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El día de septiembre al que Mecano le tiene una canción

Cantemos esta apología al amor interrumpido que nos regaló Mecano en el 91.

Hoy no es cualquier día.

Para hoy Mecano tiene una canción.

Y qué canción.

Hoy no es ninguno de esos días que se pasan sin más por los años. No es ninguno de esos días de relleno que nos roban tiempo y nos obligan de a poco a acercarnos al último destino. Hoy es un día que duele profundo, un día pasado por ríos en los que corren agua de mar, salada, casi ácida, estéril. El séptimo día de septiembre siempre lloverá a cántaros, de los ojos al mismísimo núcleo, hondo en el pecho.

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Hoy es un día que nos tiene que dar duro a muchos, porque somos muchos en estas del amor ausente ¿cierto? Por favor, díganme que somos muchos.

Tengo la imagen viva de la primera vez que escuché esta canción: un largo viaje familiar por tierra, mi papá frente al timón encendiendo un cigarro y ese primer humo exquisito del Marlboro rojo recién encendido, golpeando mi cara en el puesto de atrás. Era la época en la que los adultos fumaban libremente en cada lugar donde se les diera la gana, las buenas épocas sin duda.

En eso suena un teclado temible, tan oscuro y tan doloroso que inclusive de niño me daba la sensación de que algo no había salido bien entre la persona que la cantaba y la persona que no se escucha en la canción. Luego, una primera estrofa que con claridad diáfana deja ver a dos amantes cortando un lazo que parecía de hierro…

I

“Parece mentira
que después de tanto tiempo
rotos nuestros lazos
sigamos manteniendo la ilusión
en nuestro aniversario”

(I) …y comenzaba así a sonar el 7 de septiembre de Mecano. Qué banda. Algunos no se la toman en serio, pero era muy seria, muchísimo.

En ese momento, aunque sí la sentía como una buena canción, nunca me imaginé lo estremecedora que se volvería en el futuro, para mí (y repito, ojalá que para muchos), esta oda al amor interrumpido que año a año nos da una bofetada de nostalgia. Y luego…

II

“La misma mesita
que nos ha visto amarrar
las manos por debajo
cuida que el rincón de siempre
permanezca reservado”

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(II) Es increíble que muchos de nosotros hayamos tenido resuelto el arduísimo trabajo de encontrar el amor verdadero. Hay mucha gente a la que simplemente nunca le toca esto en la vida. Pero de repente, por arte de magia, la misma magia que hizo que lo improbable sucediera y que dos extraños colapsaran en un choque universal, silencioso y sin precedentes, todo desaparece. Como si la gravedad y el oxígeno lo hubieran marchitado.

Y la costumbre claro, cáncer del amor…

III
“Y aunque la historia se acabó
hay algo vivo en ese amor
que aunque empeñados en soplar
hay llamas que ni con el mar

(III) No creo que exista una estrofa que describa mejor ese momento en el que el amor está vivo pero hay que matarlo, en el que lo que deseas está lejos de ser lo que amas, y tienes que acabar con todo. Al cabo de un tiempo, asumes y juras que ya estás bien y que lograste dar el paso al costado, pero recuérdalo, y recuérdalo bien: hay llamas que ni con el mar

IV
“Las flores de mayo
poco a poco cederán
a las patas de gallo
y nos buscaremos con los ojos
por si queda algo”

(IV) No hay tiempo que valga para este trasegar. Podemos cambiar por fuera y que nos den duro los días, tras los días, tras los días, pero si nos encontramos bajo un mismo techo con esa persona, será imposible no vernos y no confundirnos entre tanto olvido y recuerdo.

V

“El siete de septiembre
es nuestro aniversario
y no sabremos si besarnos
en la cara o en los labios”

(V)… y confundidos, frente a frente, incómodos pero felices de vernos en el día que tanto celebramos, nos surge la duda más injusta: ¿te doy un beso en la mejilla o en la boca? ¿Qué hacemos jueputa?

¡Feliz 7 de septiembre!

Y no siendo más solo nos queda escuchar esta canción una y otra vez hasta que sea 8 de septiembre.