida emo, pero con el paso de los años la gran mayoría guardó los jeans apretados y se dejaron de planchar el cabello. Con la progresión de MCR hacia el techno-rock, seguido por su inminente separación, los chavos dejaron de asistir al desfile.

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En menos de una década, México y el resto del mundo, nos olvidamos de este disco como si hubiéramos despertado un día con la pena del pecado original. Si no has escuchado el disco en años, como yo, re-visitarlo es bastante fácil y agradable, tan fácil como volver a escuchar Ziggy Stardust (sin afán de compararlos). Como dije, para mí fue el final del rock como lo conocía porque justo el disco era un montaje, una parodia de sí mismo tan fiel a sus influencias que se disfruta de la misma manera que se puede disfrutar The Wall. Es un ejercicio en nostalgia rockera que no se ha vuelto a repetir porque MCR lo ejecutó a la perfección. La voz de Liza Minelli gritando en una canción solo lo reafirma.

Anuncio de 'The Black Parade' en el Hammersmith Palais de Londres

Pero es imposible culpar al público por devaluar la permanencia de este disco, sobre todo al público mexicano que en 10 años ha sufrido la muerte de tal manera y con tal cercanía, que pensar que podemos encontrarle algo positivo al acto de fallecer pareciera una trágica ironía para esta sociedad. The Black Parade perdió relevancia con los años por esta y otras razones, pero cuando salió en 2006 fue una declaración musical, estética e ideológica que afectó a la juventud de una manera que pocos discos pueden presumir. Los Foo Fighters pueden ser la banda de stadium rock más grande del mundo pero ¿Cuándo han impuesto una idea en la mente del fan?

De las cuatro veces que vi en vivo a My Chemical Romance (sí, cuatro ¿Y?), la que más me impresionó fue justo antes de lanzar The Black Parade. Formado en la fila para entrar, vi a un joven en silla de ruedas, volteando fijamente a la puerta de acceso. Un representante de Make a Wish, la organización que le cumple los sueños a jóvenes moribundos, lo escoltó a la entrada de los camerinos. Nunca lo volví a ver, pero Gerard Way le dedicó una versión no terminada de "Disenchanted" a medio concierto a este fan cuyo único deseo era ver a la banda antes de morir de cáncer. Quiero pensar que The Black Parade en realidad fue para él y muchos otros que ya no están con nosotros, que el disco en realidad nunca fue para los vivos.